Convergencia tecnológica: ¿GPS o “Smartphone”?

Conducir por una ruta desconocida o, más aún, entrar en una ciudad grande que no se conoce sin un GPS es algo que muchos conductores ni siquiera contemplan como posibilidad. Sin embargo, a los GPS de automóvil les ha surgido una durísima competencia en forma de “smartphones” o de “tablets” de pequeño tamaño que, en determinados sitios, se permiten incluso mejorar los resultados de los GPS en navegación.

Hace unos meses tuve la curiosa y algo inquietante experiencia de comprobar que el GPS se perdía en el centro de Boston. Creo que no hace falta explicar demasiado qué tiene de inquietante la experiencia de encontrarse extraviado en un automóvil en el centro de una ciudad grande pero quizás resulte más interesante explicar por qué el GPS se perdía…y por qué los “smartphones” no lo hacían a pesar de que, en su caso, el GPS es un accesorio teóricamente menor:

El GPS necesita “ver” el cielo y captar varios satélites para ser capaz de determinar una posición. Una vez determinada ésta, si el vehículo no está en movimiento, puede no saber exactamente dónde está si, por ejemplo, está detenido en una esquina. A pesar de que algunos modelos añaden un sistema más o menos rudimentario de navegación inercial que les permite mantener la navegación por túneles o lugares donde no cabe la recepción del satélite, esta prestación también necesita como punto de partida una posición y una orientación correctas. En Boston, y probablemente en muchas otras ciudades, hay una combinación mortal para un GPS: Edificios altos en calles relativamente estrechas y arboladas y ciudad llena de túneles. Dicho de otra forma, el GPS ve poco cielo en el centro y tiene pocas oportunidades para orientarse y, en consecuencia, se pierde y hace que se extravíe su confiado usuario.

¿Por qué un “smartphone” da mejor resultado en ese entorno? Porque tiene su secretito consistente en utilizar las torres de telefonía móvil para situarse por triangulación (como en las películas de la II Guerra Mundial para localizar desde donde emitía la radio del espía) y, de esa forma, conseguir con bastante rapidez una posición muy aproximada y sin necesidad de ver el cielo. Cualquier usuario de GPS habrá comprobado que, si lo apaga en un punto y lo enciende en otro, el GPS tarda en establecer la localización mientras que, por el contrario, el “smartphone” lo consigue casi inmediatamente gracias a su “información privilegiada” procedente del posicionamiento utilizando las torres de telefonía móvil.

A medida que los “smartphones” van teniendo más posibilidades, mayores pantallas, etc. va surgiendo una pregunta que incomodará mucho a los Tom-Tom, Garmin, Magellan y otros: ¿Por qué pagar por un GPS más las actualizaciones de cartografía cuando un “smartphone” me va a dar una posición más rápidamente, con independencia de que los satélites sean o no visibles y, además, con acceso a cartografía gratuita como la de Google Maps? En un momento en que los teléfonos o “tablets” pueden tener pantallas tan grandes o mayores que las de un GPS sólo se encuentra un motivo válido: En ausencia de conexión a Internet, el GPS funciona correctamente; el “smartphone” puede darnos unas coordenadas geográficas pero no la cartografía puesto que ésta no la tiene cargada sino que se encuentra en Internet.

Ésta es la situación actual que, en buena lógica, debe caminar hacia una convergencia todavía mayor: Si los GPS quieren permanecer en el mercado y no ser barridos por los “smartphone”, deberán incluir sistemas de localización complementarios al satélite y ello nos puede llevar a sistemas muy parecidos a la telefonía: Aparatos de precio reducido pero con una cuota mensual que permita el acceso a una red telefónica para el posicionamiento y para tener una base de datos siempre actualizada, utilizando por defecto la existente en Internet y, en ausencia de ésta, la almacenada en el dispositivo.

¿Cuál puede ser el siguiente movimiento de los “smartphones”? Tener la cartografía almacenada en el aparato para eliminar el inconveniente que actualmente tienen con respecto a los GPS. Sin embargo, eso puede significar incluir en los contratos cuotas derivadas de la actualización de la cartografía.

¿Cuál puede ser el siguiente y posiblemente último movimiento? Unificación de dispositivos. Algunos GPS ya disponen de la posibilidad de ser utilizados como “manos libres” pero el paso siguiente sería fabricar dispositivos con todas las capacidades de un teléfono y poder así disponer de teléfonos Garmin o Tom-Tom o de GPS Samsung o Nokia. Cualquier otra opción significaría la desaparición en el medio plazo del GPS como dispositivo. Su aportación sobre los “smartphones” actuales es escasa; sobre un “smartphone” evolucionado y con su propia base de datos de cartografía sería totalmente nula.

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