Acertar en el tiempo inadecuado es no acertar: Apple y Second Life

No todos los fracasos comerciales lo son porque el producto no fuera interesante sino que puede producirse por adelantarse a su tiempo. Aunque a algunos les parezca increíble, Apple también ha tenido sus batacazos comerciales y algunos de ellos lo han sido precisamente por adelantarse en el tiempo. Pocos se acordarán ya del Apple Newton, a pesar de que fue un claro precursor de las por un tiempo omnipresentes PDAs y, por tanto, lo ha sido también de los smartphone y de los tablets.

Posiblemente ni el mercado ni la tecnología estaban maduros en el momento en que apareció el Newton y esto lo convirtió en un sonoro fracaso comercial. No es el único fracaso de Apple; tiene uno mucho más grande que la perseverancia de Steve Jobs acabaría transformando en éxito sin cambiarle una coma: Hace varios años, pocos habrían apostado por la supervivencia de Apple; el mundo estaba tomado por la plataforma Wintel y algunos cacharreaban con el software libre  con Linux y no mucho más. En ese momento, se le criticaba a Apple su insistencia en que hardware y software formasen parte del mismo paquete y se señalaba ésta como la causa de su previsible fracaso.

Al regreso de Steve Jobs, Apple hizo una fuerte renovación en los diseños. Posiblemente más de uno recuerde el famoso iMac traslúcido y desde entonces no paró. Los iPhone, iPad i..lo que venga han sido señalados como los vehículos para el actual éxito de Apple pero nadie hace ahora referencia a que se ha mantenido en su integridad la receta de Jobs que -se suponía- acabaría con Apple a corto plazo, es decir, la unidad de hardware y software. Ciertamente, Apple ha jugado con fuego porque, cuando se trata de controlar todo y al usuario sólo se le dejan las posibilidades de estar dentro o fuera sin puntos intermedios, puede haber muchos -me incluyo entre éstos- que decidan permanecer fuera.  Hasta el momento le ha salido bien y tanto con el Newton como con su política de unificar hardware y software mostró que estar por delante de su tiempo era un riesgo grave.

No es Apple la única empresa que se encuentra en la situación de adelantarse a su tiempo. ¿Alguien se acuerda de Second Life? Continúa existiendo aunque, siendo generosos, podríamos decir que es irrelevante. Hubo un tiempo, hace tres o cuatro años, donde todo el mundo quería estar en Second Life y hasta hubo quien hizo dinero vendiendo terrenos virtuales -supongo que los compradores se sonrojarán cuando se lo recuerden- pero la cosa no funcionó como se esperaba a pesar del ruido mediático. Como un consultor me dijo en su momento, “Second Life tiene una audiencia similar a la del “Diario de Sevilla” pero si “Expansión” o “Cinco Días” sacan un artículo diciendo que tu empresa está en Second Life, tu eco será mucho mayor gracias a la amplificación de estos otros medios”.

Second Life tenía algo que no tienen las redes sociales al uso como Facebook y es la posibilidad de interactuar mediante avatares en un mundo virtual. Se llegó a aberraciones cuya profundidad se puede comprobar simplemente poniendo en la caja de búsqueda de Google “sexo en secondlife” pero no cumplió con las expectativas: El uso intensivo de información gráfica requería unas capacidades de proceso, unas velocidades de Internet y unas tarjetas gráficas que estaban fuera de alcance para el usuario medio. Además, la aplicación era extraordinariamente compleja de manejar y su aprendizaje consumía una cantidad de tiempo que pocos están dispuestos a afrontar.

Hoy las cosas han cambiado bastante e incluso existen consolas que, sin necesidad de atajos de teclado u otras zarandajas, permiten que el usuario juegue con su propio cuerpo como mando. No es difícil que en cualquier momento aparezca como la gran innovación de una red social -la pregunta podría ser cuál de ellas será- la interacción en un mundo virtual utilizando un avatar manejado por el propio cuerpo pero, cuando eso ocurra y probablemente será pronto, Second Life y sus creadores Linden Labs habrán quedado fuera de juego.

Apple tuvo una segunda oportunidad para insistir en lo que, según la visión de la época, iba a ser la causa de su caída pero no todos tienen esa oportunidad. Los chicos de Linden pueden decir como Galileo -otro adelantado a su época- eppur si muove pero, como le ocurrió al propio Galileo, no es previsible que les sirva de mucho haber diseñado algo para lo que su tiempo no estaba preparado.

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