“El laberinto español” de Gerald Brenan

Se trata de un clásico sobre la historia de la pre-guerra civil española que es bastante difícil de conseguir aunque parece que todo llega.

Brenan no se escapa a un fallo común a la práctica totalidad de los historiadores que han tocado ese periodo negro de nuestra historia y es la mentira por omision, sea ésta consciente o deliberada.

En la mayoría de los casos, los hechos relatados responden a la realidad pero hay otros que se ocultan, de acuerdo con la tendencia política del autor, y eso produce una pintura distorsionada de la situación y, por supuesto, los análisis del autor se realizan sobre los datos presentados haciendo que tales análisis sufran la misma distorsión.

El punto de vista de Brenan queda claro en un simple párrafo:

Cuántos cayeron delante del piquete de ejecución es imposible saberlo, pero los relatos de testtigos, que acentúan la prolongada y sistemática naturaleza de la “purga”, junto con la evidencia de la historia, que demuestra que el terror blanco es peor que el rojo, nos conduce a suponer  que, por cada persona ejecutada en el territorio del gobierno, dos o tres fueron ejecutadas en la zona rebelde durante los seis primeros meses de la guerra.

La primera edición del libro es de 1943 y, tal vez por eso, Brenan estaba en ese momento poco informado sobre las andanzas de Stalin y mucho menos de otras posteriores como las de Pol Pot en Camboya pero, puesto que hay ediciones de fechas tan recientes como 2008 y 2009 y que no figuran como meras reimpresiones, tal vez una introducción hecha por un historiador con una perspectiva más reciente podría corregir este tipo de errores y deje claro detalles como, si al utilizar la palabra ejecutadas, quiere decir que hubo un juicio, con las nulas garantías en una y otra parte, o incluye también bajo ese capítulo los miles y miles de simples asesinatos sin tener siquiera la cobertura formal de un juicio.

Es difícil hacerse una idea completa de cómo fue esa época si no se recurre a distintas fuentes y, a ser posible, que tales fuentes sean contrapuestas en sus enfoques.

Frente a la opción de Brenan que considera el “terror rojo” mejor que el “terror blanco” puede colocarse a un Burnett Bolloten, quien acumuló tal cantidad de información que ha creado una institución en Estados Unidos para su custodia y que da una pintura muy diferente. Lo mismo puede decirse de Felix Schlayer quien, con toda probabilidad, estaría en total desacuerdo con Brenan como también lo estarian Hugh Thomas y Stanley Payne o, por muy distintos motivos, Ricardo de la Cierva, Vidal o Moa.

Brenan hace una pintura de trazo grueso y negro de la derecha española de la época y, al mismo tiempo, pinta de una forma bastante almibarada a la izquierda socialista reservando las críticas para los comunistas y para la evolución de los anarquistas que los llevó a tener entre sus filas a pistoleros profesionales.

Cuestiones como la liquidación del POUM por sus supuestos aliados son pasadas casi como una minucia, asunto en el que Eric Blair, más conocido por George Orwell, con toda seguridad tampoco estaría de acuerdo y tampoco otorga demasiada importancia a temas como las sacas de la cárcel de Madrid y la subsiguiente masacre de Paracuellos.

La visión de Brenan es, como la de la mayoría de los historiadores que han tratado esa época, descaradamente hemipléjica y, al igual que en los demás casos, lo es por motivos ideológicos que le llevan a falsear la realidad mediante la selección de los hechos.

Todo lo anterior no significa que el libro no tenga valor alguno. Antes al contrario, aún con las carencias señaladas, muestra pinturas bastante insólitas de personajes y situaciones:

Alfonso XIII, abuelo del actual rey, es presentado como un niñato inmaduro sin más meta que la de hacer notar su poder y de preservar su posición a costa de lo que fuera. El papel de la Iglesia y su evolución hasta resultar un bastión del poder establecido y cómo se produjo esa evolución es también otro tema del mayor interés así como las condiciones de vida en el campo en distintas regiones españolas, los abusos de los terratenientes, el falseamiento sistemático de las elecciones y cómo fue evolucionando todo este cóctel hasta desembocar en la guerra civil.

Esto es lo que se va a encontrar en el libro y que puede justificar su lectura. Sin embargo, cualquiera familiarizado con el tema y que haya usado otras fuentes “discutirá” a menudo con el libro, más por sus omisiones que por la existencia de falseamiento de hechos. Es cierto que  frases como la transcrita literalmente, si hubieran sido escritas hoy, invitarían a tener una perspectiva del autor como un rabioso sectario de izquierda, cosa que tampoco parece Brenan aunque su punto de vista sea muy claro y diste mucho de la imparcialidad.

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