Huelgas pactadas y modelo sindical español

Por mucho que se quiera, es difícil de tomar en serio una huelga cuando sus promotores van de la mano de aquél que, supuestamente, tendría que ser el más afectado por ella. Llegar al extremo de “¿cuándo te viene mejor la huelga, José Luis?” y aplazarla para evitar la coincidencia con la presidencia de la Unión Europea, coincidencia expresamente buscada cuando el partido en el poder era menos amigo, es algo que deja en evidencia un hecho conocido: Que los grandes sindicatos son correas de transmisión de algunos partidos políticos y que no tienen entidad propia

Friedrich Hayek en su “Camino de servidumbre”, lectura que sería de gran interés en “Educación para la ciudadanía” junto con algunas otras, comentaba cómo el nazismo apareció en Alemania no como el aliado díscolo de la burguesía o de los grandes capitalistas sino como consecuencia del descrédito de los sindicatos en una situación de desempleo extremo: La gente desesperada acabó por ver a los sindicalistas y a aquéllos a los que éstos defendían -los que tenían un trabajo seguro en las grandes empresas- como una especie de élite con la que ellos no tenían nada que ver y acabaron cayendo en lo que creyeron que era una alternativa: El nazismo no nació en la puerta de servicio de las grandes mansiones sino en los barrios de chabolas.

¿Difiere mucho ese punto de vista del que hoy puede tener un trabajador parado o con empleo precario respecto de los cientos de miles de liberados que, a diferencia de él, no van a ver ni un euro descontado de su nómina por sumarse a la huelga? Las clases sindical y política, cuando van de la mano, inevitablemente consiguen una completa desafección por parte de amplias capas de la población y sólo falta que aparezca quien pueda presentarse como salvador para que se vuelva a vivir una historia conocida. De momento, los mecanismos de protección aguantan ¿hasta cuándo? La demagogia de bajo estilo, común a ambos lados del Atlántico, de “subirles los impuestos a los ricos” no funciona, especialmente de cara a aquéllos que jamás pensaron que se les pudiera aplicar la etiqueta de “ricos” pero se les suben igualmente los impuestos. No es éste un recurso que no tenga limitaciones porque, si se abusa de él, los principales contribuyentes simplemente se van o no vienen y tampoco se puede dejar en la cuneta a los que han caído en ella por diversos motivos, entre ellos, la propia pasividad o peor: El derroche a manos llenas y la toma de medidas contraproducentes.

Quizás la clase política y sindical española se siente muy tranquila jugando a su particular “Monopoly” pero son cada vez más los que abandonan la mesa de juego y no les interesa una partida que parece no ir con ellos. Con su forma de actuar, están incurriendo o, mas propiamente, haciendo incurrir a otros en un riesgo que creíamos desaparecido. Alguien puede pensar que éstos son otros tiempos pero es mejor que no se engañen: No hay ningún viento de la historia ni ninguna ley inexorable que imponga que mañana vayamos a ser más libres y tener una situación más justa que la de hoy. La libertad y su derivada, la justicia, son cosas a ganar todos los días y las acciones de cara a la galería no contribuyen a su defensa sino a ahondar en una división ya claramente visible: Cuando es difícil salir de un sitio, la persona prudente no se mete en él o, si se quiere en términos más formales, las barreras de salida lo son también de entrada: ¿Qué opinión le merece al parado de larga duración una defensa numantina de las condiciones de despido cuando sabe que éstas pueden estar entre los factores que hacen más difíciles su contratación? Cuando se habla de defensa de “los trabajadores” ¿se refieren sólo a los que tienen un trabajo fijo? Tal vez los que no lo tienen no se ven muy representados por lo que se dice bajo ese capítulo.

Cuando se legalizaron los sindicatos, todos los gobiernos han sentido la necesidad de tener un interlocutor enfrente, aunque tuvieran que inventarle la representatividad y, por supuesto, esto vale tanto para patronal como para sindicatos. Como consecuencia, se convirtieron en una especie de Reyes Magos trayendo desde el primer momento premios multimillonarios en forma de devolución de patrimonio sindical incluso a sindicatos que no existían cuando tal patrimonio fue incautado o de subvenciones de todo tipo. Por añadidura, han sido agraciados otorgándoles una representatividad de la que carecen tanto si se atiende a los niveles de afiliación como a los de votaciones en determinados sectores en que, a pesar de su prácticamente nula representatividad cualquiera que sea el criterio, acuden a la mesa de negociaciones gracias al B.O.E.

La prisa de los sucesivos gobiernos por tener alguien con quien acordar lo que sea ha impedido que se desarrollase un movimiento sindical real, no politizado y no dirigido desde el poder político. Los pocos sindicatos profesionales que responden a ese modelo han sido tratados con recelo y se les han puesto todas las zancadillas posibles desde el poder. Al final, ese modelo de funcionamiento ha conducido a que los mayores sindicatos dependan económicamente del Estado para su subsistencia con las consecuencias ya vistas tanto en forma de docilidad como de rebeldías impostadas. Los casi cinco o más de cinco millones de parados, según quien haga las cuentas, se ven totalmente ajenos a esa fiesta que no es la suya.

Puede haber motivos para protestar pero ¿tienen legitimidad para hacerlo quienes quieren ejercer como abanderados de la protesta teniendo en cuenta su propia posición y cómo la  han vaciado de contenido? Las posturas anunciadas, especialmente en Madrid por si se tenía dudas sobre el carácter político del asunto, y la esperable pasividad gubernamental ante los piquetes “informativos” dejan claro que se requiere una renovación total no sólo de políticos y sindicalistas sino de modelos políticos y sindicales. Ni la izquierda tiene la representatividad que pretende arrogarse de los trabajadores ni la derecha la tiene del gran capital. Los comportamientos de unos y otros son calcados y parece que hemos llegado al extremo de que sólo se representan a sí mismos. La situación a la que se ha llegado es, además de indignante, peligrosa pero parece que algunos quieren seguir en su “Monopoly”.

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