¿Vivimos en un mundo más seguro?

La mezcla de júbilo y críticas por la muerte de Osama ben Laden en una acción militar invita a hacerse esta pregunta. Sé que no soy original y que ha sido un tema muy debatido estos últimos días pero no sé si se están utilizando los argumentos correctos para una y otra posición.

Los que opinan que el mundo es más seguro sin ben Laden se basan en el viejo dicho “Muerto el perro, se acabó la rabia”, dicho que en algunos casos ha funcionado. Tenemos, por ejemplo, el caso de la Baader-Meinhoff donde un más que conveniente suicidio en la cárcel de sus dirigentes acabó con el terrorismo en Alemania. Más cercano a España, tenemos el caso del MPAIAC, causante indirecto del accidente de Los Rodeos, en que un atentado contra su líder, Antonio Cubillo, fue suficiente para que desapareciese del mapa. Pueden, por tanto, darse casos en que la desaparición del líder provoque la disolución del movimiento.

Por el otro lado, tenemos casos en que el líder se convierte en mártir de una causa y le da a ésta más fuerza. Tenemos también ejemplos como el caso de Emiliano Zapata en México, el del comandante Riego en España y tantos otros que, llegado un momento, son mas valiosos en su papel de mártires que en el de revolucionarios en activo.

Estamos, por tanto, en el terreno de lo opinable: ¿Era ben Laden tan importante para AlQaeda? ¿desaparecerá AlQaeda con él o lo convertirán en mártir y les dará nuevos bríos? Cuando los americanos tratan de explicar el exquisito respeto con que han tratado el cadáver y cómo se han deshecho de él conforme a los ritos islámicos, lo hacen simplemente porque tratan de evitar el segundo escenario y no por un hipotético respeto por el enemigo caído en combate.

Hay cosas, sin embargo, que están fuera del terreno de lo opinable: Desde la descomposición de la Unión Soviética hubo numerosos científicos que, sin más motivo que el universal vicio de comer todos los días, vendieron su saber al mejor postor. Gracias a ello, es fácil conseguir un ejército de un solo hombre con un armamento biológico, químico o nuclear suficientemente letal para representar una amenaza real. ¿Qué pueden hacer frente a eso grandes ejércitos? Quizás los servicios de inteligencia puedan hacer algo más pero ¿son sus redes suficientemente tupidas como para cazar ese tipo de actores sin que, a la vez, se produzca una anulación real de la libertad para el ciudadano corriente?

Con ocasión del 11S, se criticó a la CIA por su inutilidad aludiendo a la cantidad de información que tenían previamente. Por desgracia, es muy fácil profetizar el pasado porque ya sabemos cuál fue la cadena causal que funcionó; con el futuro es un poco más difícil porque, entre otras cosas, es necesario filtrar e interpretar la información y el problema de cualquier servicio de inteligencia no es la falta de datos sino el exceso de indicios que pueden apuntar en todas las direcciones imaginables.

Por ese motivo, no se puede considerar que la desaparición de ben Laden implique que el mundo sea más seguro: Con él no ha desaparecido la posibilidad de utilización de armamento fácil de manejar, que ocupa poco espacio y mortífero por poca gente y con escasa formación.

¿Implica esto que la muerte de ben Laden sea inútil? De ninguna forma; en estos días nos estamos enterando de que, sin lugar a dudas, el Gobierno pagó el rescate de un atunero -llamémoslo “semivasco” tanto por su matriculación como por la composición de su tripulación- a piratas somalíes y que, incluso, no utilizó la oportunidad que tuvo para atacarlos debido a una orden directa recibida por los militares. ¿No es un mensaje de invitación al siguiente secuestro? La muerte de ben Laden también manda un mensaje al próximo ben Laden y, probablemente, ese mensaje sea mucho más adecuado para la seguridad de todos que el enviado por el Gobierno español.

A pesar de todo, la combinación de armamento pequeño y mortal utilizado por poca gente sigue estando ahí. Mientras esto sea así, siempre habrá gente dispuesta a utilizarla, sean cuales sean sus motivos. Probablemente eso hará que tengamos que acabar renunciando a parcelas de libertad individual -esperemos que las menos posibles- porque el mundo del futuro será más seguro o, simplemente, no será. Einstein dijo que no sabía qué armas se utilizarían en la III Guerra Mundial pero la cuarta si libraría con palos y piedras. Pues eso.

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