“No hay pan para tanto chorizo” #15M y lecturas para una acampada.

La frase, que ha llegado a convertirse en una de las más conocidas del #15M es ingeniosa y hasta podría acercarse más a la realidad si cambian la preposición “para” por la preposición “por”.

Las enmiendas a la totalidad, sin embargo, suelen acabar muy mal y ser instrumentadas por terceros: Las “SA” les vinieron muy bien a los nazis hasta la “noche de los cuchillos largos” del mismo modo que los estudiantes que reclamaban democracia vinieron muy bien a los integristas que acabaron poniendo a Jomeini y liquidando a los ruidosos que, involuntariamente, les ayudaron a llegar al poder.

Los que se hacen llamar “indignados” han tomado ese nombre precisamente del libro de Hessel “Indignaos“, cosa que ya bastaría para ponerle una señal de precaución al movimiento resultante de tal engendro político y literario.

Hessel vende bien sus argumentos pero tienen muy poca base y, sin embargo, hay sobrados motivos para indignarse, no necesariamente los que dice Hessel. Puesto que todavía quedan algunos campamentos, me permito recomendar a los “Indignados” algunas lecturas tanto para el campamento como para los recorridos en autobús para las invasiones de Madrid anunciadas:

La sociedad abierta” de Karl Popper, “El conocimiento inútil” de Revel y “Camino de servidumbre” de Hayek. Para los ratos en que se quiera algo menos denso, puede bastar “Rebelión en la granja” de Orwell. Como ocurre con los productos farmacéuticos, estos libros no son inocuos y podrían tener como efecto secundario el abandono de la acampada. Probablemente mantendrán o acrecentarán la indignación pero, a lo mejor, empiezan a estar indignados por otros motivos.

Es cierto que hay países que se han gastado lo que no tienen pero, si un país decide poner al frente a un imbécil manirroto, quien ha prestado el dinero no tiene la culpa y pide lo que en derecho le corresponde y, en caso contrario, nos esperará a la vuelta de la esquina. No nos olvidemos de que los derechos sociales con que se llenan la boca los políticos los paga alguien y ese alguien, tanto si es del país como si es extranjero, también tiene algo que decir en lo relativo a su dinero. Nadie puede esperar endeudarse hasta las cejas y después clamar por la injusticia de tener que pagar basándose en que han sido otros los que se han endeudado por su cuenta.

La frase del titular da una pista de un posible plan de acción: Disminuir el número de chorizos. Para ello, nada mejor que exigir la independencia efectiva del poder judicial, las listas abiertas, la transparencia en la administración y, cuando proceda, la exigencia de responsabilidad penal.

Sólo con eso ya habría toda una revolución y, además, encaminada en el sentido correcto. Lo demás no deja de ser ruido y aumentar las posibilidades de acabar como la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler o el Irán de Jomeini. Como decía el padre Arzallus, unos mueven el árbol y otros cogen las nueces. Seguro que hay candidatos a coger las nueces mientras los “indignados” mueven el árbol.

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