Gracias, Zapatero…sin sorna ni aprecio

Posiblemente Zapatero, cuando se marche a su casa, piense que la historia lo reivindicara como el presidente de los derechos. Es muy poco probable; seguramente cualquier análisis futuro se centrará en saber cómo es posible que, a través de una serie de carambolas, alguien sin preparación ni experiencia algunas llegue a la presidencia de un país. Por añadidura, ello ocurrió sin ningún tipo de derecho dinástico y a través de mecanismos presuntamente democráticos.

Hay mucho que analizar tanto en eso como en los mecanismos por los que tanta gente negó de puertas afuera una realidad visible a todos y vendió a un insensato sectario como un visionario providencial.

Son muchos los españoles que creen que hay pocos motivos de aprecio a Zapatero y así lo han demostrado en las urnas castigando al candidato del PSOE cuya presencia en el gobierno de Zapatero inevitablemente le ha relacionado con él. Rubalcaba recibió una bofetada destinada a Zapatero y sus partidarios por acción u omisión.

A pesar de todo, queda un motivo de agradecimiento a Zapatero que, desde luego, no es el que él creería:

Su comportamiento ha puesto en evidencia a todas las instituciones imaginables, desde la Monarquía a los partidos políticos pasando por los sindicatos, el Tribunal Constitucional, la Administración de Justicia y, por supuesto, los Gobiernos tanto central como autonómicos. Ha bastado un insensato para hacer visible que la cacareada democracia española tenía los pies de barro al obligar a muchos a mostrar qué es lo que realmente llevaban dentro.

El “poder moderador” ha llegado hasta el extremo de alabar públicamente al más incompetente de los presidentes españoles desde 1977 contrastando esto con su silencio ante tantas ocasiones como ha tenido para hablar y exigir un poco de cordura. La guinda la han puesto las corruptelas que afectan ya a la familia más cercana. ¿Para qué sirve la Monarquía?

¿Qué decir del Tribunal Constitucional y su voto por ganaderías en asuntos como el Estatuto de Cataluña? Curiosa independencia la de un tribunal del que se sabe cómo va a votar simplemente conociendo qué partido ha nombrado a sus componentes. Por añadidura, se ha arrogado un papel de “Tribunal Supersupremo” y son ya bastantes las veces que un tribunal absolutamente politizado como el Constitucional ha contradicho al Tribunal Supremo que, politizado como toda la Administración de Justicia, no llega a los niveles del Constitucional en ese punto. ¿Para qué sirve el Tribunal Constitucional?

Todos sabíamos que la ley electoral es injusta pero nunca como ahora se ha alcanzado el nivel de indignación popular en relación con tal ley. Todos los presidentes anteriores habían sido rehenes de los nacionalistas pero ninguno había llegado a los extremos de Zapatero. La mera observación de que a los partidos nacionalistas, cuya conducta parasitaria ha sido más evidente que nunca, les sale un diputado mucho más barato en número de votos que a partidos nacionales menores ha sido bastante para provocar esa indignación. ¿Cuándo se cambia la ley electoral?

Si alguien tenía confianza en la Administración de Justicia, las sombras del 11M,  las certezas de actuaciones como la de Garzón y las actuaciones de la Fiscalía General del Estado, entre otras, han hecho reclamar con más fuerza que nunca que los partidos saquen las manos de la Administración de Justicia y que ésta sea, como manda la Constitución, un poder independiente. No es fácil dada la cantidad de nombramientos de carácter político no sólo para los órganos de gobierno sino nombramientos de jueces a través del llamado cuarto turno. Sin embargo, si pudo cambiarse la Administración de Justicia procedente del régimen de Franco ¿por qué no se va a poder cambiar ahora?

Los gobiernos autonómicos, especial pero no exclusivamente los dirigidos por nacionalistas, se han mostrado como una casta parasitaria capaz de llevar al país en su conjunto a la ruina si no existe nadie que les pare…y Zapatero nunca ha puesto el menor interés en ello sino que los ha utilizado para conseguir apoyos a cambio de un mayor deterioro de la situación. El despilfarro producido por estas castas por sí mismas y a través de empresas públicas o de cajas de ahorros utilizadas para aparcar políticos o pagar favores es una de las razones que nos ha llevado a la situación actual.

Los sindicatos han hecho gala de un estruendoso silencio mientras el desempleo crecía hasta los niveles actuales. Unos sindicatos convertidos en ministerios paralelos y que viven de fondos públicos, gracias al favor de Zapatero, han alcanzado un nivel de descrédito inimaginable hace unos años. Los sindicatos han demostrado claramente con quién están; no están con los trabajadores y especialmente no están con los trabajadores en paro  sino con un Gobierno que les ha permitido campar a sus anchas y ha permitido que la vergüenza pública de los llamados “liberados” se cuente por cientos de miles ¿Para qué sirven estos sindicatos?

Naturalmente, quien más daño ha recibido ha sido su propio partido al sustituir el concepto de izquierda por el de “progresía” a través de políticas de gestos vacías pero no inocuas consistentes en proteger a los más ruidosos olvidándose del resto. Sirva de ejemplo -sólo uno- el hecho de que las operaciones de cambio de sexo vayan a cargo de la Seguridad Social pero no las ortodoncias. A medida que la crisis ha ido profundizando, más y más gente ha empezado a ser consciente de que los “derechos” de unos son pagados por otros a costa de los propios -por ejemplo, permisividad con okupas- o a través de impuestos y se empieza a cuestionar cuáles son los derechos que realmente merecen ser financiados por todos y cuáles son y deben quedar como una declaración de intenciones que oriente las políticas, no como algo que el Estado tiene que proveer a su costa.

Mucha gente, a la vista de los resultados electorales, pensará que el partido se lo merece tanto por acción como por omisión durante la etapa zapateril; sin embargo, el resto de las instituciones mencionadas se han hecho igualmente merecedoras del descrédito y por los mismos motivos. En estos días se está hablando de la necesidad de que el PSOE cambie desde los cimientos o desaparezca. Cierto es pero la época de Zapatero ha servido para sacar a la luz que no es sólo el PSOE lo que tiene que cambiar en España desde los cimientos. Muchas más cosas, entre ellas los ejemplos citados, también.

Eso y no otra cosa será lo que le deberemos a Zapatero en el futuro: Dejar a todos en evidencia y hacer más imperiosa la exigencia de cambio.

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