Categoría: Temas sociales y políticos

La banda de la porra en Twitter ¿Son sólo bots?

Hace sólo unos días se publicó con pruebas irrefutables como los chicos del nazipopulismo utilizaban bots, es decir, un montón de cuentas falsas de Twitter que transmitían los mismos mensajes al mismo tiempo. Estas cuentas son utilizadas para difundir los hashtags con las consignas del momento y convertirlas en el trending topic de turno.

Esto ya es sabido pero acabo de observar algo extraño y que podría tener el mismo origen, sobre todo teniendo en cuenta que siempre he sido abiertamente crítico con el nazipopulismo:

  1. Hace unos días, una persona empieza a seguir mi cuenta de Twitter. Me sorprende que tiene miles de seguidores y sus mensajes son absolutamente inocuos sin que pueda encontrarse ninguno con la menor relación con la política.
  2. Hoy me encuentro con otra persona que empieza a seguir mi cuenta. El perfil es idéntico; tiene miles de seguidores y los mensajes no sólo son inocuos: SON LOS MISMOS.

Naturalmente, la cosa huele mal y bloqueo a las dos. ¿Alguna idea?¿Son spammers o hay otro objetivo?

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Política española: La síntesis de todas las miserias

Establezcamos un punto de partida: El hoy presidente en funciones, Mariano Rajoy, es alguien difícilmente homologable en la actividad política no sólo para los ajenos sino para muchos de los propios. Posiblemente esa situación tampoco sea nueva y ha quedado de manifiesto desde el primer día de su paso por la Moncloa e incluso en su etapa de oposición.

Puesto que jamás ha dado la cara, no resulta extraño que por dos veces se haya negado a la investidura, alargando hasta la náusea el proceso post-electoral. Cierto es que el segundo partido más votado, el PSOE, se negó a hablar con él de posibilidades para una posible abstención que facilitase el gobierno.

Siendo buenistas hasta más allá de lo razonable, se podría atribuir la actitud del PSOE y su líder Pedro Sánchez a la misma consideración con la que he empezado, es decir, que Rajoy no era una persona admisible como futuro presidente tras las elecciones. Sin embargo, hay un problema para pensar eso: Que es falso.

Tras las elecciones municipales y autonómicas, el PSOE -por órdenes directas de Pedro Sánchez- se apresuró a aliarse con quien hiciera falta con el único objetivo de expulsar al PP -no a Rajoy; al PP- de los lugares en que fuera la lista más votada. No ha tenido empacho en darle el poder a Podemos en una serie de lugares en que aparecía bajo otras marcas. En el caso de Madrid, incluso declinó una oferta de Esperanza Aguirre de gobernar el Ayuntamiento con su propio programa y sin condicionantes. En suma, no se trata de una aversión a Rajoy sino de una reedición del “cordón sanitario” de Zapatero.

Puede utilizarse la corrupción como excusa pero, de nuevo, nos encontramos el mismo problema: Que la excusa es falsa. El PP puede estar corrupto hasta las cejas pero el PSOE no sólo no le va a la zaga sino que probablemente le aventaja. ¿Qué decir de los Pujol? ¿Y de los sindicatos? ¿Y de las fuentes de financiación, no ya dudosas sino absolutamente claras, de la gente de Podemos? Hay muy pocos que puedan abanderar la regeneración. El PP y Mariano Rajoy no están entre ellos pero los otros tampoco.

Captura

Gráfica tomada de Twitter por cortesía de @cecae

Podría entenderse que se tratase de sacar de la vida política a Rajoy, entre otras cosas porque su miope estrategia de tratar de dañar al PSOE primero y a Ciudadanos después ha tenido como únicos beneficiarios a los representantes del nazipopulismo y, de esta forma, poder presentarlos como única alternativa a él mismo. Jugada sucia donde las haya y, desde luego, no le faltan razones al PSOE para hacer lo que pueda para desalojar a Rajoy.

Sin embargo, puesto que los hechos demuestran que la inquina del PSOE no iba contra Rajoy sino contra el PP en su conjunto ¿es razonable que ahora busquen la abstención del PP con la excusa de que, de no hacerlo, “no les queda más remedio” que aliarse con Podemos y sus palmeros nazionalistas y otros? No; cuando se le da a alguien con la puerta en las narices no se puede esperar después ser acogido con los brazos abiertos y una sonrisa, máxime, cuando se ha dejado claro con hechos que el recambio de Rajoy por otra persona más presentable no se considera una opción válida.

Hay una salida, como ya he escrito en otro post, y es que la abstención se produzca a cambio de algo y hay dos alternativas:

  1. Lo más obvio con Pedro Sánchez como candidato a la investidura, y que sin duda sería favorable para PP y PSOE, es que el PP exija la ruptura de los pactos municipales y autonómicos del PSOE con Podemos a cambio de su abstención.
  2. En caso de fracaso de Pedro Sánchez, el PSOE se vería sometido a una prueba, teniendo que demostrar si quiere otro “cordón sanitario” o no. El PP debería comportarse como un partido democrático y quitar a Rajoy de su posición, nombrando otro líder que buscase la abstención del PSOE. También podrían establecer contrapartidas municipales y autonómicas.

Por supuesto, hay una salida más -sin necesidad de que el PSOE repita lo que ya ha hecho en las elecciones municipales y autonómicas y se condene a su propia desaparición- y está en la repetición de las elecciones. Si así fuera, el esperpento que hemos padecido durante estos meses donde las ambiciones personales han estado muy por encima de los intereses nacionales e incluso de partido, probablemente seríamos muchos los que les haríamos una petición muy sencilla a los dos partidos aún mayoritarios: Rajoy, no. Sánchez, tampoco.

Política española: ¿Una salida digna para casi todos?

La hay:

  1. El PSOE puede conseguir gobernar y, además, distanciarse de Podemos y evitar ser fagocitado ya o en unas elecciones que se convoquen porque nadie consiga la investidura.
  2. Ciudadanos, después del patinazo de la campaña, puede aparecer como quien ha logrado el gran acuerdo y, de paso, como los más razonables y los más centrados. Por añadidura, tendrían la función de vigilar al gobierno resultante en el cumplimiento de los compromisos establecidos. En caso de incumplimiento, el PP siempre podría prestar su apoyo a una moción de censura.
  3. El PP…puede hacer una jugada maestra: Abstenerse pero a cambio de algo: Que el PSOE retire inmediatamente su apoyo a los gobiernos municipales y autonómicos que le ha regalado a Podemos. En algunos casos podría significar que algunos de esos gobiernos volverían al PP y, además, el PSOE escenificaría más el distanciamiento reduciendo el riesgo.

¿Quiénes serían los perjudicados? Podemos, que está apostando a unas nuevas elecciones porque las encuestas les auguran subida de escaños y los nacionalistas, que tendrían mucho más difícil el chantaje.

Es así de fácil. Falla sólo una cosa: Rajoy. Como en la película de Amenábar, está muerto pero no lo sabe y, como le ocurrió a Stalin, nadie se atreve a decírselo dentro de su partido.

El fiasco de Ciudadanos explicado a Albert Rivera

Parece ser que Albert Rivera ha encargado una auditoría para averiguar por qué sus resultados electorales han estado muy por debajo de lo esperado.

Déjeme ahorrar el gasto de la auditoría explicándoselo de forma muy sencilla. Más aún: Quien se lo dice se encuentra entre los que el día de las elecciones creían que, a pesar de las muchas incertidumbres asociadas a su partido, era la única opción lógica y, a pesar de sus resultados, lo sigo creyendo:

Votar al PP de Rajoy o al PSOE de Sánchez basados en la doctrina del voto útil es demasiado para algunos estómagos delicados y decantarse por partidos de conducta fascistoide, sean de izquierdas o derechas, es todavía peor. ¿Qué pasó entonces y qué consecuencias tendría que sacar?

En primer lugar, Ciudadanos venía en una posición de privilegio. Nadie, salvo UPyD, había estado en un Parlamento del ámbito que fuera negándose a comulgar con las ruedas de molino nazionalistas que los grandes partidos sí habían tragado. Eso les honra pero ahí empieza el problema real:

Cuando alguien se asocia “contra” algo,  y realmente hay muchas cosas en España contra las que asociarse, no es un partido sino que es algo que podría denominarse plataforma ciudadana. Nadie en Cataluña les votó por su programa de gobierno sino por su oposición al nazionalismo pero, cuando se extendieron a toda España, trataron de convertirse en un partido político como opción de gobierno. Grave error.

¿De verdad cree, señor Rivera, que quien le ha votado lo ha hecho por el atractivo de unos cuantos académicos sacados del armario y ventilados para que se les fuera el olor a naftalina y puestos a pergeñar un programa político y económico que no tenía pies ni cabeza?

No lo crea. Quien le ha votado pensaba en el tiempo en que ustedes se comportaban como una plataforma ciudadana e intentaba defender algunos elementos básicos que deberían ser transversales a cualquier partido que se autodenomine democrático. Por ejemplo, cualquier partido democrático debería defender la independencia de la justicia, las listas abiertas, la reforma del sistema electoral o la desaparición de los innumerables aforados existentes en España ¿verdad?

¿Cree que realmente necesitaba presentar un programa de gobierno más allá de esos principios básicos o es que le atacó repentinamente la ambición de convertirse en el inquilino de la Moncloa?

¿Cree que sus ambigüedades y sus apariciones con Pablo Iglesias con la excusa de los “nuevos emergentes” le favorecieron? Pues no lo crea.

Tampoco crea que lo de acochinarse en tablas cuando una de sus candidatas dijo algo absolutamente coherente sobre la infame ley de violencia de género -que consagra la desigualdad en razón de sexo- le favoreció. ¿Por qué no defendió sus planteamientos en lugar de esconderse?

El PP de Rajoy le ha tendido todas las trampas que ha podido porque prefería tener enfrente a un stalinista y presentarlo como el coco en lugar de tenerle a usted. Eso era esperable; lo que no era tan esperable es que usted haya caído en todas ellas. La vanidad le ha podido.

¿Qué ocurrirá ahora? Si no hay nuevas elecciones y ustedes trabajan bien, tienen una oportunidad. Si hay nuevas elecciones, su paso a la nada va a ser mucho más rápido que el de Rosa Díez porque para muchos -entre los que seguiré sin contarme- prevalecerá la doctrina del voto útil.

#20D Incertidumbre sí. Indecisión no

Ciertamente hay motivos para la incertidumbre. No sólo no sabemos qué puede pasar tanto en los resultados como en las posibles alianzas posteriores sino que tampoco tenemos muy claro que van a hacer los que decidamos votar.

Excluyo de cualquier posible indecisión a aquéllos que, financiados y apoyados por las dictaduras más repugnantes del mundo, ahora vienen a dar lecciones. Por mucho que quieran borrar su pasado, al mejor estilo orwelliano, éste sigue estando ahí y es el que dice quiénes son porque todavía no se estaban intentando maquillar.

¿Qué ocurre con las opciones que, con todas las limitaciones que hacen al caso, podríamos considerar democráticas? Las maniobras de unos y otros han enturbiado bastante el terreno.

Albert Rivera, de Ciudadanos, dijo al principio que no apoyaría a Rajoy y más tarde añadió que no apoyaría a Sánchez. La reacción de éstos, en el mejor estilo nazionalista, ha sido identificar a sus partidos con ellos mismos y dar por supuesto que iba a pactar con el otro y abrirle la puerta a fuerzas claramente fascistas en su modo de actuar.

Sin embargo, Rivera en ningún momento dijo que no pactaría con el PP -lo ha hecho en Madrid- ni que no pactaría con el PSOE -lo ha hecho en Andalucía- por lo que la negativa a apoyar a los cabezas de lista de cada uno de los partidos no tiene por qué hacerse extensiva al partido en su conjunto.

¿Se puede votar razonablemente al PP? Sí, pero el PP de Rajoy apareció con dos banderas: Regeneración de la vida política y acabar con el sectarismo de la etapa ZP derogando las medidas de corte más sectario de éste. No hizo ninguna de las dos cosas y, además, subió los impuestos hasta límites inconcebibles y, por cierto, a los que es más fácil esquilmar. Después de eso ¿Se puede votar razonablemente al PP de Rajoy incluso aunque se coincida con el ideario del PP? Creo que no.

¿Se puede votar razonablemente al PSOE? Sí, pero el PSOE de Sánchez es pura continuidad del PSOE más sectario que ha existido en la época moderna y recuerda demasiado al de Zapatero. Por si quedaban algunas dudas, ha traído de la mano a gente cuyas credenciales democráticas no son dudosas sino inexistentes y llegó al extremo de declinar en Madrid la oferta de gobernar el Ayuntamiento incondicionalmente para, en lugar de eso, entregar el Ayuntamiento a destacados miembros de esos grupos. ¿Se puede votar razonablemente al PSOE de Sánchez? Lo visto hasta ahora demuestra claramente que no.

Hasta aquí, parece que lo que dice el líder de Ciudadanos tiene sentido pero ¿nos podemos fiar de él? Lo único que sabemos es que tiene una larga trayectoria en la lucha contra el nazionalismo y, en ese terreno, supera ampliamente a ambos partidos mayores pero ¿qué más? Han crecido por aluvión, lo que sin duda ha dado entrada a mucho oportunista que hará que no tarden en surgir episodios de corrupción y muchos de los programas están cogidos con pinzas más pensando en no ofender a nadie que en plantear una opción con consistencia interna. ¿Tienen razón PP y PSOE cuando les acusan de no tener ninguna experiencia de gobierno? Desde luego pero a ambos, especialmente al PSOE, se les puede preguntar qué experiencia de gobierno tenían cuando consiguieron la mayoría absoluta en 1982? Ninguna…y al principio no fue mal del todo. Cuando consideraron que aquello era su cortijo y empezaron a manejarlo como tal las cosas cambiaron.

¿Incertidumbre sobre qué haría Ciudadanos si fuera clave para la formación de gobierno? Toda. Sin embargo, en este momento parece que hemos llegado a una situación en que la incertidumbre es preferida a las certezas. Sabemos perfectamente qué podemos esperar de Rajoy, Sánchez y no digamos de Iglesias y ésa puede ser una buena razón para optar por lo menos conocido.

El gran error de @CiudadanosCs

Quizás en Ciudadanos les ha faltado hacerse dos preguntas fundamentales:

  1. ¿Por qué nos han votado?
  2. ¿Por qué, a pesar de habernos votado, lo han hecho menos de lo que esperábamos?

Lo bueno, y eso facilita bastante las cosas, es que las dos preguntas tienen una respuesta común: Desde su nacimiento, Ciudadanos se presentó como un proyecto de regeneración y no como un programa de gobierno. El voto sectario es siempre fiel y, cuando se pierde, es porque se va todavía más hacia el extremo pero hay una gran masa del voto que no es sectaria y que estaba hasta las narices de la corrupción, los incumplimientos y la chulería de los grandes partidos PP y PSOE y de sus socios nacionalistas.

Mucho de ese voto no sectario, que no esperaba de Ciudadanos un programa de gobierno sino que contribuyese a limpiar, ha dejado al partido que votó en las anteriores elecciones para votar a Ciudadanos. Otros no…cuando empezaron a ver cosas que no les gustaban: Hasta Rajoy acierta alguna vez y cuando dijo que Ciudadanos iba buscando a candidatos por los bares exageró pero no demasiado y, a la vista de lo que va saliendo, muchos tienden a coincidir con él. Sin embargo, aparte de una selección cuestionable por las prisas donde se les coló todo tipo de oportunista, su mayor error inicial -después vendrían otros- fue llevar un programa político que, además de que se veía cogido con alfileres, parecía haber intentado hacer una mayonesa con componentes socialdemócratas y liberales y, claro, la mayonesa había salido cortada y todo el mundo había visto que no sabían por donde andaban.

La gran oportunidad de Ciudadanos habría sido, precisamente, agarrarse a los principios básicos de regeneración y exigírselos a todo el que quisiera pactar con ellos y no aprovechar la debilidad de los más votados -fueran éstos quienes fueran- para tratar de imponer puntos de su propio, discutible y a menudo incoherente programa en lugar de dejar que el ganador llevase adelante el suyo, salvo en los casos en que tal programa atentase contra los elementos de recuperación y sirviera para ahondar en la podredumbre.

Tampoco parece muy acertado que, en lugar de defender unos principios sólidos de regeneración, se hayan dedicado a jugar a los equilibrios. Por mucho tuit que publiquen contándonos lo guapos que son y lo bien que lo hacen, no es fácil de justificar que critican la politización de Telemadrid mientras no dicen una palabra de idéntica politización en Canal Sur. Tampoco es fácil hablar de privatización de la sanidad como condición exigible en Madrid sin decir ni una palabra en Andalucía, pionera en el sistema de conciertos con hospitales privados. Ni es fácil de justificar que exijan que retiren a un presidente de una Comunidad Autónoma porque “llevaba mucho tiempo” -¿entra eso dentro de los criterios de regeneración?- y acepten de buen grado a una Susana Díaz que ha hecho su carrera política a la sombra de los hoy imputados Chaves y Griñán. ¿No podían haber pedido otro candidato para pactar con el PSOE siguiendo idéntica lógica?

Ese comportamiento mostrando cómo la vara de medir no es la misma en todas partes deja claro algo: No están defendiendo principio alguno sino que están tratando de que su imagen salga lo menos dañada posible de los pactos tratando de exhibir una equidistancia entre los grandes partidos y ahí se equivocan. Se equivocan también cuando dicen que “no tiene que haber cordones sanitarios”. Claro que tiene que haberlos pero en el lugar correcto: Frente a aquéllos que no aceptan las reglas del juego. De hecho, en Valencia se han negado a pactar con cualquiera que fuese con Compromis. Nada que oponer pero ¿no están contradiciendo su principio? Los alemanes, a quienes normalmente no se suele acusar de falta de democracia, tienen pocos complejos a la hora de prohibir los partidos nacionalistas y nazis, valga la redundancia. ¿Por qué no apoyan que eso mismo se haga en España como parte de sus principios? ¿No han estado luchando, bastante dignamente por cierto, contra el nacionalismo catalán durante bastantes años? ¿Van a tirar por la borda todo eso para jugar al oportunismo de imponer su propio y chapucero programa -al igual que los nacionalistas han hecho siempre frente al Gobierno central- y para jugar a dar una imagen y a “que no parezca que…”?

El gran problema de la política española es que hace mucho que los políticos decidieron subordinar los principios a sus más bajos intereses. Ciudadanos parecía otra cosa pero su actuación de las últimas semanas los está delatando. Puede que aún tengan tiempo de cambiar….o no, que añadiría Rajoy. Ellos verán.

 

Resaca electoral: Cuando los Maquiavelos del Frenopático quedan en evidencia

Alguien tuvo una idea brillante y decidió darle forma hace ya unos meses. La idea consistía en forzar a los españoles a una decisión planteada en términos de “Yo o el caos” pero, para llegar a ese final, se requerían algunos preparativos:

  1. Dejar que el PSOE se cociese en su propio jugo. El daño que Zapatero le había causado al partido era suficiente para no requerir ninguna intervención secreta ni discreta desde el poder.
  2. Estar a bien con los medios de comunicación no controlados directamente, sea mediante trato de favor -Cebrián y grupo PRISA- o forzando su defenestración, como en el caso de Pedro J. Ramírez.
  3. Evitar la presencia en los medios tanto de escisiones propias -VOX- como de partidos que no puedan ser considerados extremistas -UPyD y Ciudadanos- pero que estén dispuestos a dar una batalla ideológica.
  4. Prestarle todos los altavoces posibles a la izquierda más rancia que puedan encontrar de forma que ésta se presenta como la única alternativa a ellos mismos.

A grandes rasgos, éstas han sido las piezas del rompecabezas y la sorpresa ha sido que los españoles, puestos en la alternativa “Yo o el caos” han elegido el caos y seguramente distintas personas lo han hecho por motivos muy diferentes.

La izquierda de planteamientos estalinistas también tiene su público y este público tenía su opción clara desde el primer momento. A éstos se han sumado muchos que han comprado el discurso de la “casta”, discurso a cuya compra han contribuido generosamente los dos grandes partidos y sus socios nacionalistas, inmersos en episodios de corrupción y cuya única respuesta es denunciar la corrupción del contrario y omitir toda referencia a la propia. A éstos todavía se han unido otros: Todos aquellos que no aceptan un discurso del tipo ya sé que soy malo pero los otros son aún peores y, aunque no te guste, me votarás a mi y para los que la evidencia de ese discurso es motivo suficiente para no votarles.

Evidentemente, han equivocado los cálculos. En ese 1977 que algunos intentan barrer del mapa para intentar enlazar con el Estado fallido -mucho antes de la Guerra Civil- nacido en 1931, parecía que algunas cosas habían quedado claras:

  1. Había quedado claro que había una izquierda y una derecha cainitas que le negaban el derecho a la existencia al adversario y consideraban que ellos eran los titulares indiscutibles del poder.
  2. Había quedado claro que había una izquierda y una derecha que querían dejar de tirarse a la cara Hitler frente a Stalin o Pinochet frente a Castro y sus diferencias eran sobre todo de énfasis en cuál debía ser el papel del Estado y cuál el de la economía privada compartiendo como fin principal elevar el nivel de vida de los ciudadanos.
  3. Había quedado claro que no se debía mirar atrás: Hubo crímenes y todo tipo de salvajadas por ambos lados, antes, durante y después de la Guerra Civil y ya era hora de pasar página mediante una amnistía que afectó a personas de los dos bandos en conflicto.

Todo esto parecía que estaba claro pero, como parte de la “magistral estrategia del PP”, se trataba de darle alas a esa izquierda anclada en planteamientos de hace un siglo, que rechaza el proceso de transición y que pueda ser presentada como el coco haciendo que el miedo forzase a los electores a vencer la repugnancia y votarles a ellos. En ningún momento, el PP -auxiliado por el arúspice Arriola con su sonsonete de que España es sociológicamente de izquierdas- ha pretendido dar una batalla ideológica. En lugar de esto, tras incumplir prácticamente todos los puntos del programa que les dio la mayoría absoluta, se han limitado a hablar de una recuperación que muchos siguen sin ver y a jugar con la cocina de las encuestas. Los resultados de tan magistral actuación se vieron ayer y, sin duda, tendrán consecuencias.

Que la política española necesita una regeneración urgente es claro. Que esa regeneración no puede venir de la mano ni de los que están ni de supuestos recién llegados que vienen ya corruptos desde su origen debería ser claro también.

¿Son malos los resultados para el conjunto del país? Probablemente no. Rajoy ha salido de las elecciones convertido en un cadáver político y, tras los resultados, mucha de la contestación interna en su partido es posible que empiece a subir la voz y le impida presentarse a la reelección. Si con él desaparecen todos aquellos que han hecho de mantenerse en el poder su única meta y han cambiado la ideología por las encuestas cocinadas y las cuchilladas entre ellos…bien idos sean.

En “La historia interminable” de Michael Ende hay un episodio dedicado a los “reyes locos”, aquéllos que se quedaron en el mundo de Fantasía y nunca más fueron capaces de salir de él. Ver a Zapatero y Rajoy ejerciendo de “reyes locos” tendrá, sin duda, un alto precio por todas las gabelas que les dejan tras su paso por el Gobierno pero, sin duda, tendrá un coste más bajo del que tendría mantener a tales sujetos en cualquier posición relevante.

Lo mismo que se puede decir del PP vale para el PSOE. ¿Puede decirse que el PSOE tiene una ideología real o se ha convertido en un cóctel de “lo progre” y lo “políticamente correcto” pasado por el tamiz de unos líderes que no han hecho en su vida otra cosa que vivir de la política?¿Alguien puede decir seriamente que el PSOE es un partido de izquierdas salvo por cuatro clichés que se les han quedado adheridos?¿Es algo más que una maquinaria para hacerse y permanecer en el poder? Si vamos a la corrupción ¿es más limpio el PSOE que el PP?

Para muchos, PP y PSOE llevan años comportándose como dos marcas de una misma corporación -no en vano algunos hablan de PPOE- sin que tengan entidad ni identidad ideológica clara salvo el mantenimiento en el poder y estar corrompidos hasta las cejas. Ambos han preferido apoyarse en socios nacionalistas -tan corrompidos como ellos o más- precisamente porque eran más fáciles de comprar.

PP y PSOE se encuentran en la situación de renovarse urgentemente, comportándose como partidos políticos con su ideología, con democracia interna y transparencia…o desaparecer. Para que se produzca ese cambio, parece claro que lo primero que tiene que desaparecer de escena son los actuales líderes de uno y otro.

Naturalmente, el segundo y definitivo tiempo de este partido está en las elecciones generales. Poco tiempo tienen PP y PSOE para recomponerse y, salvo que el miedo se imponga -como daban por hecho los “estrategas” del PP- podríamos asistir a una continuación de la caída. Izquierda Unida y UPyD pueden considerarse virtualmente desaparecidos y fagocitados por Podemos y Ciudadanos respectivamente.

¿Qué puede ocurrir con Podemos, Ciudadanos y Vox en el próximo futuro?

Podemos tiene su porvenir asociado a su propia actuación en Comunidades y Ayuntamientos y…a lo que pueda pasar en Venezuela y en Grecia, cuyas vinculaciones ideológicas y de otro tipo son evidentes. Como se comporten y qué tratamiento reciban desde los medios controlados directa o indirectamente desde el poder definirá bastante su futuro. Sólo hay que ver cómo en estas elecciones ha habido guerra sucia y se ha sacado información en los momentos en que más podía perjudicar a determinadas opciones. No es de esperar que esos hábitos desaparezcan de aquí a las próximas elecciones.

Ciudadanos tiene que asentarse. Hubo un momento en que no fueron capaces de metabolizar el proceso en que se habían metido y cayeron en la tentación de tratar de ser todo para todo el mundo -igual que Podemos hasta que se quitó la careta y quedó claro que es un partido de izquierda radical y populista- con lo que en los últimos momentos de campaña pudieron generar desconfianza. Han crecido por aluvión y pueden haber captado gente válida pero seguro que también se les ha colado mucho oportunista al olor del poder. Tienen unos meses para modificar eso y, por supuesto, los pactos que hagan, con quién los hagan y en qué estén basados esos pactos serán cosas que también estarán miradas con lupa.

Por último, Vox. Vox es una escisión del PP que ha hecho suyos los planteamientos ideológicos de derechas que el PP no quiso defender y, en contra de lo prometido, no aligeró el peso del Estado y subió los impuestos de una forma salvaje. El programa que presentaba Vox en las municipales y autonómicas era, sin duda, el más atractivo desde el punto de vista del liberalismo económico. Sin embargo, sus más que magros resultados se deben en buena parte a la doctrina del “voto útil”, es decir, a la negativa a votar a un partido que, debido al modelo de circunscripciones electorales, no es esperable que consiga sacar nada. Sin embargo, hay una faceta de Vox que está pasando desapercibida y a la que conviene prestar atención:

En contra de lo que los partidos de izquierda -real o presunta- han afirmado, el PP no ha sido nunca un partido de extrema derecha…es más, si se le puede acusar de algo es precisamente de no tener más ideología que el mantenimiento en el poder. Sin embargo, hasta hace pocas fechas, la escasa extrema derecha que existe en España se encontraba dentro del PP. En un partido que ha llegado a tener 700.000 militantes, esa corriente podía quedar tan diluida como para no ser percibida.

Tras la escisión de Vox, es muy probable que, junto con gente que se ha considerado traicionada por ser de derechas en lo político y liberales en lo económico, haya emigrado también ese grupo de extrema derecha que antes podía estar en el PP. La diferencia está en que Vox no tiene 700.000 militantes y sería una corriente mucho más difícil de diluir. Dicho de otra forma, si en la España de hoy, como contrapartida a una izquierda chavista surgiera una extrema derecha del estilo Frente Nacional de LePen, es probable que surgiera en Vox.

Si la moderación no se termina imponiendo en los próximos meses, es posible que la composición de las Cámaras se acabe haciendo por una especie de selección negativa, es decir, con lo que ya en 1977 se desechó -pensando que para siempre- de la política española. Por otra parte, no podemos asimilar moderación a aceptación de la corrupción y es urgente que determinado tipo de personajes salgan de la vida política. En los inicios de la transición de 1977, Suárez dijo que Hay que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal pero no puede pretenderse lo contrario, es decir, elevar un hecho como la corrupción a categoría de normal a nivel de calle porque políticamente sea normal.

Tampoco son admisibles los comportamientos fascistas, muy frecuentes en nuestra clase política tanto a izquierda como a derecha, por los cuales las reglas aplicables a unos no son las mismas que para otros. Por ejemplo, no puede aceptarse como parte de un juego político normal que alguien exija que le entreguen el poder porque ha ganado con mayoría simple -Susana Díaz- mientras, al mismo tiempo, le parezca normal que sus adversarios ganasen las elecciones anteriores también con mayoría simple y no pudieran gobernar…cosa que presumiblemente ocurrirá en muchos lugares tras las elecciones de ayer. Más allá del recurso dialéctico al engaño y de la confianza en que la gente no se acuerda de lo que pasó ayer, este tipo de hechos revelan un estilo que también se debería desterrar.

Unos meses magníficos los que tenemos por delante para observarlos con curiosidad de entomólogo. Lo malo es que quienes están en el platillo del microscopio somos nosotros mismos.