Nuevos y viejos fascismos y sectarismo

Pocas veces se toma en consideración que el sectarismo es el padre de todos los fascismos. No aplicar a “los nuestros” las mismas reglas que a “los otros” está en el origen de cualquier fascismo, antiguo o por llegar.

Cuando alguien habla de corrupción, sistemáticamente se refiere a la corrupción de “los otros” y pide la implacable aplicación de la ley para ellos. Si hablamos de “los nuestros”, es distinto porque “el fin justifica los medios” y la corrupción pasa a ser un pecadillo perdonable porque comparte “los principios” o “las ideas”. ¿Qué principios? ¿Qué ideas?

¿No es esto lo mismo que si alguien justifica la Inquisición porque las salvajadas cometidas lo fueron “en nombre de Dios”?

Cuando aparece un partido neofascista y critica la corrupción de “los otros”, no indica cuáles son las medidas que tomará para corregirlo pero, si nos guiamos por el viejo “dime con quién andas y te diré quién eres” cabe sospecharlo y, al final ¿qué nos están diciendo sobre ellos mismos? “Nosotros somos distintos”. ¿Seguro? Los otros son corruptos porque eran corruptibles pero vosotros no ¿verdad?…por eso empezáis por justificar vuestra cercanía con los iraníes basados en el pragmatismo de la política porque “la geopolítica es así“. ¿Y a eso, aceptar la ayuda de los iraníes por consideraciones prácticas, no se le llama corrupción? ¿Cómo habría que llamarlo entonces?

No es problema de personas sino de estructuras. Cuando se liquida la independencia del poder judicial esto es lo que cabe esperar. Podría ser peor…y con la excusa de que los medios de comunicación están controlados por el capital privado, convertirlos en emisarios del Gobierno…ya sabemos el resultado que da eso, tanto en la versión española de la “Prensa del Movimiento” como en el “Pravda” soviético…o sea, la forma de salir de la corrupción consiste no sólo en controlar a los jueces sino en asegurarse de que no se sepa lo que se está haciendo gracias a medios controlados desde el Gobierno.

¿Eso es “lo nuevo” que pretenden traernos? Ayer se celebró el cuarto de siglo de la caída del muro de Berlín y se lanzaron mensajes muy claros sobre las amenazas para la democracia en forma de nazionalismos y totalitarismos de nuevo y viejo cuño. Cierto. Todos ellos están allí y todos ellos tienen en común ese concepto de que las reglas están hechas para “los otros” y saltárselas es disculpable cuando se trata de “los nuestros”. Punto común también compartido por todos los nuevos y viejos fascismos y puesto de manifiesto por la actitud ante la corrupción mostrada por la mayoría de los partidos políticos.

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