#Democraciarealya : Las manos que quieren mecer la cuna.

A medida que pasan las horas, hay más datos y más confusos sobre la evolución de “Democraciarealya”. Algún periodista que ha tratado de ponerse al frente de la manifestación -curiosamente de un medio especialmente afin al Gobierno y aún más especialmente afín a su presidente- contaba que las acusaciones de que no había un programa eran falsas. Tenía razón: No hay uno; hay doscientos y contradictorios entre sí.

Otro periodista, afin al partido del Gobierno pero no al Gobierno en sí mismo, nos daba “claves” y, entre ellas, nos contaba cómo en el PSOE el problema son los dirigentes mientras que en el PP lo malo es el partido en sí mismo. En realidad, el problema podría ser la clase política en conjunto y cómo se ha conformado una casta totalmente aparte y ajena a los problemas de sus teóricos representados pero eso no es algo que le intereses a nuestro periodista, que defiende unos intereses muy concretos, intereses que más que siglas llevan nombre y apellidos.

No se puede salir corriendo en todas las direcciones a la vez pero parece que la diversidad de planteamientos que se han agrupado bajo el paraguas de “Democraciarealya” ha conducido precisamente a eso. Cuando ocurre así, suelen ser los antisistema y los más radicales los que se hacen con el cotarro. No sé si vale la pena recordar que lo que derivó en una República Islámica -bonito modelo democrático- se inició como una más que justa y justificada protesta en contra del dictador Reza Pahlevi…para acabar trayendo a otro peor.

Estoy tentado de darle la razón a Esperanza Aguirre cuando dice que “si la derecha no funciona se cambia de gobierno y si la izquierda no funciona se quiere cambiar el sistema”. Algo hay de eso pero hay algo más: Si mientras las cifras de desempleo se van a las nubes, el partido de Esperanza Aguirre opta por la inacción cuando no por el acuerdo ¿no hay una parte de corresponsabilidad?

Cuando se habla de los privilegios de los políticos ¿no participan de ellos y votan que no cuando se trata de retirarlos? ¿No han participado en el enjuague de las cajas de ahorros y en la defensa numantina de los Bancos frente a los endeudados?  Cuando critican una sentencia del Tribunal Constitucional, están en su derecho y no hay nada “sacrosanto” como decía su presidente ni hay que presuponerles independencia puesto que votan en función de la ganadería a que pertenecen pero  ¿no politizaron hasta extremos vomitivos la justicia, incumpliendo su programa electoral, mediante un acuerdo entre los dos grandes partidos? ¿No aceptaron hace poco la renovación de ese mismo Tribunal Constitucional al que critican?

Esperanza Aguirre puede tener toda o parte de la razón pero hay mucho que criticarle a su partido, especialmente haberse tragado el mensaje de su aprendiz de brujo oficial, de “Para ganar, no tienes que hacer nada: Perfil bajo, Mariano” y haber actuado en consecuencia, callando cuando no asintiendo. Pocos mensajes más cómodos y más falsos que ése pero, además de eso y aún peor, su aceptación deja en evidencia que se subordinan los principios a la conveniencia electoral. El mensaje de Groucho de “estos son mis principios y, si no le gustan, tengo otros” ha calado en toda una clase política, cada vez más desconectada y viviendo en su mundo de privilegios pagados por todos.

Hay motivos para la protesta y para la indignación pero no todos tienen el mismo grado de responsabilidad: A ver si al final se va a dejar que se coloque a la cabeza de la manifestación el que más motivos ha dado para esa protesta y esa indignación. Los distintos manifiestos que van saliendo tienen puntos comunes con programas de distintos partidos -¿casualidad o están ahí “las manos que mecen la cuna”?- pero, en este momento, precisamente por ese intento de rentabilizar las movilizaciones desde distintos partidos políticos, la disgregación es un escenario más que probable.

Si la disgregación se produce, su más probable resultado sería que la calle, con la ya anunciada aquiescencia del Ministerio del Interior, quedaría en manos de los más radicalizados, antisistema o “perroflautas”, elija cada cual la denominación que prefiera  mientras que los demás, los que están hartos de una situación pero no compran determinado tipo de motos ni tienen intención de dejarse manejar,  se lanzarían a su casa a fundir el Twitter.

La única solución posible para que eso no ocurra pasaría por exigir un mínimo común denominador en el que pudieran estar todos de acuerdo y, además, lo hay:

  1. Cambio de ley electoral con circunscripción única en todo el territorio, de forma que todos los votos valgan lo mismo y se eviten chantajes.
  2. Listas abiertas de los partidos para asegurar que sus candidatos responden ante el ciudadano y no ante su jefe.
Incluso temas tan relevantes como la separación de poderes acabarían llegando de la mano de esas dos simples medidas. Sólo con eso, la “democraciarealya” estaría en camino. Entrar en más detalles programáticos, afines a unos u otros partidos o incluso sacar cosas que no vienen a cuento como lo del concordato con el Vaticano o el sueldo de los banqueros, sólo puede servir para romper un movimiento o que sea instrumentado por el más listo y,  cuando se trata de manipulación…casi todos le pondríamos el mismo nombre. ¿Es eso lo que se quiere?  Algunos, entre otros los dos personajes citados sin nombre al principio, seguro que sí. Muchos otros, no.
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