“Walden” de Thoreau

Leí Walden hace bastantes años y me resultó uno de los libros más aburridos que haya caído en mis manos. Después de haber leído Walden Dos de Skinner, leer el Walden primario era casi una obligación. Para resumirlo, el libro era una especie de mezcla entre una utopía y una lista de la compra y, siendo sincero, hoy no lo habría acabado. En aquel momento todavía me consideraba con la obligación moral de acabar un libro que empezaba mientras que hoy puedo admitir que un libro me ha engañado en el precio y, por tanto, no le voy a regalar además un tiempo que no merece. Por eso lo acabé entonces y por eso no lo habría acabado hoy.

En rigor, Walden no puede ser considerado una utopía ya que está basado en una experiencia del propio Thoreau que vivió durante un par de años en una cabaña de madera en un paisaje paradisíaco aunque pasar dos inviernos allí es algo que tiene su mérito. Tampoco Thoreau era exactamente un ermitaño sino que, de cuando en cuando, se iba a comprar a la cercana ciudad de Concord, probablemente uno de los sitios con más historia en la relativamente corta vida de Estados Unidos.

En Concord, además de los primeros disparos de la guerra que finalizaría con la independencia, coincidieron en ese mismo tiempo y lugar personajes como el propio Thoreau, Ralph Waldo Emerson y Louisa May Alcott, autora de Mujercitas. Los dos primeros pueden entroncar con el llamado socialismo utópico en Europa y la tercera con el feminismo posterior. Thoreau además podría considerarse con justicia uno de los primeros ecologistas con permiso de Fray Luis de León y su qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y de Virgilio con sus Bucólicas al que Dante acabaría metiendo nada menos que como guía en su infierno. ¡Hay que tener mala baba! 🙂

Thoreau, además, refleja perfectamente el intento de autosuficiencia tan extendido entre los norteamericanos aunque en Walden lo justifica siempre con motivos económicos y de ahí la apariencia de lista de la compra de buena parte del libro. Thoreau y su libro han permanecido como un icono dentro del imaginario de la izquierda norteamericana; el Walden Pond, lugar donde se instaló es hoy un parque perfectamente conservado donde tienen una reproducción de su cabaña y -paradojas de la vida- es constantemente sobrevolado por jets privados yendo y viniendo del cercano aeropuerto local de Concord.

Las casas de Ralph Waldo Emerson y de Louisa May Alcott se conservan y se visitan. No parece que fueran de los más pobres del lugar. La oda a la vida sencilla de Thoreau, con su nota de gastos incluida, sigue siendo alabada pero tan poco imitada hoy como en su tiempo: Tiene muchos más admiradores que imitadores y no deja de ser paradójico el sobrevuelo de la cabaña por los más ricos del lugar.

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