Parábola penitenciaria para explicar la situación económica y política española

Supongamos un país donde hay gente que está en la cárcel y gente que está fuera de la cárcel. Fuera de la cárcel se encontrarían exclusivamente aquéllos que estén trabajando en asuntos que no tengan que ver con la cárcel aunque, a veces, les puedan comprar cosas los que están dentro de la cárcel. Dentro de la cárcel estarían todos aquellos que no tengan un trabajo productivo -pensionistas, niños, desempleados, etc.-, los que trabajan en temas relacionados con la cárcel y algunos, que trabajan en un edificio anexo, que ofrecen su trabajo tanto a la gente que está dentro como fuera de la cárcel -médicos, maestros, carteros, etc.-

El sostenimiento de la cárcel en su conjunto sale de lo que se les cobra con tal objeto a los que se encuentran fuera de ella. Es cierto que los que están dentro también tienen que pagar un canon pero este canon, sumado a lo que compran a los que están fuera de la cárcel, siempre será menor que lo que estos últimos tienen que proveer para el sostenimiento. Sólo hay una excepción dentro de la cárcel: Aquéllos que están en el edificio anexo y trabajan para los de dentro y para los de fuera -no valen aquéllos que se dedican a vender planos de la cárcel o a acompañar al visitante por sus pasillos sino los que realizan trabajos que, si no fueran provistos desde la cárcel, tendrían que ser provistos desde otros sitios.

Llega un nuevo gobernador y decide que la cárcel es insostenible. ¿Cuáles son sus opciones?

  1. Ampliar el presupuesto de la cárcel para comprar servicios a los que están fuera y reactivar la economía. Se ha intentado y no funciona; el dinero que se está pagando a los que están fuera de la cárcel como pago de sus servicios está saliendo del bolsillo de estos mismos. Siempre será mayor la cantidad que sale del bolsillo particular que la que entra en concepto de pago aunque hay una forma de hacer trampa: Comprar los servicios ahora y pagar más tarde. Se llama endeudamiento pero, claro, en algún momento habrá que pagar esa deuda añadiéndole los intereses y la lógica será idéntica aunque se haya utilizado el calendario para engañar: “Compro hoy y pago dentro de un año”.
  2. Pedirles más dinero a los que están fuera para que la cárcel sea sostenible. Se ha hecho y tampoco funciona. El dinero que se mete para el sostenimiento de la cárcel deja de ser utilizado en la compra de bienes y servicios fuera de ella haciendo que haya menos intercambios, disminuya la actividad y vaya entrando más gente a la cárcel bajo el epígrafe “desempleado”. Naturalmente, esto genera un círculo vicioso porque el número de personas en la cárcel crece y necesita más dinero para su sostenimiento.
  3. Pedirles menos dinero a los que están fuera para el sostenimiento de la cárcel: Es la receta liberal por excelencia y, aunque es contraintuitiva, podría funcionar siempre que los desequilibrios no sean demasiado fuertes y haya tiempo: El dinero que no se mete a la cárcel es usado para la compra de bienes y servicios permitiendo que se reactive la economía y necesitando más gente para producir tales bienes y servicios. De esta forma, se puede sacar a gente de la cárcel -desempleados- reduciendo su tamaño y haciéndola más fácil de sostener porque, además, el que sale pasa automáticamente a contribuir a su sostenimiento.
  4. Reducir el tamaño de la cárcel: Parece la solución más obvia y, sea la que sea la solución adoptada entre las anteriores, parece que ésta deberá aplicarse pero ¿cómo? También hay alternativas:
    1. Reduciendo los ingresos de los internos, es decir de las personas que no proveen bienes y servicios para otros. Esto puede hacerse directamente, reduciendo el ingreso- o indirectamente, provocando gastos que vayan directamente al sostenimiento de la cárcel.
    2. Endureciendo las condiciones de entrada a la cárcel como interno exigiendo más tiempo fuera de la cárcel para tener derecho a entrar dentro de ésta con cargo a su presupuesto.
    3. Reduciendo los ingresos de los que dirigen la cárcel. Ésta es una solución que se ha reclamado con frecuencia pero tiene un problema: Quienes tienen que adoptar tal medida serían sus principales perjudicados y hacen justamente lo contrario: No sólo no reducen sus ingresos sino que, en su caso, las condiciones de entrada a perpetuidad en la cárcel son mucho más generosas que las que tiene el resto de los mortales.
    4. Reduciendo los ingresos de los que trabajan en la cárcel. Esta solución ha sido aplicada junto con la reducción del número de personas que trabajan en la cárcel.  Estas personas no salen de la cárcel sino que pasan a ser residentes de la misma en calidad de desempleados.
    5. Subir los precios de los servicios que se proveen desde el edificio anexo de la cárcel a los que están fuera de ella. Esto puede hacerse por vía indirecta: Reducir la cantidad o calidad de servicios prestados manteniendo su precio. Éstos son los llamados “recortes”; en algunos casos se puede llegar al virtuosismo de seguir cobrando servicios que ya no se proveen.

Naturalmente, la “cárcel” no es otra cosa que una forma de establecer un paralelismo con el sector público. No se puede sostener el sector público del mismo modo que, en nuestro ejemplo, no se puede sostener la cárcel. Sin embargo, todas las recetas que se han ido aplicando para solucionar el problema no funcionan; en unos casos no funcionan directamente y en otros casos hay un engaño consistente en jugar con los plazos: Endeudarse para pagar más adelante de forma que parezca que ahora no se está pagando.

Cuando se habla de “recortes” o de “austeridad” y todos los políticos, de común acuerdo, comienzan a hablar de “excesos en la austeridad” están omitiendo un dato fundamental: ¿Dónde debe haber austeridad? Sólo hay un sitio en el que sus efectos son menores para el conjunto: Reducir los ingresos de los dirigentes y asimilados mediante eliminación de puestos de confianza, instituciones y empresas inútiles, reducción de gabelas de los políticos, etc. Si se hace esto, subirá el desempleo pero, dadas las condiciones de estos ciudadanos, el coste de pagarles como “residente” será mucho más bajo que el de pagarles como “dirigente”.

La austeridad no es optativa sino que es una necesidad absoluta si se quiere que el conjunto sea sostenible pero no se puede ir cargando más peso cada vez sobre menos gente. Hay que aligerar el peso pero tan importante como eso es aligerar en el sitio correcto y no en otros. Lo de los “excesos en la austeridad” es un truco dialéctico de jardín de infancia que trata de ocultar algo muy simple: En lugar de recortar y hacerlo hasta el hueso en los lugares en que hay que hacerlo se ha reducido lo que recibe el ciudadano a cambio de lo que paga…y al mismo tiempo se le exige que pague cada vez más.

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