Una de memoria histórica: Sindicatos y nazismo

Hoy mismo acaba de salir una noticia vergonzosa que, unida a las muchas otras que se vienen produciendo, muestra que no es una anécdota sino toda una categoría: http://www.larazon.es/noticia/3261-el-sindi-banquero-de-los-181-000-euros

Los sindicatos de mayor tamaño se han convertido en una especie de F.P. de la política donde mucha gente va a hacer una carrera excelentemente retribuida mientras se mantiene un discurso ya añejo sobre una defensa de derechos que no ejercen…y ahí está el problema:

Los sindicatos hoy no representan a nadie salvo a sí mismos y sus intereses corporativos y de sus dirigentes. Si alguien tenía alguna duda, la noticia de que alguien sentado en el Consejo de Administración de una Caja de Ahorros exige al Gobernador del Banco de España que se vaya a su “puta casa” deja clara la catadura de este personal.

El descrédito de los sindicatos, ganado a pulso durante años, tiene un enorme peligro y sus efectos potenciales se han conocido hace ya bastantes años en la llegada del nazismo. La “memoria histórica progresista” trata de hacer ver que el nazismo es la consecuencia lógica de una política de derechas llevada a sus extremos. Para ello, no ha dudado en “olvidar” cosas como la alianza Hitler-Stalin y los muchos puntos de contacto que se daban en la forma de actuación de ambos asesinos. Sin embargo, esa historia falseada que predomina en algunos ámbitos también está olvidando algo más y que tiene mucho que ver con los sindicatos:

Después de la I Guerra Mundial, Alemania caería en una situación económica en la que los billetes no valían siquiera el papel en el que estaban impresos; el desempleo llegó a unos niveles inadmisibles sin que existieran unos mecanismos de protección como los que hoy estamos agotando a cada día que pasa. Mientras tanto ¿qué hacían los sindicatos alemanes? Proteger la posición de los trabajadores, cada vez más escasos, que estaban en grandes empresas. No se puede negar que ese aspecto de la situación se parece bastante a lo que estamos viviendo ahora.

Hitler no llegó de la mano de los grandes potentados sino como consecuencia de una fractura que se produjo entre la clase trabajadora: Los que tenían puestos seguros, bien pagados y con buenas condiciones frente a los que estaban desempleados y no tenían para comer. Esa fractura llegó como consecuencia de una actuación de los sindicatos alemanes de entonces muy parecida a la de los españoles de ahora.

El riesgo de fractura existe hoy en España. No se les puede hablar a los más de cinco millones de desempleados de “derechos de los trabajadores” sin que pregunten “¿Qué pasa con los míos?” y, al mismo tiempo estén viendo la orgía de robo y corrupción en que están enfangados los grandes sindicatos.

Los sucesivos Gobiernos, sean de izquierda o de derecha, han permitido una situación que podían haber cortado cuando hubieran querido: No han querido sacar adelante una ley de huelga, prevista en la Constitución, permitiendo que tomasen la calle a su antojo cuando les pareciese; les han tapado la boca con cantidades ingentes de dinero, sea mediante subvención directa o mediante los llamados cursos de formación que, en muchos casos, ni siquiera se hacían pero se cobraban. Han colocado a los dirigentes sindicales en Consejos de Administración y, por si algo faltaba, les han regalado una representatividad de la que carecen mediante el concepto legal de  “sindicatos más representativos”: Éste permite a los mayoritarios negociar incluso en sectores donde su representación es minoritaria, por ejemplo, la Administración Pública.

Por ese camino no es extraño el nivel de descrédito actual de los sindicatos; incluso parece poco para el que debería tener y eso tiene un enorme riesgo que sólo puede eliminarse mediante la liquidación de las actuales estructuras sindicales y partiendo de cero: Nuevas normas, nuevas organizaciones y nuevas gentes.

La historia está condenada a repetirse si no se recogen sus lecciones y la llegada del nazismo ofrece muchas, ésta entre otras, que han sido sistemáticamente ignoradas. La fractura entre trabajadores sobreprotegidos y desempleados que se produjo en Alemania condujo a una situación explosiva y Hitler sólo representó la cerilla que la hizo explotar.

Para que eso no ocurra, los sindicatos tienen un papel vital…pero no éstos.

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