Mafia médica

Bajo este título pueden encontrarse una serie de videos en Youtube, de los cuales tal vez el más representativo sea éste: http://www.youtube.com/watch?v=p4titzUwQn4 aunque pueden encontrarse otros como los de la famosa monja, ya más olvidada que su colega el padre Apeles,  que prevenía contra la vacuna de la gripe por sus oscuras connotaciones mafiosas.  Tuve noticias de la existencia de este video hace unos meses y me resultó indignante que, bajo argumentos de una supuesta omnipotencia del individuo, en realidad lo que estaban haciendo es culpar al enfermo de su enfermedad. Me resultó especialmente indignante porque supe de esta señora a través de una de las innumerables cadenas que circulan por Internet y me fue enviada por una persona a la que aprecio y que padecía una grave enfermedad. Encima de cornudo, apaleado: Además de enfermo, trágate el mensaje de que la culpa es tuya y no se te ocurra ir al médico, supuesto servidor de una mafia dedicada al mantenimiento de la enfermedad.

Cierto que hay médicos suficientemente estúpidos como para hacer equivalentes los términos “psicosomático” y “voluntario” pero, por fortuna, representan más la excepción que la regla. Se podrá tener la opinión que se desee de los médicos como colectivo, algunos sostendrán la idea rousseauoniana de que “la medicina es un arte y los fallos son del médico. Sea enhorabuena; venga la medicina sin el médico porque, mientras no sea así, más habrá que temer de los fallos del artista que socorros esperar del arte” si vamos a un caso extremo pero argumentos como los utilizados en el video son repulsivos.

Entre los médicos, como entre los picapedreros, los hay competentes e incompetentes pero resulta inverosímil una teoría conspiranoica según la cual cuando alguien decide convertirse en médico lo hace con la piadosa misión de ayudar a enfermar a la gente por bien de su organización mafiosa. ¡Ni la Spectra de James Bond habría llegado a tanto! Junto a fenómenos mediáticos de las redes sociales como el de la mafia médica, aparecen otros en sentido contrario como bad science que se permite criticar destructivamente a todo lo que no entre dentro de la más rigurosa ortodoxia, sea cual sea el ámbito de actuación.

Uno de los más celebrados autores en el ámbito de la bad science establecía, por ejemplo, que la acupuntura no sirve para nada…y los chinos sin saberlo y los dentistas que la utilizan con pacientes alérgicos a la anestesia tampoco. Todo lo reducen al efecto placebo y ahí acaba el asunto en contra de la evidencia establecida por una práctica milenaria.

Unos y otros, los de la “mafia médica” y los de la bad science tienen algo en común: Desarman al individuo en el momento en que más necesita utilizar todos los recursos a su alcance. Con la “mafia médica” descubrimos que no enfermamos si no es porque queremos y que la enfermedad, salvo que esté provocada por la mafia médica, no es más que la expresión de algún problema que no hemos sabido resolver y, por tanto, el enfermo tiene dos problemas: Uno, la enfermedad; el otro, que es culpa suya. El hecho de que cualquiera pueda decir cualquier cosa y encontrar el suficiente eco si lo envuelve bien hace que no estemos mejor informados sino, a veces, abiertamente desinformados. Siempre se vende mucho mejor cualquier “solución” que invitar a razonar por uno mismo y pensar en el viejo, tan viejo que ya se utilizaba en latín, cui prodest?

Con el movimiento de la bad science descubrimos que no hay camino posible fuera de la más estricta de las ortodoxias. Todo lo que puede decirse ahí es que el escepticismo como principio es sano -también cuando es referido a la ortodoxia científica o técnica- pero, cuando se da un paso más allá, llegamos a la caza de brujas como profesión y se acaba incurriendo en comportamientos tan fraudulentos como los que se denuncian aunque el fraude sea de signo contrario. Una vez que alguien ha alcanzado cierta notoriedad denunciando algo, y hay notables éxitos en ese terreno como el Unsafe at any speed de Ralph Nader centrado en un vehículo no más peligroso que cualquier otro de la época, se ve obligado a seguir practicando la denuncia. Si es verdadera o falsa, pasa a ser algo secundario; lo que importa es mantener el nivel de escándalo: Se puede empezar, como Martin Gardner, denunciando falsa ciencia realizada por hábiles magos y acabar denunciando a Cervantes como falso autor del Quijote, cuyo auténtico autor era Sancho Panza. Sé que esto último puede sonar a broma pero no lo es en absoluto; está escrito y publicado como tal en un libro de Martin Gardner.

Si vamos a la “mafia médica”, ¿alguien puede pensar que cuando uno decide hacerse médico lo hace con el espíritu del Joe Pesci de “Uno de los nuestros” con el único interés de entrar en una familia mafiosa? Resulta poco verosímil; en cambio, los motivos de la “mafia médica” son mucho más sencillos de adivinar: Si enfermas, tienes un problema al margen de tu enfermedad y es que tu “yo” no es lo suficientemente fuerte, compensado, flexible o cualquier otro adjetivo que se nos ocurra y esto te hace enfermar y caer en las garras de la mafia médica que se ocupará de mantenerte enfermo. Ven conmigo y yo te ayudaré a salir de tan penoso estado. Por otro lado, los que se dedican a esparcir todo tipo de basura mediática también tienen ahí un tema suficientemente escandaloso para atraer audiencias. Todos tan contentos, todos excepto el enfermo pero ése es el que menos parece importar en esta historia.

El “no hay camino fuera de la ortodoxia” resulta absurdo, no sólo porque en cualquier terreno imaginable es mucho lo que queda por saber sino porque lo ya conocido se organiza en torno a un conjunto de parámetros clave y, si llega algo que tiene una organización distinta y no utiliza los parámetros básicos, tiende a ser rechazado. Los artífices de la bad science suelen seleccionar experimentos fallidos pero, en el ámbito médico utilizado como ejemplo, evitan mencionar experimentos con médicos formados en la medicina oriental, capaces de realizar unos diagnósticos muy precisos tomando el pulso de los enfermos. ¿Cómo lo hacen? Un médico occidental puede decir que no lo entiende pero no que sea falso, sobre todo si ha visto que el diagnóstico coincide con el que él mismo realiza apoyándose en sus medios habituales.

La conspiranoia de la mafia médica no tiene otro sentido que el de ganar notoriedad a costa de la salud ajena. Habrá que conocer cuál es su reacción cuando les toque practicar lo que predican. Mientras tanto, nos encontramos con que una época donde la información parece estar al alcance de la mano no sólo no le facilita la vida al que busca información sino que puede sumirle en la confusión más absoluta. No resulta extraño que algunos médicos declaren abiertamente que odian Internet; en algunos casos puede ser mera comodidad, en otros se encuentran con que tienen el trabajo añadido de desbrozar la mente del enfermo de la porquería que pueda haber acumulado por el camino.

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