“Un método peligroso”: Algunas indicaciones para el espectador

Ayer tuve ocasión de ver la película y, a la salida, encontramos que había discrepancia total de opiniones. La razón es bastante sencilla: No es una película que pueda entender alguien totalmente ajeno al desarrollo del psicoanálisis, sus tendencias y su evolución y hay partes de la película que, sin esa información, simplemente no se entienden.

Los personajes principales del psicoanálisis tratados en la película son Freud y Jung, acompañados de dos secundarios -no en la película sino en el desarrollo del movimiento psicoanalítico- y hay muchas situaciones que provocan perplejidad en el neófito. Entre éstas, seguramente no se le escapará a nadie lo inusual de que alguien pueda entrar en un hospital psiquiátrico por la puerta de ingresos y salir de ese mismo hospital por la de personal facultativo como psicoanalista.

Empecemos por una aproximación bibliográfica. Quizás lo más interesante sobre psicoanálisis escritos por no-psicoanalistas viene de Karl Popper y de Peter Drucker:

Karl Popper, al establecer el criterio de falsación, puso al psicoanálisis como ejemplo de algo que no cumplía tal criterio. El criterio de falsación consiste, muy en síntesis, en algo tan sencillo como que no tenemos que buscar motivos que apoyen nuestra hipótesis sino situaciones que demuestren que no puede ser falsa, es decir,jugar experimentalmente a hacer de abogado del diablo para una hipótesis en lugar de ejercer de defensor. En la película pueden verse una serie de situaciones donde no hay ningún tipo de contraste con la realidad sino que cada uno juega a ser más listo, ingenioso o culto que el otro para sacar conclusiones que tienen mucho de bizantinismo puro. Si el espectador se queda pegado a una discusión totalmente abstrusa en lugar de ver ese trasfondo criticado por Popper y cómo en las discusiones se están reflejando las relaciones entre ellos, sin duda se aburrirá.

El psicoanálisis no cumplía el criterio de falsación hasta el punto de que en un experimento pretendieron comprobar una hipótesis y salió lo contrario de lo que esperaban. En lugar de rechazar la hipótesis, fue aceptada añadiéndole el concepto de “formación reactiva” para justificar los resultados adversos.

Peter Drucker, en su autobiografía “Mi vida y mi tiempo”, contaba cómo su familia conoció en Viena a la familia de Freud y dedica un capítulo al personaje. Es excepcional y quizás lo más llamativo es su comentario y explicación acerca de que Freud no fue ignorado sino rechazado por los propios judíos a los que él buscaba asimilarse. No se trataba de disputas científicas sino de un concepto llamado “ética del curador” que aplicaba a todos los médicos y que Freud rompió con su insistencia en el cobro de toda actividad. Hay una escena en la película en que, tras herir a Jung, su paciente devenida psicoanalista le deja el dinero encima de la mesa y hace referencia a esa importancia del dinero en el ámbito psicoanalítico.

Drucker destroza, con datos, la idea que siempre lanzó Freud sobre sus problemas financieros y, como puede apreciarse en varias secuencias de la película, éste fue otro de los motivos de fricción con Jung, casado con una multimillonaria y con acceso a un nivel de vida envidiado por Freud.

En cuanto a las diferencias entre Freud y Jung, son tratadas a retazos pero hay grandes diferencias tanto en personalidad como doctrinarias: Tras una discusión entre ambos, Freud sufre un desmayo, cosa que según diversas fuentes era habitual si alguien osaba llevarle la contraria y esto fue lo que Jung no aceptó: Que Freud se colocase en una posición en una especie de podium para mirar a los demás de arriba abajo; hay también una escena de interpretación de sueños donde Freud se niega a revelar los suyos precisamente para mantener esa situación especial y, como más adelante se dice en otra escena, Jung no lo aceptó y ahí comenzaría la división. Los episodios de interpretación de sueños son frecuentes y, lo mismo que los análisis, pueden resultar aburridos si no sirven como ilustración de la relación enfermiza que se daba entre los protagonistas.

La discusión sobre Akenathon puede resultarle de interés a cualquiera que haya leído “Sinuhé el egipcio” de Waltari que, por cierto, tiene muchos puntos de contacto con una de las obras más conocidas de Freud, “Moisés”, que era sobre la que versaba la discusión aunque nunca llegó a nombrarse en ella.

La diferencia fundamental, sin embargo, viene en el énfasis en la sexualidad. Para Freud, la sexualidad era el motor que movía el mundo mientras que Jung empezó a moverse por otros terrenos que acabarían entrando en contacto con la filosofía oriental. Su idea, repetida varias veces de que “no creía en la casualidad” no dice nada a quien no conozca ese contexto donde Jung estaba apuntando a nociones como la sincronicidad derivada del inconsciente colectivo.  Ése fue el motivo doctrinario de la ruptura final y no queda bien reflejado.

Espero que estos breves apuntes puedan servir para que los menos familiarizados con este entorno disfruten una película en la que, por cierto, la actuación de los cuatro principales personajes es magnífica.

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