Marketing de “hombre-anuncio” en la época Web 2.0

Es probable que todavía no se haya llegado a conocer toda la trascendencia de un modelo de Internet donde cada uno, en lugar de limitarse a escuchar, puede pasar a ser una fuente de contenidos y la eventual prueba de ello sería que aún hablamos mucho de Internet:

¿Alguien imagina comprar un periódico para encontrar que los artículos más leídos y a los que se dedica más espacio se refieren a técnicas de impresión, a las ventajas de la impresión digital, a la diferente visibilidad de las páginas pares o impares, a cómo hacer un buen titular, con qué tipo de letra y dónde colocarlo en la página, al uso de las columnas en edición…? Eso que no ocurre en la prensa porque es un sector maduro -algunos dirían “podrido” refiriéndose tanto a su capacidad actual para competir con otros medios como a otros asuntos- sí ocurre en Internet: El principal tema de conversación en Internet es…Internet.

La principal tarea de muchas empresas parece que está en manejar adecuadamente los parámetros SEO -si se prefiere, cómo engañar a los buscadores para aparecer en los primeros lugares- o en tener un sitio web atractivo y otros asuntos de parecido nivel. Todavía son muchos los que tratan de vestir lo mejor posible el escenario donde pretenden desarrollar su actuación y no se han enterado de que el público agradece un lugar calentito y cómodo dónde discutir pero ya no admite que nadie se apropie del escenario: Cuando alguien quiera decir algo, que se suba pero, a continuación, le piden que se una a la discusión y que no intente imponer los términos de ésta teniendo como todo argumento el que dispone de un megáfono.

Todas las triquiñuelas que puedan utilizarse en los ámbitos de posicionamiento son útiles cuando son realizadas por alguien con habilidad pero tienen corto recorrido; son el equivalente de alguien que utiliza hombres-anuncio y su concepto-clave de marketing es el de mejorar el cartel. El cartel podría estar bien pero no va a ser lo determinante: Cuando alguien, a la vista de todo el público, aborde al hombre-anuncio y le critique el funcionamiento del producto que anuncia o le sugiera una idea de mejora o le pregunte por una característica o le haga una reclamación, su capacidad para afrontar ese nuevo reto va a ser mucho más valiosa que todos los carteles del mundo.

Éste es un simple hecho del que parecen no darse cuenta muchos de los que dicen hacer Marketing para la Web 2.0: No hay púlpito ni escenario y, si lo hay, es de uso compartido y nadie puede apropiárselo. Quien de verdad quiera hacer Marketing en ese nuevo entorno, mejor que esté dispuesto a bajar al patio de butacas: Es ahí donde está la actuación de verdad.

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