“American way of life” desde los ojos de un español

Americano en el parqueTanto por oportunidades como por edad, viajar a Estados Unidos no me resultaba extraño y habré pasado por aquí entre dos y tres docenas de veces pero nunca con la intención de vivir aquí temporalmente sino cortos periodos de, como máximo, tres semanas. Las cosas se ven de un modo muy distinto; algunos problemas son los mismos pero se tiene mejor disposición para aceptarlos mientras se está de visita y otros simplemente no aparecen durante una visita pero sí en una estancia prolongada.

¿Mejor o peor? Ahora mismo no sería capaz de decirlo. Desde la óptica de un español medio, hay comportamientos o hábitos de aquí que nosotros calificaríamos sin el menor problema de “cutres” mientras que, al mismo tiempo, hay otros terrenos en los que se puede apreciar que el americano medio, entendiendo como tal al profesional más o menos establecido y haciendo la comparación con ese mismo nivel en España, dispone de algunas posibilidades que en España sólo tienen los auténticamente ricos.

Ejemplos: En España es poco frecuente ver supercoches; se ven más en Londres -especialmente el fin de semana- y, por supuesto en Milán. Comparativamente, en Estados Unidos no se ven muchos supercoches pero el nivel medio es bastante más alto que en España. Se ven muy pocos Ferrari, algún que otro Rolls o Bentley, a menudo en sus versiones descapotables, o algún Maserati pero…se ven bastantes coches de coleccionista -igual que en Inglaterra- tipo Gran Torino o Mustang, Corvette o Cadillac antiguos y marcas que en España se consideran de lujo como Lexus o Infiniti son muy frecuentes en todos los ámbitos y si vamos a las marcas de segmento medio-alto como Volvo, Mercedes, Toyota, etc. con sus modelos más grandes, es una auténtica invasión. Este fin de semana alquilé un coche para salir de excursión y me hicieron un “upgrade” porque no tenían el tipo compacto que había pedido, dándome un Mercedes con 3.000 kilómetros, 3.000 centímetros cúbicos y tracción integral. Eso sí, con una limitación de velocidad de 90 kms./h. en la mayoría de las carreteras no dejaba de ser un poco ridículo.

Las distancias son muy grandes incluso dentro de la misma ciudad; dentro de Cambridge es posible moverse en bicicleta pero sabiendo que cada vez que nos montamos en ella hay que prepararse para hacer entre 3 y 5 kilómetros y, al cabo del día, eso pueden ser unos cuantos kilómetros si hay que ir a varios sitios. A veces, directamente puede ser necesario el coche porque, en caso de que exista transporte público, la cantidad de transbordos y de cambio de medio de transporte pueden desaconsejar su uso y, por cierto, ahí radica el éxito de Zipcar ( www.zipcar.com ) que, si no se quiere tener un coche permanentemente, permite el alquiler por horas recogiendo y dejando el coche en una serie de puntos en la ciudad. Nosotros tenemos un punto en nuestro propio bloque de apartamentos y ni que decir tiene que ya tenemos la tarjeta de usuarios.

No basta con enterarse de dónde están los “mall” sino que, con frecuencia, hay que enterarse por Internet con detalle de qué venden allí ya que, al principio, no pudimos encontrar cosas tan fáciles de conseguir en España como una tarjeta prepago de telefonía móvil. Lo mismo ocurre si lo que se quiere comprar es una cafetera que haga café de verdad sin dejarse 200 dólares -vano empeño hasta ahora- o un microondas o unas zapatillas de baño para el niño. No existe El Corte Inglés y no sólo hay que saber dónde están los sitios sino qué venden en cada sitio específico.

En cuanto a los precios, es fácil llevarse alguna sorpresa. La electrónica es mucho más barata que en España, los coches -comprados o de alquiler- también y la hostelería tiene unos precios comparables. Sin embargo, la compra normal -ésa que no se hace cuando se está de visita- es mucho más cara aquí que en España y dejarse 200 dólares en una compra normalita es algo bastante frecuente. Algunas cosas son distintas y hay que ir conociéndolas u otras simplemente no existen aquí pero eso entra dentro del apartado de la normalidad. En el apartado de farmacia, aquí venden sin receta cosas que en España la necesitan y viceversa por lo que es bueno enterarse antes de venir para acá de qué se va a necesitar y si se puede conseguir fácilmente.

Los mercados de segunda mano tienen aquí una actividad impresionante. El propio MIT tiene un lugar llamado “MIT Furniture Exchange”  donde tienen las cosas más diversas, desde bicicletas a colchones pasando por transformadores o aparatos de gimnasio…cualquier cosa que uno no ha sido capaz de vender antes de volver a casa allí la “reciclan” pagando un tercio de lo que esperan vender al que se deshace de ella; algo así como un “Cash Converters” pero en plan club privado donde sólo puede comprarse con los carnets del MIT o de Harvard.

Otro tipo de mercados es el que funciona por Internet, sobre todo el de Craigslist, donde puede comprarse o venderse cualquier cosa. Aquí nadie tira nada -incluso en los restaurantes se llevan las sobras con las célebres “doggie bags”- pero esto es algo que se traslada a la vida corriente. Es significativo que una empresa como “The Home Depot” que sería el equivalente de un Leroy Merlin en España figure en el Dow Jones y también lo es que sea una de las pocas empresas que tienen todo rotulado en inglés y en español. Todo lo que signifique mano de obra es difícil y caro de conseguir y elementos normales como tener algún tipo de servicio doméstico están sólo al alcance de los muy ricos; en consecuencia, éste es el país del “do-it-yourself”, tanto si se trata de cocinar o fregar los platos -los títulos de doctor se apartan para que no se mojen con las salpicaduras del fregadero 🙂 – como de hacer reparaciones menores. Los que pertenecemos a la clase de los que se morirían de hambre si tuvieran que vivir de su habilidad manual lo llevamos claro en este país.

En cuanto a la vivienda, merece un capítulo aparte. En España, sin necesidad de ser Einstein, hace tiempo que sabemos de la intercambiabilidad entre espacio y tiempo, o sea, o vivimos en un sitio céntrico y pequeño donde tenemos todo a mano o vivimos en una urbanización a 20 o más kilómetros del centro (caso de Madrid) donde tenemos un bonito chalet adosado pero no tenemos nada en los alrededores. Incluso en ciudades relativamente pequeñas como Boston, los 20 kilómetros de Madrid ya no son 20 sino que pueden oscilar entre 30 y 50; eso sí, el chalet adosado no es tampoco un piso construido en vertical y con garaje incorporado sino que son unos caserones impresionantes en unas urbanizaciones con sus instalaciones deportivas, con sus lagos, a veces con sus aeródromos privados…y donde se necesita el coche absolutamente para todo y la vida social es prácticamente cero. Cuando se produjo el atentado del 11S, se comentó que es posible que hubiera víctimas no identificadas porque nadie las hubiera echado de menos…cuando se ve el estilo de vida de aquí, eso se entiende perfectamente e incluso hasta tienen una palabra para el que lleva ese estilo a sus últimos extremos: “Cocooning”. Poco antes de salir para acá, paseando un sábado nos encontramos con una compañera del cole del niño y sus padres, nos paramos a tomar café con ellos y después decidimos a ir juntos a comer a una pizzería. Esto, que puede ser más o menos normal en España, es algo impensable aquí.

La mezcla que produce ese no tirar nada con la práctica del “do-it-yourself” llevada a sus últimas consecuencias da a la mayoría de las casas un aspecto de cierta cutrez y desorden. El “Si algo funciona no lo arregles” tiene una coletilla que no se dice pero que es real y es el “ni lo quites”. Eso, junto con algunas diferencias en los hábitos, puede causar bastante extrañeza. Ejemplo: El lavavajillas no es una dotación ordinaria de cualquier apartamento que se alquile y, como tampoco es tan frecuente y además requiere instalación y permisos si la casa está alquilada, se acaba renunciando a él si no se va a estar mucho tiempo; sin embargo, lo que sí es una dotación bastante habitual es un aparatito colocado justo debajo del desagüe del fregadero: El triturador. Puesto que normalmente los elementos sólidos no los echamos al fregadero, raro será el español que eche de menos semejante artefacto; sin embargo, aquí para tirar la basura hay que aprobar un Master por la cantidad de separaciones que tienen los contenedores donde la guarrería que queda al final sin clasificar es lo que se llaman eufemísticamente “residuos orgánicos” y mucha gente opta por deshacerse de buena parte de ellos por el fregadero…o sea, viva el reciclaje pero, cuando éste se hace demasiado complejo, el reciclaje de basura mejora a expensas del reciclaje de agua, mucho más difícil por la cantidad de porquerías que la gente arroja al alcantarillado con la inestimable colaboración del triturador. Bill Bryson, autor de “Notes from a big country” dedica todo un apartado de su divertidísimo libro sobre el “american way of life” a ese artefacto que aún no ha dejado de asombrarme.

Resumiendo: ¿Mejor, peor? No lo sé; en principio me gusta más el estilo de vida español pero esto no es una pintura en blanco y negro. Parte de esa preferencia viene de unos hábitos adquiridos y de haberse acostumbrado a unas situaciones que ya se toman como parte del paisaje a la vez que algunas de las ventajas de aquí, puesto que no se está acostumbrado a ellas, no se valoran como algo imprescindible. Por idéntica razón, supongo que un americano preferirá su modo de vida; hay ventajas e inconvenientes a cada uno de los lados del charco y cómo se ponderen unos y otros tiene mucho que ver con aquello a lo que cada uno está más habituado.

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