Las Vegas y el Ferrari de Torrente

Si alguien me pidiera una definición corta de Las Vegas le daría ésta: El Ferrari de Torrente con el escudo del Atleti. Resulta muy facilón quedarse con el estereotipo de lo hortera y, en el caso de los españoles, el asunto lo facilita hasta el nombre de su aeropuerto: McCarran International que, leído como macarran internasional es de lo más sugerente.

Sin embargo, la cosa no es tan fácil, al menos si no queremos quedarnos en los integrismos de la sin city, idea que Las Vegas vende al igual que vende recorridos turísticos por los lugares más significativos de la actividad de la mafia o cualquier otra cosa susceptible de venta, o en el integrismo de la “elite intelectual” que ve con displicencia el derroche de dinero y no quiere llegar más allá. Por motivos distintos, ambos integrismos coinciden en la idea de que Las Vegas debería desaparecer del mapa.

Los que intentamos no ejercer de integristas de uno ni de otro tipo podemos fácilmente identificar a Las Vegas con el Ferrari de Torrente con su escudo del Atleti ocupando todo el capó. La imagen me la sugiere la idea del Ferrari, coche espectacular donde los haya, mezclado con la quintaesencia de lo hortera y el hecho de que el conjunto de belleza y comportamiento hortera tenga su gracia. De hecho, hace unos meses, cenando en casa de un amigo se nos ocurrió ver una película tras la cena. Íbamos repasando distintas opciones disponibles en el disco duro -y ambos somos cinéfilos empedernidos- cuando entre las opciones apareció Torrente; en ese momento decidimos de común acuerdo olvidarnos de magníficas películas con mensajes de gran calado y optar por la risa provocada por un personaje que demuestra que hay que tener talento hasta para la zafiedad.

Si nos quedamos pegados a lo zafio o a lo hortera, no nos reiremos ni disfrutaremos del espectáculo…ni probablemente de ninguna otra cosa. Si alguien, ante las pirámides de Egipto, piensa en el sudor de los esclavos que las construyeron en lugar de admirar lo monumental de la obra, sin duda no la disfrutará. Lo mismo le ocurrirá con Torrente, con Las Vegas y con cualquier otra cosa.

¿Puede conjugarse lo hortera con la belleza? No sólo los musicales dignos de las mejores salas de Broadway, las actuaciones de cantantes que no se encuentran en la recta final sino en lo más alto de su carrera, espectáculos como los juegos de agua del Bellaggio o reproducciones de monumentos de todos los lugares del mundo como la propia torre Eiffel. Hay que ser muy integrista o muy puritano para no ser capaz de apreciar la belleza de éstas y otras muchas cosas. ¿Dónde está entonces lo hortera?

No es difícil de explicar: Tenemos que partir del simple hecho de que Las Vegas es una ciudad absurda cuya existencia misma es un desafío a toda lógica: Máximo lujo en mitad del desierto, característica por cierto compartida con buena parte de los países árabes pero con una diferencia importante: Los países árabes tienen una gran parte de desierto y poniendo encima de la mesa lo que les sobra -dinero- han intentado hacerlos más habitables y se les puede haber ido la mano. Estados Unidos, por el contrario, no es un desierto y, si lo medimos con estándares europeos, no podemos decir que sea un país despoblado pero se acercaría bastante. Tienen sitios infinitamente más acogedores y atractivos que el desierto de Nevada para construir una ciudad. ¿Por qué lo hacen en mitad del desierto con el coste económico y ecológico que eso implica?

Tendríamos que empezar por ver ahí uno de los problemas del sistema federal: Nevada, como Estado, tiene poco que ofrecer salvo el desierto e incluso eso lo ofreció en su momento para pruebas nucleares. En aquel momento se sabía poco de las consecuencias de tales pruebas y una película de Howard Hughes, ambientada en el desierto y con una tormenta de arena que lanzaba arena radiactiva a todo el que se moviera por allí, acabaría con más bajas por diversos tipos de cáncer que una batalla de la Segunda Guerra Mundial, la más conocida de ellas, John Wayne.

Además de desierto, Nevada tenía algo más: Un gran río que pasaba por allí, el Colorado, y que, además de ser el artífice del Gran Cañón, también facilitaba la construcción de una de las entonces mayores presas del mundo, la presa Hoover, permitiendo llevar el agua al desierto a costa de liquidar la desembocadura del río pero eso ya no ocurría en Nevada. ¿Cómo atraer gente al desierto y hacer un buen negocio con ello? Respuesta: Las Vegas.

¿Por qué, por ejemplo, espectáculos de agua en lugar de espectáculos de fuegos artificiales? Tal vez, precisamente, por estar en mitad del desierto y querer hacer ostentación de algo que se sabe escaso en la zona y ahí es donde está el componente hortera de Las Vegas: Cuanto más cueste, mejor; demostremos que no nos falta dinero y es ese componente de ostentación que se encuentra tras espectáculos de calidad indudable el que produce la sorprendente mezcla de belleza hortera.

¿Podría comerse el desierto Las Vegas al igual que la selva se comió el Manaos de superlujo de principios del siglo XX? Es posible pero no probable. El Manaos del superlujo se basaba en una materia prima –el caucho– imprescindible para el desarrollo del automóvil y que sólo se encontraba allí. En su espléndida novela del mismo título, Vázquez Figueroa describe cómo era ese ambiente; una vez que alguien consiguió, a riesgo de afrontar la pena de muerte, llevarse un barco lleno de semillas de caucho a un lugar donde los árboles podían crecer y ser mucho más accesibles para su explotación, el Manaos de las grandes óperas, de las fuentes con champán y de los abrigos de visón en la raya del Ecuador desapareció.

Las Vegas se basa en un único principio: Asombrar al visitante; mientras exista capacidad de asombro y Las Vegas siga siendo capaz de producirlo, seguirá existiendo.  Como en el caso de Torrente, unos se fijarán en el Ferrari, otros en el escudo del Atleti sobre el capó y otros intentarán ver las dos cosas. A gusto del consumidor.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s