Feminismo en la feria del libro

Visitando la feria del libro, encontré dos casetas que se anunciaban como feministas. Una de ellas anunciaba libros para mujeres y escritos por mujeres, lo que me recordó a algo tan poco feminista como la película Yentl que, para exhibir el estado de discriminación, tenía un vendedor que anunciaba “libros para mujeres”. La verdad es que no me detuve demasiado a ver qué libros tenían y no lo hice porque una “librería para mujeres” me genera el mismo rechazo que me generaría una “librería para hombres”. Simplemente, si quiero leer lo que alguien ha escrito me interesa mucho más lo que ese alguien tiene entre las orejas que lo que tiene entre las piernas.

Un poco después encontré otra de parecidas características pero, en este caso, no necesitaba detenerme a ver qué libros anunciaban. Tenían una gran profusión de fotografías de buen tamaño, en su mayoría de políticas españolas de izquierdas en la época de la II República…y ahí vino la sorpresa: Entre las fotografías, había una de Clara de Campoamor, defensora del voto femenino en la Segunda República y cuya foto parecería estar en el lugar correcto en una librería de tales características ¿no?

No. El PSOE de la época atacó de modo furibundo a Clara de Campoamor considerando su moción por el voto femenino como “una puñalada trapera a la República” (expresión literal utilizada por Indalecio Prieto) y colocó en el debate a la diputada socialista Victoria Kent…para oponerse a Clara Campoamor y a su petición del voto femenino. Es lo que tiene la historia; si lo que quieren es glorificar a figuras femeninas de izquierdas, tendrían que tener entre sus fotografías a Victoria Kent y no a Clara Campoamor, a la que desde hace años tratan de presentar como propia.

No, señoras y señores. La principal defensora de los derechos de la mujer -los de verdad, no la deriva para la que Pérez Reverte acuñó el término de feminazi- no era de los suyos sino que trataron de torpedearla. Tengan al menos la decencia de no tratar de apropiársela y reconozcan que uno de los principales dirigentes de su historia -jefe de los que ejecutaron un asesinato que sería el detonante de la guerra civil, con una estatua en los Nuevos Ministerios de Madrid y desde no hace mucho con una estación de tren con su nombre en Bilbao- fue el que dijo que darle el voto a las mujeres era una puñalada trapera a la República.

Preferiría que no hubiera librerías para hombres ni para mujeres pero, si quieren jugar a eso, al menos no tergiversen la historia.

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