THE HIDDEN SIDE-EFFECTS OF ARTIFICIAL INTELLIGENCE

(English Translation below)

La Inteligencia Artificial, desde su inicio, ha traído un enorme entusiasmo tanto a favor como en contra. Tanto unos como otros incurren en un esencialismo difícil de justificar: Los primeros porque, al equiparar al ser humano con un procesador, llegan a la conclusión de que el estado del arte de la tecnología de la información permite tener mejores opciones. Los segundos porque consideran que el ser humano aporta elementos que son imposibles de conseguir para la máquina.

Sin embargo, en el estado actual, esa discusión que aún sigue vigente peca de superficialidad: ¿La tecnología de la información es capaz de procesar infinitamente más información y mucho más rápidamente que cualquier humano? Claramente, sí. ¿El ser humano es capaz de atender a situaciones que son imposibles para los más avanzados productos tecnológicos? Claramente también. ¿Puede entonces encontrarse un nicho de especialización en el que convivan ambos? Eso ya es más discutible y de ahí la idea de efectos escondidos.

Pongamos un ejemplo conocido: La previsión meteorológica. Un meteorólogo experto es capaz de detectar pautas que se le pueden escapar a un sistema de información avanzado; sin embargo, el sistema de información avanzado es capaz de procesar muchas más fuentes de información de las que puede procesar el meteorólogo, especialmente si contamos con limitaciones temporales que van a definir la validez de la previsión.

El meteorólogo experto puede equivocarse pero también puede conseguir resultados superiores a los accesibles a un sistema de información gracias a su conocimiento de pautas y a su capacidad para “construir” una evolución esperable. Sin embargo, contradecir al sistema encargado de las previsiones puede representar un compromiso importante porque, en caso de error, alguien le estará señalando que el sistema se lo estaba avisando.

Un meteorólogo menos experto, ya formado en un entorno de sistemas de información, será más proclive a aceptar pasivamente los resultados del sistema y le resultará más difícil adquirir el conocimiento de un meteorólogo experto. Le faltará capacidad para seleccionar las fuentes de datos relevantes y alcanzar conclusiones propias y lo que es peor: La experiencia trabajando con un sistema de información no le dotará de esa capacidad. Nunca alcanzará el nivel de experto sino, como máximo, el de operador avanzado de sistemas de información. Por añadidura, un cambio de sistema de información puede representar la pérdida de un conjunto de ”trucos del oficio” aprendidos de la observación; se trata de un conocimiento operativo que no es susceptible de trasladar a otro entorno, incluso cuando ese nuevo entorno no signifique otra cosa que un cambio de proveedor tecnológico.

Por supuesto, la meteorología es un mero ejemplo que se puede extrapolar a la aviación, a la navegación marítima, a la mecánica, a las finanzas y virtualmente a cualquier terreno imaginable.

La “toma racional de decisiones” se ha convertido en un estándar incluso en aquellos terrenos en que no es la práctica adecuada; algunos autores como Gigerenzer, Klein o Flach han señalado entornos en que ese modelo de procesamiento de información no sirve y, en su lugar, se utilizan modelos de procesamiento heurístico que hacen uso de la experiencia acumulada en forma de conocimiento tácito, difícil de expresar y más difícil aún de formalizar, y que son los que han resuelto situaciones en las que un modelo “racional” habría llegado a la parálisis por el análisis, incluso aunque se requiriese una respuesta urgente y se tratase de un caso de vida o muerte.

Casos muy conocidos en aviación como el American Airlines 96, United 232, QF32, US1549, Gimli glider y muchos otros muestran claramente cuál es el valor del experto. Sin embargo, el riesgo que se está corriendo hoy es que las generaciones formadas en entornos de tecnología de la información avanzada nunca alcancen ese nivel de experto.

El sociólogo francés Edgar Morin advertía de que la máquina-máquina siempre será superior al hombre-máquina. Sin embargo, al privar al ser humano de la capacidad para adquirir conocimiento real, lo estamos convirtiendo en hombre-máquina.

¿Puede convivir la inteligencia artificial con la generación de expertos capaces de cubrir las insuficiencias de la primera? En teoría, sí. Los hechos están demostrando que esa opción tiene una gran dificultad porque no son desarrollos independientes.

La persona formada en una disciplina donde ha entrado la inteligencia artificial tiene cada vez más difícil el camino para convertirse en un experto real, es decir, elegir los datos que necesita, procesarlos en la forma que un humano experto lo haría y llegar a sus propias conclusiones.

El advenimiento de la nueva generación de sistemas de información dotados de inteligencia artificial está conduciendo a que el conocimiento tácito se esté tratando como conocimiento obsoleto, aunque se trata de dos cosas completamente distintas. Se está destruyendo la escala que permite acceder al grado de experto, atendiendo a cantidad y diversidad de situaciones vividas y, con ello, podemos perder capacidad para atender a situaciones imposibles para cualquier sistema de información por avanzado que éste sea.

No es la única situación posible, pero escenarios en los que hay que actuar de forma inmediata y con unos datos fragmentarios y a menudo contradictorios no son precisamente el ámbito en que se desenvuelven bien los sistemas de información. El ser humano muestra en estas situaciones capacidades que están más allá de las de los sistemas de información -porque procesa esas situaciones de forma radicalmente distinta- pero, para que esto ocurra, es necesario disponer de expertos y no de los hombres-máquina mencionados por Morin.

El gran problema y el efecto colateral oculto de los sistemas de información avanzados es precisamente que está destruyendo la capacidad de generar expertos y, en su lugar, está estableciendo un reino de mediocridad tecnológicamente avanzada. Cuando un avanzadísimo sistema de inteligencia artificial basado en la computación cuántica tenga que tomar una decisión en una situación como las señaladas más arriba, nos acordaremos de los expertos desaparecidos.

THE HIDDEN SIDE-EFFECTS OF ARTIFICIAL INTELLIGENCE

Artificial Intelligence, since its inception, has brought enormous enthusiasm both for and against. Both incur in an essentialism that is difficult to justify: The former because, by equating the human being with a processor, conclude that the state of the art of Information Technology allows for better options. The latter because they consider that the human being provides elements that are impossible for the machine to achieve.

However, in the current state of the art, this discussion, which is still going on, is superficial:

Is information technology capable of processing infinitely more information and much faster than any human being? Clearly, yes.

Is a human being capable of dealing with situations that are impossible for the most advanced technological products? Clearly, yes.

Can a niche of specialization be found in which both can coexist? That is more debatable and hence the idea of hidden effects.

Let’s take a well-known example: weather forecasting. An expert meteorologist can detect patterns that may escape an advanced information system; however, the advanced information system is able to process many more sources of information than the expert meteorologist can process, especially if we have temporal limitations that will define the validity of the forecast.

The expert meteorologist can be wrong, but he can also achieve results superior to those accessible to an information system thanks to his knowledge of patterns and his ability to «construct» an expected evolution. However, contradicting the forecasting system may represent a major compromise because, in case of error, someone will be pointing out to him that the system was warning him.

A less experienced meteorologist, already trained in an information systems environment, will be more likely to passively accept the results of the system and will find it more difficult to acquire the knowledge of an expert meteorologist. He will lack the ability to select relevant data sources and reach his own conclusions and worse: His experience working with an information system will not give him that ability. He will never reach the level of an expert but, at most, that of an advanced information system operator. Moreover, a change of information system may represent the loss of a set of «tricks of the trade» learned from observation; this would be operational knowledge not transferable to another environment, even if “new environment” means nothing more than a change of technological supplier.

Of course, meteorology is only an example of something that happens in aviation, maritime navigation, mechanics, finance, and virtually any imaginable terrain.

Rational decision making» has become a standard even in those fields where it is not the proper practice; some authors such as Gigerenzer, Klein or Flach have pointed out environments where such an information processing model does not work. Instead, heuristic processing that make use of accumulated experience in the form of tacit knowledge are used; they are difficult to express and even more difficult to formalize and, despite that, these are the models that have solved situations where a «rational» model would have reached paralysis by analysis, even if an urgent response was required and it was a case of life and death.

Well known cases in aviation such as American Airlines 96, United 232, QF32, US1549, Gimli glider and many others clearly show what the value of the expert is. However, the risk today is that generations trained in advanced information technology environments will never reach that level of expert.

The French sociologist Edgar Morin warned that the machine-machine will always be superior to the man-machine. However, by depriving human beings of the ability to acquire real knowledge, we are turning them into man-machines.

Can artificial intelligence coexist with the generation of experts capable of covering the inadequacies of the former? In theory, yes. The facts are showing that this option is very difficult because they are not independent developments.

The person trained in a discipline where Artificial Intelligence has entered has an increasingly difficult path to become a real expert, i.e., to choose the data he needs, process it in the way a human expert would and come to his own conclusions.

The advent of the new generation of information systems equipped with artificial intelligence is leading to the fact that tacit knowledge is being treated as obsolete knowledge, although these are two completely different things. The scale that allows access to the level of expert, based on the number and diversity of situations experienced, is being destroyed and, as a result, we may lose the capacity to deal with situations that are impossible for any information system, no matter how advanced it may be.

Scenarios requiring immediate action, with fragmentary and often contradictory data are not exactly the area in which information systems excel. In these situations, human beings show capabilities that are beyond those of information systems -because they process these situations in a radically different way- but for this to happen, it is necessary to have experts and not the machine-men mentioned by Morin.

The great problem and the hidden side effect of advanced information systems is precisely that it is destroying the capacity to generate experts. In its place, it is establishing a reign of technologically advanced mediocrity. When a highly advanced artificial intelligence system based on quantum computing must make a decision in a situation like the ones described above, we will remember the missing experts.

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