Categoría: Temas sociales y políticos

La conjura de los locos

La poca información que va trascendiendo sobre la masacre de Niza trae más dudas que certezas. Vamos a plantear esas dudas en forma de hipótesis genérica:

Supongamos que cualquier tarado decide matar al mayor número de personas que pueda porque la voz de Dios así se lo ha ordenado. ¿Habría que hablar de terrorismo o de crimen religioso o simplemente de alguien que debería haber recibido tratamiento psiquiátrico en lugar de circular por la calle con riesgo para sí mismo y para los demás?

Supongamos, además, que hay una organización conocida por sus salvajadas y que puede resultarle suficientemente atractiva al tarado para, en lugar de un genérico “voz de Dios”, decir que ha causado la masacre en su calidad de soldado de tal organización.

Supongamos, además, que tal organización no tuviera ni noticia de la existencia de tal individuo pero, una vez cometido el crimen, da por buenas las alegaciones del asesino porque entiende que eso le viene bien como baza propagandística.

Supongamos, además, que desde todos los terminales políticos y mediáticos se da por bueno lo alegado por el asesino ya que su aserción ha sido avalado por alguien tan fiable como la organización de salvajes sin fronteras.

Pregunta: ¿No se le está regalando a esa organización asesina una inmensa baza de propaganda?

Desconozco, aunque es lo que parece, si la masacre de Niza responde o no a este hipotético modelo pero esta forma de actuar contribuye a lo que todo terrorista desearía: Esparcir el miedo por hacer creer que está en todas partes y lo controla todo.

Por cierto, la eventualidad de que los salvajes de DAESH no hubieran tenido nada que ver con la masacre de Niza no les hace mejores. No interpretemos estas dudas -como también se está haciendo cada vez que alguien las manifiesta- como una forma de apoyo o, al menos, de intento de suavizar la imagen de esas alimañas. Simplemente, es una nota de atención sobre el hecho de que se les estén regalando bazas propagandísticas cada vez que un loco diga actuar en su nombre: Le ponen el sello de “lobo solitario” y aceptan la alegación, tenga o no verosimilitud.

Se podrían hacer muchas hipótesis sobre los motivos de actuar de esa forma pero hay un principio básico que casi siempre funciona:

Nunca atribuyamos a la maldad lo que pueda ser explicado por la mera estupidez.

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Ciudadanos está perdiendo otro tren; tal vez el último

Desde su creación hasta hace un par de años, Ciudadanos ha tenido una trayectoria impecable en lo que siempre han vendido como su motivo de estar en política: Regeneración.

Cuando, con su valiosa ayuda, UPyD prácticamente desapareció, las cosas empezaron a ser distintas: De repente a Ciudadanos le entraron ínfulas socialdemócratas e hizo un acuerdo absurdo con el PSOE para buscar la investidura de Pedro Sánchez como presidente.

Mucho del voto de Ciudadanos, tanto en las anteriores elecciones como en las últimas, puede ser transversal -de verdad, no de la transversalidad de todo a cien de Podemos- y estar compuesto por gente que pudiera haber votado PP o PSOE pero estaban hartos de la forma de funcionar. Puesto que, para muchos de esos votantes, pasar de casta a castuza no era una solución, Ciudadanos aparecía como la única opción disponible.

Sin embargo, ya en ese momento Ciudadanos había empezado a hacer cosas raras. Por ejemplo ¿Realmente un partido como Ciudadanos tiene que presentar a bombo y platillo un programa económico? ¿Tiene sentido que Ciudadanos entre en asuntos como la desaparición o la permanencia del impuesto de sucesiones? Cuando hace eso, se mete en una guerra que nunca ha sido la suya y para la que, además, no están preparados.

Si quieren ejercer de socialdemócratas, pueden afiliarse al PSOE; si quieren ejercer de derecha rara, pueden afiliarse al PP. ¿Acaso todo esto viene de que Rivera aspira a convertirse en el futuro líder del PSOE?

Qué sencillo sería todo si Ciudadanos se hubiera mantenido en su planteamiento original: Medidas de regeneración, exigibles a cualquier Gobierno sea de izquierda o de derecha ¿Programa de gobierno? El del partido que gane las elecciones, apoyado por Ciudadanos siempre que cumpla con esas medidas de regeneración.

¿Era tan difícil? Parece que sí porque el fiasco del 20D no bastó. En la noche electoral del 26J Rivera continuaba con su historia de plantear una reunión a tres donde se debían plantear temas en los que, con todos mis respetos, Ciudadanos no pintaba absolutamente nada.

Su marca, ésa que hizo que muchos les votasen y cuyo abandono ha propiciado que muchos les dejasen de votar, no es un programa de gobierno sino un programa de regeneración institucional y el apoyo al programa de gobierno de otro, sea quien sea, que resulte más votado y siempre que respete ese programa de regeneración.

No han querido darse cuenta y posiblemente han dejado pasar el último tren. Allá ellos.

El efecto Twitter

Mucha gente considera Twitter como un sitio poco serio y, por tanto, decide no tener una cuenta en Twitter. Grave error:

Muchos individuos y publicaciones muy conocidos tienen sus cuentas y publican regularmente contenidos. Es cierto que 140 caracteres no dan para mucho pero la cosa se pone más interesante si se considera que, dentro de esos 140 caracteres, puede haber vínculos a artículos recién publicados por ellos mismos.

Seguir a mucha gente es enloquecedor porque, a menos que se viva con la nariz pegada a la pantalla, se perderá información pero nuevamente hay una solución: Elíjanse los temas más interesantes y prepárense listas especializadas en esos temas. Una revisión diaria o semanal, según el nivel de actividad, será suficiente y, si se escogen los miembros de las listas con cuidado, se puede mantener uno actualizado sobre cualquier tema imaginable. Ni que decir tiene que se pueden añadir o quitar miembros de las listas.

En resumen, hay buenas razones para recomendar a alguien que tenga una cuenta en Twitter: Es un recurso valioso para mantenerse informado casi sobre cualquier tema. Ahora viene la parte más difícil: ¿Cómo debe ser la interacción en Twitter?

Mucha gente simplemente se mantiene en silencio. Siguen las fuentes que consideran interesantes y se acabó. Es una buena opción si no hay intención de compartir contenido propio. Puede encontrarse gente que utiliza sus propios nombres mientras otros prefieren no estar identificados, especialmente si tienen intención de participar activamente en discusiones sobre temas que puedan ser controvertidos y ahí precisamente aparece el lado oscuro de Twitter, un lado oscuro muy difícil de separar de la parte positiva.

Twitter es muy rapido. Por ello, medios tradicionales como la radio o la televisión lo utilizan como forma de mantener el contacto con sus seguidores y es frecuente ver una línea en televisión con un flujo de mensajes en Twitter. Esto les da a los programas sensación de actualidad y, al mismo tiempo, le da relevancia a Twitter, tanto en sus aspectos positivos como en los negativos.

Una vez que Twitter aparece como algo relevante, mucha gente empieza a utilizar la red para sus propios objetivos. Por ejemplo, se utilizan cuentas falsas con bots diseñados para convertir cualquier tema de su elección en trending topic en cuestión de minutos. Cuando se actúa así, por supuesto, la información sobre la relevancia real de un tema está falseada porque hay gente dedicada activamente a esa falsificación y, por añadidura, no se necesita ser un gran experto en redes sociales para ello.

Ésta es una parte negativa pero hay algo aún peor: La interacción entre miembros de Twitter es muy animada. Es fácil identificar grupos -incluso hay aplicaciones que permiten hacerlo automáticamente- y hay una fuerte presión hacia la conformidad dentro de esos grupos. Sus miembros, buscando el aplauso de sus compañeros de grupo, presentan visiones cada vez más extremas sobre cualquier tema controvertido y las discusiones resultantes aparecen en los medios más tradicionales como tendencias confundiendo la caricatura Twitter con la imagen real de una sociedad, imagen que a su vez se ve afectada por la difusión de la caricatura como realidad.

Hay muchos ejemplos actuales pero el caso español y su situación política es paradigmático. Tenemos de todo: Bots convirtiendo cualquier cosa en trending topic y gente que va derivando hacia visiones cada vez más extremas en sus posiciones políticas, especialmente si se trata de cuentas no identificadas o se trata de líderes de opinión que no quieren decepcionar a su auditorio. Por añadidura, esto no es un efecto específicamente español sino que, si se sigue la campaña americana, se encuentran exactamente los mismos fenómenos: La velocidad de la interacción y la brevedad de los mensajes, sin mucho espacio para matices, pueden ser los factores determinantes de ese comportamiento.

En suma, Twitter es una herramienta valiosa para mantenerse actualizados sobre cualquier tema pero, al mismo tiempo, tiene facetas muy negativas cuya influencia trasciende Twitter. Estar dentro es positivo pero mantenerse activo es algo para pensárselo dos veces. Aceptar las tendencias que marca Twitter como reales es algo que debe evitarse y no sólo porque probablemente sean falsas sino porque, dándoles carta de naturaleza, se puede contribuir a que se conviertan en reales aunque originalmente no lo fueran. Quizás todos tenemos una tarea de evitar que eso ocurra porque, debido a la presión hacia la conformidad, suele ocurrir que la posición ganadora se le llevan precisamente las más impresentables tendencias y comentarios…sin distinción de adscripción ideológica o de cualquier otro tipo.

Lecciones que la historia nos repite

Para muchos el nombre “noche de los cuchillos largos” será algo parecido a una película de terror pero fue algo muy distinto: Fue el momento en que la parte más disciplinada de las hordas de Hitler liquidó a la parte más vocinglera, matona e indisciplinada de esas mismas tropas, es decir, la noche en que las siniestras SS decapitaron a las indisciplinadas SA.

Las SA o camisas pardas habían sido utilizadas por Hitler como una forma de implantar el poder real a través del matonismo consentido desde el poder político. Sin embargo, para conseguir eso, habían tenido que utilizar a gente de un determinado perfil -matones- fáciles de excitar por un descontento más que justificado y utilizar esa excitación en favor propio. Cuando los excesos de esa peña llegaron a poner en riesgo los objetivos de alcanzar el poder, simplemente fueron barridos por otros que estaban dispuestos a comportarse como un ejército presto a cumplir las órdenes -fueran éstas las que fueran- de su amo.

Una experiencia parecida se repitió en Irán donde las masivas y justificadas protestas contra el régimen del Sha serían rentabilizadas. El apoyo masivo y desordenado sirvió para traer una dictadura teocrática aún peor que aquélla a la que derribó y, por supuesto, todos aquellos que creían estar luchando por salir de una dictadura se encontraron, en el mejor de los casos, metidos en otra peor. Muchos de ellos simplemente fueron liquidados.

Aún más recientemente tenemos la mal llamada “primavera árabe” donde las rebeliones -nuevamente justificadas- contra el poder han traído en sitios como Libia o Egipto situaciones aún peor que las que contribuyeron a finalizar.

La historia es, pues, generosa en lecciones para evitarnos caer una y otra vez en el mismo error. El 15M -del que hoy se cumplirían casi cinco años puesto que la “M” es de mayo y no de marzo- podría dibujar una situación parecida: Protestas justificadas rentabilizadas por alguien de quien, a la vista de su conducta anterior y sus acompañantes, no cabe esperar una mejora de la situación sino la demostración fehaciente de que siempre hay un infierno peor.

Naturalmente, esto no puede ser una excusa para renunciar a cualquier tipo de acción porque las cosas podrían ser aún peores pero sí una razón para que no sigamos ciegamente al que enarbole la bandera de la crítica porque tal vez nos quiera llevar a un sitio peor que el que denuncia pero donde el abanderado tenga los resortes del poder en su mano.

Incluso los que se quieren presentar como “nuevos” tienen un pasado que, en muchos casos, es más que suficiente para apartarse de ellos lo más lejos posible. Es cierto que no podemos aceptar la corrupción como un estado natural de las cosas pero es igualmente cierto que no podemos esperar solución por parte de quienes aparecen como críticos pero, al mismo tiempo, muestran ser tan corruptos como aquéllos a los que denuncian y, además, sus modelos de acción se asemejan demasiado a nazismo, comunismo, fascismo y tantos otros “ismos” de infausta memoria.

Quizás más que un salvador que agite una bandera, lo que se necesita es exigir que se respeten las reglas de un funcionamiento democrático de la sociedad porque, si se hace así, no tendremos la garantía de un buen gobierno pero sí la de poder librarnos de uno malo, corrupto o ambas cosas.

Cualquier país puede soportar un mal gobierno siempre que tenga un mecanismo claro para quitárselo pronto de encima. Por eso, cuando se presentan situaciones límite no podemos caer en desastres ya vistos siguiendo al oportunista de turno sino que es el momento de olvidarse de las diferencias coyunturales -impuestos directos o indirectos, preferencia por lo público o por lo privado, intervención directa del Estado o permitir que la sociedad se autorregule…- e ir a los puntos básicos de regeneración democrática.

Si en lugar de esto se opta por dar primacía a los más ruidosos de la tribu, en lugar de regenerar la situación, veremos una vez más repetido el episodio de los “camisas pardas” sin otra perspectiva que la de verlos sustituidos por otros aún más salvajes que ellos, como ha ocurrido varias veces en la historia reciente.

Por qué el PP no debe abstenerse en la investidura de Pedro Sánchez

Muchos electores creen/creemos que Rajoy es una rémora para el PP así como el PP lo es para la existencia de una derecha liberal, civilizada y que presente una batalla ideológica de la que ha desaparecido por completo.

Sin embargo, a veces incluso Rajoy puede tener razón y la tiene cuando da este argumento, tomado de la carta de respuesta a Albert Rivera, para no abstenerse en la investidura de Sánchez:

“Espero que lo entiendas”, insta Rajoy, que afirma que le sería muy difícil explicar a sus votantes que diera apoyo desde el partido más votado “a quien no ha ganado, para derogar todo lo que mi Gobierno ha hecho”.

Basta una sencilla revisión del acuerdo PSOE-Ciudadanos, es decir, el acuerdo completo y no los titulares interesados que se han ido publicando, para ver que el acuerdo pretende exactamente eso, dejando fuera la opción de la abstención por parte del PP.

Lo que sorprende en el acuerdo es, sobre todo, la disposición de Ciudadanos para tirar por la borda un capital político acumulado durante años en los que su comportamiento se ha asemejado más a una plataforma ciudadana que a un partido político y somos muchos los que creemos que así debería haber continuado: Exigiendo medidas de regeneración a aquél que tenga opciones de gobernar -sea más o menos de izquierdas o de derechas- y permitirle que gobierne con SU programa, sea éste cual sea, siempre que respete esas medidas de regeneración.

Si Ciudadanos se hubiera mantenido en sus principios fundacionales centrados en la regeneración institucional, el PP tendría difícil mantener una posición negativa, máxime cuando el propio Rajoy renunció por dos veces a la investidura. Sin embargo, Ciudadanos no ha hecho eso; Ciudadanos no ha puesto un conjunto de condiciones de regeneración a un programa elaborado por el PSOE sino que ha puesto su firma a un programa elaborado por el PSOE metiendo la pluma en algún punto de ese programa y, a cambio, renunciando a gran parte de sus principios fundacionales. Ciudadanos no debería tener nada que añadir o quitar a un programa PSOE o PP sino, simplemente, exigir como condición necesaria la toma de medidas de regeneración concretas y con fechas. En caso de incumplimiento, facilitar moción de censura. Es así de sencillo.

El PP podría e incluso debería unirse a un acuerdo centrado en la regeneración y que no hablase de nada más pero no es ése el contenido del acuerdo y, por eso, el PP no puede ni debe abstenerse.

El PP no puede -al igual que el PSOE no podría en idéntica situación- firmar un acuerdo con medidas de gobierno explícitamente opuestas a las suyas y donde se pasa de puntillas sobre temas claves como la independencia del poder judicial, se avala la acción de piquetes violentos mediante la despenalización en lugar de sacar la siempre ausente Ley de Huelga, se deja a las CC.AA. que hagan lo que quieran en lo relativo al idioma vehicular de la enseñanza, hay una tímida mención de cambio de la normativa electoral sin explicar con claridad en qué consiste, se habla de modo explícito de un “modelo federal”…y todo esto lo ha firmado Ciudadanos.

Que la política española parecía un centro de reciclaje porque dividía la basura por tipos sin dejar de ser basura ya lo sabíamos. Con este acuerdo, lo que se nos cae es el mito de un salvador que fuera a traer la regeneración. Se ha revolcado en la basura como todos los demás. Enhorabuena, Albert. Has sido una estrella fugaz; más fugaz que estrella para decir toda la verdad.

La banda de la porra en Twitter ¿Son sólo bots?

Hace sólo unos días se publicó con pruebas irrefutables como los chicos del nazipopulismo utilizaban bots, es decir, un montón de cuentas falsas de Twitter que transmitían los mismos mensajes al mismo tiempo. Estas cuentas son utilizadas para difundir los hashtags con las consignas del momento y convertirlas en el trending topic de turno.

Esto ya es sabido pero acabo de observar algo extraño y que podría tener el mismo origen, sobre todo teniendo en cuenta que siempre he sido abiertamente crítico con el nazipopulismo:

  1. Hace unos días, una persona empieza a seguir mi cuenta de Twitter. Me sorprende que tiene miles de seguidores y sus mensajes son absolutamente inocuos sin que pueda encontrarse ninguno con la menor relación con la política.
  2. Hoy me encuentro con otra persona que empieza a seguir mi cuenta. El perfil es idéntico; tiene miles de seguidores y los mensajes no sólo son inocuos: SON LOS MISMOS.

Naturalmente, la cosa huele mal y bloqueo a las dos. ¿Alguna idea?¿Son spammers o hay otro objetivo?

Política española: La síntesis de todas las miserias

Establezcamos un punto de partida: El hoy presidente en funciones, Mariano Rajoy, es alguien difícilmente homologable en la actividad política no sólo para los ajenos sino para muchos de los propios. Posiblemente esa situación tampoco sea nueva y ha quedado de manifiesto desde el primer día de su paso por la Moncloa e incluso en su etapa de oposición.

Puesto que jamás ha dado la cara, no resulta extraño que por dos veces se haya negado a la investidura, alargando hasta la náusea el proceso post-electoral. Cierto es que el segundo partido más votado, el PSOE, se negó a hablar con él de posibilidades para una posible abstención que facilitase el gobierno.

Siendo buenistas hasta más allá de lo razonable, se podría atribuir la actitud del PSOE y su líder Pedro Sánchez a la misma consideración con la que he empezado, es decir, que Rajoy no era una persona admisible como futuro presidente tras las elecciones. Sin embargo, hay un problema para pensar eso: Que es falso.

Tras las elecciones municipales y autonómicas, el PSOE -por órdenes directas de Pedro Sánchez- se apresuró a aliarse con quien hiciera falta con el único objetivo de expulsar al PP -no a Rajoy; al PP- de los lugares en que fuera la lista más votada. No ha tenido empacho en darle el poder a Podemos en una serie de lugares en que aparecía bajo otras marcas. En el caso de Madrid, incluso declinó una oferta de Esperanza Aguirre de gobernar el Ayuntamiento con su propio programa y sin condicionantes. En suma, no se trata de una aversión a Rajoy sino de una reedición del “cordón sanitario” de Zapatero.

Puede utilizarse la corrupción como excusa pero, de nuevo, nos encontramos el mismo problema: Que la excusa es falsa. El PP puede estar corrupto hasta las cejas pero el PSOE no sólo no le va a la zaga sino que probablemente le aventaja. ¿Qué decir de los Pujol? ¿Y de los sindicatos? ¿Y de las fuentes de financiación, no ya dudosas sino absolutamente claras, de la gente de Podemos? Hay muy pocos que puedan abanderar la regeneración. El PP y Mariano Rajoy no están entre ellos pero los otros tampoco.

Captura

Gráfica tomada de Twitter por cortesía de @cecae

Podría entenderse que se tratase de sacar de la vida política a Rajoy, entre otras cosas porque su miope estrategia de tratar de dañar al PSOE primero y a Ciudadanos después ha tenido como únicos beneficiarios a los representantes del nazipopulismo y, de esta forma, poder presentarlos como única alternativa a él mismo. Jugada sucia donde las haya y, desde luego, no le faltan razones al PSOE para hacer lo que pueda para desalojar a Rajoy.

Sin embargo, puesto que los hechos demuestran que la inquina del PSOE no iba contra Rajoy sino contra el PP en su conjunto ¿es razonable que ahora busquen la abstención del PP con la excusa de que, de no hacerlo, “no les queda más remedio” que aliarse con Podemos y sus palmeros nazionalistas y otros? No; cuando se le da a alguien con la puerta en las narices no se puede esperar después ser acogido con los brazos abiertos y una sonrisa, máxime, cuando se ha dejado claro con hechos que el recambio de Rajoy por otra persona más presentable no se considera una opción válida.

Hay una salida, como ya he escrito en otro post, y es que la abstención se produzca a cambio de algo y hay dos alternativas:

  1. Lo más obvio con Pedro Sánchez como candidato a la investidura, y que sin duda sería favorable para PP y PSOE, es que el PP exija la ruptura de los pactos municipales y autonómicos del PSOE con Podemos a cambio de su abstención.
  2. En caso de fracaso de Pedro Sánchez, el PSOE se vería sometido a una prueba, teniendo que demostrar si quiere otro “cordón sanitario” o no. El PP debería comportarse como un partido democrático y quitar a Rajoy de su posición, nombrando otro líder que buscase la abstención del PSOE. También podrían establecer contrapartidas municipales y autonómicas.

Por supuesto, hay una salida más -sin necesidad de que el PSOE repita lo que ya ha hecho en las elecciones municipales y autonómicas y se condene a su propia desaparición- y está en la repetición de las elecciones. Si así fuera, el esperpento que hemos padecido durante estos meses donde las ambiciones personales han estado muy por encima de los intereses nacionales e incluso de partido, probablemente seríamos muchos los que les haríamos una petición muy sencilla a los dos partidos aún mayoritarios: Rajoy, no. Sánchez, tampoco.

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