“Indignaos” o “Indignez vous” de Stephane Hessel: Contrapunto de Jean François Revel ( #democraciarealya #15m #indignados )

“Indignez vous” o “Indignaos” ha resultado un éxito editorial inesperado para un libro que, como su título indica, representa un puñetazo en la mesa y un “Basta ya” acerca de muchos de los males de que se ven afectadas la política y la sociedad actuales. Recuerda mucho, más por contraste y contigüidad que por semejanza, al puñetazo en la mesa de su coetáneo recientemente fallecido Jean François Revel, quien también estuvo en la Resistencia francesa y escribió “El conocimiento inútil”, casi con toda probabilidad su obra más notable de pensamiento político y destinada a ser un auténtico hito en cuanto a desenmascaramiento se refiere.

En un momento histórico en que muchos se tragaron la historia de que nazismo y fascismo no eran más que la política derechista llevada a sus últimas consecuencias, parecía lógico que alguien que hubiera estado en la resistencia contra los nazis acabase militando en partidos de izquierda y así ocurrió tanto con Hessel como con Revel, quien llegó a ir de candidato con Mitterrand. Sin embargo, con el tiempo empezarían a aparecer algunas identidades incómodas gracias a la obra, entre otros de Hayek y del propio Revel: Hayek hace un magnífico análisis sobre la génesis del nazismo y muestra en su “Camino de servidumbre” cómo y por qué el nombre -nacionalsocialismo- no es en absoluto accidental; Revel se sorprendería del escaso eco que se le dio a noticias inconvenientes como la cercanía a los nazis de George Marchais, secretario general del Partido Comunista Francés durante muchos años y la aplicación en la condena a los nazis por parte del mentor de Hessel, Jean Paul Sartre que, cuando se trataba de Stalin, prefería mirar hacia otro lado. Hechos descubiertos posteriormente como la atribución a los nazis de la masacre de Katyn, cuya autoría correspondió al ejército de Stalin, no harían más que certificar las tesis de “El conocimiento inútil”.

Es posible que, como dice el título del libro de Hessel, haya motivos para indignarse pero también es posible que la indignación la esté dirigiendo en la dirección equivocada. Cuando dirige su indignación hacia la cuestión palestina y la situación que se arrastra desde 1948, tal vez se le olvida a Hessel que la misma resolución de Naciones Unidas que creaba el estado de Israel creaba el estado palestino y que ese estado no existe porque los palestinos, mal aconsejados por los países árabes vecinos convencidos de que podrían echar al mar a los judíos, renunciaron. La indignación de Hessel contra los nazis parece que tampoco se extiende a sus aliados como, por ejemplo, el Gran Mufti de Jerusalén, tío de Arafat y que colaboró activamente con los nazis siendo uno de los grandes misterios de la historia por qué se libró de los juicios de Nuremberg.

Sin duda, hay motivo para indignarse contra los nazis pero Hessel, al igual que su mentor, pasa de puntillas sobre toda la historia de la Unión Soviética y, en particular, de Stalin. ¿No le merecen el mismo grado de indignación las hambrunas planificadas en Ucrania que los crímenes nazis? ¿No merece siquiera un recuerdo el hecho de que los dos grandes asesinos de la Europa del siglo XX, Hitler y Stalin, hubo un tiempo en que fueron aliados y que si dejaron de serlo fue por un cálculo incorrecto de fuerzas y no por un ataque de principios por parte de ninguno de ellos?

Podemos indignarnos contra los causantes de la última crisis pero ¿no tienen nada que ver en esto los reguladores financieros? Cuando Hessel hace un canto contra la avaricia de los poderosos, parece que se olvida de que hay alguien encargado de vigilar que se cumplan las reglas y que no cumplió con su trabajo. Si, por decreto, eliminamos al poderoso para dejarlo todo bajo el control del Estado ¿van a funcionar mejor las cosas o los desmanes se van a cometer de manera más silenciosa? Hayek, uno de los padres del liberalismo moderno, decía que el auténtico liberalismo no puede confundirse con la ley de la selva del “laissez faire” sino que era necesario regular y vigilar que todos cumpliesen las reglas y que éstas fueran las mismas para todos. La vigilancia ha fallado estrepitosamente y la receta de Hessel parece que consiste en ascender a máximo gestor del sistema a aquél que ha mostrado su incapacidad como vigilante.

Hessel tiene muchas papeletas para convertirse en un icono de aquéllos que se han quedado sin referencias y motivos para la indignación hay pero no parece bien dirigida. Hayek y Revel así lo entendieron y cambiaron su posición; Sartre y Hessel prefirieron ignorar los hechos que no encajaban con ella y, aunque no sean españoles, hicieron honor al viejo principio del arcipreste de Hita de “sostenella y no enmendalla”.

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