Política española: La síntesis de todas las miserias

Establezcamos un punto de partida: El hoy presidente en funciones, Mariano Rajoy, es alguien difícilmente homologable en la actividad política no sólo para los ajenos sino para muchos de los propios. Posiblemente esa situación tampoco sea nueva y ha quedado de manifiesto desde el primer día de su paso por la Moncloa e incluso en su etapa de oposición.

Puesto que jamás ha dado la cara, no resulta extraño que por dos veces se haya negado a la investidura, alargando hasta la náusea el proceso post-electoral. Cierto es que el segundo partido más votado, el PSOE, se negó a hablar con él de posibilidades para una posible abstención que facilitase el gobierno.

Siendo buenistas hasta más allá de lo razonable, se podría atribuir la actitud del PSOE y su líder Pedro Sánchez a la misma consideración con la que he empezado, es decir, que Rajoy no era una persona admisible como futuro presidente tras las elecciones. Sin embargo, hay un problema para pensar eso: Que es falso.

Tras las elecciones municipales y autonómicas, el PSOE -por órdenes directas de Pedro Sánchez- se apresuró a aliarse con quien hiciera falta con el único objetivo de expulsar al PP -no a Rajoy; al PP- de los lugares en que fuera la lista más votada. No ha tenido empacho en darle el poder a Podemos en una serie de lugares en que aparecía bajo otras marcas. En el caso de Madrid, incluso declinó una oferta de Esperanza Aguirre de gobernar el Ayuntamiento con su propio programa y sin condicionantes. En suma, no se trata de una aversión a Rajoy sino de una reedición del “cordón sanitario” de Zapatero.

Puede utilizarse la corrupción como excusa pero, de nuevo, nos encontramos el mismo problema: Que la excusa es falsa. El PP puede estar corrupto hasta las cejas pero el PSOE no sólo no le va a la zaga sino que probablemente le aventaja. ¿Qué decir de los Pujol? ¿Y de los sindicatos? ¿Y de las fuentes de financiación, no ya dudosas sino absolutamente claras, de la gente de Podemos? Hay muy pocos que puedan abanderar la regeneración. El PP y Mariano Rajoy no están entre ellos pero los otros tampoco.

Captura

Gráfica tomada de Twitter por cortesía de @cecae

Podría entenderse que se tratase de sacar de la vida política a Rajoy, entre otras cosas porque su miope estrategia de tratar de dañar al PSOE primero y a Ciudadanos después ha tenido como únicos beneficiarios a los representantes del nazipopulismo y, de esta forma, poder presentarlos como única alternativa a él mismo. Jugada sucia donde las haya y, desde luego, no le faltan razones al PSOE para hacer lo que pueda para desalojar a Rajoy.

Sin embargo, puesto que los hechos demuestran que la inquina del PSOE no iba contra Rajoy sino contra el PP en su conjunto ¿es razonable que ahora busquen la abstención del PP con la excusa de que, de no hacerlo, “no les queda más remedio” que aliarse con Podemos y sus palmeros nazionalistas y otros? No; cuando se le da a alguien con la puerta en las narices no se puede esperar después ser acogido con los brazos abiertos y una sonrisa, máxime, cuando se ha dejado claro con hechos que el recambio de Rajoy por otra persona más presentable no se considera una opción válida.

Hay una salida, como ya he escrito en otro post, y es que la abstención se produzca a cambio de algo y hay dos alternativas:

  1. Lo más obvio con Pedro Sánchez como candidato a la investidura, y que sin duda sería favorable para PP y PSOE, es que el PP exija la ruptura de los pactos municipales y autonómicos del PSOE con Podemos a cambio de su abstención.
  2. En caso de fracaso de Pedro Sánchez, el PSOE se vería sometido a una prueba, teniendo que demostrar si quiere otro “cordón sanitario” o no. El PP debería comportarse como un partido democrático y quitar a Rajoy de su posición, nombrando otro líder que buscase la abstención del PSOE. También podrían establecer contrapartidas municipales y autonómicas.

Por supuesto, hay una salida más -sin necesidad de que el PSOE repita lo que ya ha hecho en las elecciones municipales y autonómicas y se condene a su propia desaparición- y está en la repetición de las elecciones. Si así fuera, el esperpento que hemos padecido durante estos meses donde las ambiciones personales han estado muy por encima de los intereses nacionales e incluso de partido, probablemente seríamos muchos los que les haríamos una petición muy sencilla a los dos partidos aún mayoritarios: Rajoy, no. Sánchez, tampoco.

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    • José Sánchez-Alarcos

      Casualmente, unos minutos después de ver su comentario, ha aparecido un gráfico comparativo de la corrupción y he editado la entrada para añadirlo. En cualquier caso, la intención del comentario no era un “y tú más” sino dejar claro que ninguno de los actores establecidos y alguno de los poco establecidos en la política española están cualificados para criticar la corrupción del otro. Quién es más corrupto o quién menos…ahí está la gráfica pero es lo que menos interesa: Todos han metido la mano en la caja.

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