Mi 23F y la huella del 23F en la política actual

No voy a decir que el 23F fuera pequeñito o que no hubiera nacido porque sería quitarme unos cuantos años pero, como todos, era 30 años más joven que hoy.

Mis recuerdos no coinciden mucho con los del libro -regular tirando a malo- de Javier Cercas sino que son mucho más de la vida diaria aunque los años transcurridos muestran que el 23F sigue aún pesando en España; no en el sentido de las adhesiones inquebrantables (¿de qué me sonará eso?) que hoy todo el mundo, incluso los que más la dañan, proclaman respecto de la democracia sino que ahí se encuentra en parte el germen de una democracia abortada en partitocracia, es decir, la española.

En 1981 no se puede decir que existiera una gran conciencia política. Los “concienciados” se comportaban con frecuencia de una forma reflejada con gran fidelidad en la parodia de “La vida de Brian” y los demás estábamos bastante ajenos, tan ajenos que el 23F, tras sucesivos intentos fallidos, había quedado para cenar con una amiga y no se me ocurrió cancelar la cena. Ni que decir tiene que tuvimos todo un restaurante -el “Azaya” de Mataelpino- para nosotros solos  y que, más tarde, al llevarla a su casa pasamos por Cibeles a la 1 de la mañana, junto a las vallas del paseo del Prado donde estaba ya cortado el tráfico. La cosa no acabó ahí; al día siguiente se iniciaba un congreso de psicología en Alicante -do Milans del Bosch reinaba- y, una vez que el sainete acabó, nos fuimos para allá. Creo que nunca había visto antes ni he vuelto a ver esa carretera tan vacía de tráfico.

Lo anterior entra en ese apartado de recuerdos chuscos que todos tenemos y que, en este caso, queda amplificado por el acontecimiento externo. Sin embargo, el 23F ha tenido mucho más efecto del que podría suponerse y sólo hace unos días Alberto Recarte, en una conferencia sobre la necesidad de un cambio constitucional lo apuntaba:

Toda democracia se sustenta sobre una separación de poderes; sin embargo, si un legislativo o un ejecutivo sabe que sus esfuerzos pueden ser torpedeados desde un poder judicial procedente en gran parte del antiguo régimen, simplemente evitan esa separación. Al hacerlo, mejoran la posibilidad de llevar a buen puerto sus propios fines pero también se cargan cualquier posibilidad de democracia futura.

Ejemplo: La entonces “Alianza Popular”, en minoría en el Congreso, torpedeaba toda iniciativa legislativa mediante el recurso previo de inconstitucionalidad, que impedía que cualquier ley entrase en funcionamiento mientras ese recurso no se resolviese. ¿Cuál fue la respuesta del PSOE, con mayoría absoluta? Suprimir el recurso previo de inconstitucionalidad y politizar hasta extremos entonces inimaginables el Tribunal Constitucional. ¿Consecuencias? Entre otras, que hayan podido salir adelante engendros como el Estatuto de Cataluña y conductas por parte del Fiscal General del Estado -actual y pretéritos- que en una democracia auténtica habrían conducido a su destitución si no directamente a la cárcel.

El 23F reforzó ese estado de cosas: La mayoría absoluta del PSOE fue la forma de decir “ya está bien; esto tiene que acabar” y lo que entonces se llamaba el “rodillo socialista”, dirigido fundamentalmente por la mano de Alfonso Guerra, funcionó a discreción y consiguió su objetivo: Acabar con ese estado de cosas; lamentablemente, como el propio Guerra dijo de forma bastante expresiva, “Montesquieu ha muerto” y con él murió la separación de poderes…y la democracia.

Probablemente, Alfonso Guerra pensó que era muy creativo pero, mucho antes que él, la doctrina de que cada institución tenía que reflejar las mayorías del órgano legislativo fue utilizada por Hitler como herramienta para hacerse con el poder absoluto. El 23F reforzó la idea de “con esta gente no se puede hacer nada” y las medidas que se tomaron para asegurarse un margen de maniobra aseguraron también, conjuntamente con una demencial ley electoral y con la creencia entonces extendida de que estar, haber estado o decir que se había estado en contra de Franco otorgaba patente de demócrata, aseguraron que no era posible una democracia en España.

Se puede culpar de muchas cosas pasadas y actuales al PSOE pero es probable que, tras un 23F, cualquier partido en el gobierno, salvo que se hubiera tratado de una asociación de nostálgicos del franquismo, se hubiera comportado de una forma muy similar. Más tarde, cuando gobernó el PP, incumplió su promesa electoral de recuperar la división de poderes dejando las cosas como estaban en un momento en que ya no existía la justificación del pasado y sobre el momento actual poco puede decirse.

Ésa es la huella del 23F: Se intentó prevenir cualquier intento de torpedear el poder por parte de los nostálgicos del franquismo y, para ello, se utilizaron instrumentos que dañaron cualquier posibilidad de conseguir una democracia plena. Aún estamos pagando esa factura y, al menos entre los principales partidos, parece que todos asumen esa cuota como parte del paisaje. Ninguna denuncia; ningún intento de conseguir una democracia plena. Al fin y al cabo, a ellos les va bien.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s