¿Tenemos por delante un estallido social?

El análisis de Luis del Pino no parece muy descaminado: El previsible estallido social y cada día que va pasando nos trae más hechos que invitan a pensar en esa posibilidad:

Sentencias del Tribunal Constitucional que avergonzarían a un estudiante de primero de Derecho, reflotamiento con dinero público -que, como decía Carmen Calvo, parece que no es de nadie- de Bancos y, sobre todo, de Cajas de Ahorros tomadas por políticos y sindicalistas que se van con indemnizaciones multimillonarias como premio por su atraco, amigos del poder como la SGAE dedicados a llevarse el dinero con pala sin reparar en los medios para conseguirlo ni de quién ni por qué lo consiguen. El robo y la violencia, juntos o por separado, son legitimados cuando son cometidos por los propios y, si hace falta, se incumplen sentencias judiciales (jornada de reflexión en mayo)  o se les busca la bendición del TC  (Bildu o sindicalistas).

La otra cara de esa moneda la conforman cinco millones de parados, muchos de ellos desesperados, a punto de quedarse sin ningún tipo de prestación y que no se ven defendidos por una mafia sindical ajena a ellos y sin más función que servir de brazo armado de los partidos políticos afines, con un Estado endeudado y con necesidad de recortar -salga quien salga en las elecciones- hasta el hueso por lo mucho que se ha robado, sentencias judiciales escandalosas, mafias localistas cuya única aspiración es llevarse todo lo que puedan y a las que se les ha dado todo lo que han tenido a bien pedir, privilegios autoconcedidos por políticos que parecen no encontrar lujo innecesario si se trata de ellos…

En una palabra, hay una situación explosiva y todos aquellos que por posición  institucional deberían reconducirla se han estado dedicando durante años a encender cerillas y podemos llegar a que muchos se pregunten para qué o para quién pagan impuestos mientras la situación para los parados se deteriora cada vez más y los antisistema se dedican a lo suyo y son utilizados por los que no hayan sido capaces de llegar al poder por las urnas.

Bien está, como decía Luis del Pino, que los políticos se preocupen por la eventualidad de un estallido social. Lo que no es admisible es que lo vean como algo tan ajeno a ellos como una plaga de langosta llegada de no se sabe dónde. Si el estallido finalmente se produjera, a los primeros que habrá que señalar como culpables es precisamente a los miembros de las castas política y sindical, valga la redundancia, sus corruptelas, sus choriceos, su conversión de la justicia en un sistema donde lo que prima es a qué ganadería pertenece el juez sobre cualquier otra cosa y su mirar para otro lado ante el robo o la violencia de los afines.

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