¿Hablamos de crisis económica o de crisis de principios?

Hace pocas semanas, Carmen Posadas publicaba un artículo sobre “el pensamiento en pack”:http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=4947&id_firma=10572. En el artículo, se quejaba de algo que cualquier observador de la realidad reciente española puede atestiguar: En el momento en que un partido toma posición por algo, ese algo pasa a ser “de derechas” o “de izquierdas” aunque, en principio no tenga absolutamente nada que ver con la política.

Siguiendo esa absurda lógica, ya hemos visto que los trasvases son de derechas y las desaladoras de izquierdas, las nucleares de derechas y los molinillos de izquierdas, alejar un barco de la costa es de derechas y llevarlo a puerto de izquierdas, empurar a Garzón es de derechas y cubrirlo es de izquierdas, criticar la ley del aborto es de derechas y apoyarla de izquierdas e incluso podríamos llegar al máximo despropósito de que algo pueda ser alternativamente de derechas para pasar a serlo de izquierdas: Mantener a Montes en su puesto en el hospital de Leganés pasó en un tiempo record de ser de derechas a ser una exigencia irrenunciable de la izquierda.

Clamar por la igualdad de la mujer y llevar principios de discriminación positiva incluso al Código Penal al tiempo que se acepta que, en otros sitios o a veces aquí mismo, en nombre del relativismo cultural sigan dándose prácticas como la ablación del clítoris, clamar porque la pareja homosexual se denomine “matrimonio” para normalizarla más al tiempo que se calla ante países donde se ejecuta a homosexuales simplemente por serlo, atacar a unos dictadores mientras se ejerce de alfombra con otros, no menos repugnantes que los primeros, porque dicen ser de otro signo…podríamos continuar y no acabaríamos con las contradicciones que dejan en evidencia que los políticos o sus lacayos cuando incurren en ellas, lo hacen porque no les importan los principios y lo que defienden son sus intereses particulares.

Los principios son una excusa como muestra claramente su utilización selectiva. Si son principios, lo son siempre; si unas veces se invocan y otras, en que sería de aplicación idéntico principio, se opta por callar, está claro que son intereses lo que se está defendiendo. El “Derecho es lo que aprovecha al pueblo alemán” de los nazis está mucho más cerca de la práctica política actual de lo que a muchos nos gustaría. Cámbiese “pueblo alemán” por “nosotros”, es decir, el grupo, partido, secta o como se quiera llamar y se encontrará que define exactamente muchos comportamientos.

El pensamiento no funciona en “packs”, como señala Carmen Posadas. Eso, simplemente, no es pensamiento sino esperar a ver qué dicen los que se suponen propios para, a continuación, repetir el mensaje. Es posible que la gran crisis que tenemos que afrontar no es otra que la representada por la renuncia a pensar por cuenta propia y la disponibilidad para repetir consignas hueras.

En la situación actual, hay que explicar cosas incómodas, especialmente incómodas para quienes nunca han querido que sus aborregados altavoces dejen de serlo. Por ejemplo ¿cuál es el sentido del derecho al trabajo en un país donde el nivel de desempleo alcanza cotas históricas? ¿quién paga el derecho a la vivienda o el derecho a una pensión digna? ¿prima la excelencia y el esfuerzo el sistema educativo en todos sus niveles? ¿es justo que los políticos, desde el rey hasta el último sindicalista liberado, vivan en su burbuja y se encuentren ajenos a la situación que padecen todos los demás y fabriquen reglas sólo para ellos? Un autor, al que no tengo demasiado aprecio en su faceta de historiador, definía hace unos días a nuestra “clase política” como “chusma política” y las conductas de que estamos siendo testigos invitan a darle la razón.

¿Es justo que se responda a los hechos en función de quién los haya cometido en lugar de hacerlo en función del hecho cometido? Noriega, el ex-dictador panameño, resumía su programa político en una frase tan refinada como “A los amigos, el culo; a los enemigos, por el culo”. ¿No se está haciendo lo mismo en España cuando se apoya a un juez porque es amigo y eso, según la lógica Noriega, debería ser suficiente para que  no importe lo que haya hecho? ¿No se está actuando de esa forma cuando unos dictadores son tratados con mimo mientras que otros son criticados? ¿No se está destrozando lo que queda de un estado de derecho cuando, además de sentencias más que cuestionables, se tiene el estatuto catalán en la nevera y en cuestiones como la negociación con ETA y el 11-M algo huele a podrido y se esté intentando enterrar antes de que se sepa qué es?

José Antonio Marina decía que un mal gobierno puede sumir a un país en unos abismos de imbecilidad de los que puede ser difícil salir. Probablemente, eso es lo primero que hay que hacer: Salir del abismo de imbecilidad que representa ese “pensamiento en pack” según el cual cada uno se entera o no se entera de aquello que le dicen y, además, acepta sin crítica alguna la versión que le venden de los hechos: No sólo nos dicen dónde hay que mirar sino qué es lo que hay que ver.

¿Es tan difícil decir cuál es la situación y partir del principio de que aquí nadie regala nada y, en consecuencia, va a tocar trabajar o estudiar con mayor empeño y posiblemente en peores condiciones? Naturalmente, sí que lo es en un país que creyó ejercer de nuevo rico y, entre incompetentes y golfos propios y ajenos, le han pinchado el globo. Nada tiene que ser intocable, incluyendo a los políticos y sus privilegios que hoy resultan ofensivos. Si eso se tiene claro, saldremos. Si no es así, a lo mejor alguien ha pensado que todos esos derechos, de los que nunca se ha querido decir que comportan obligaciones, los va a pagar “Uropa” y que España va a poder vivir en una situación tipo PER a costa de daneses, alemanes, ingleses, franceses, etc. Si ésa es la idea, que esperen sentados y que miren casos como los de Grecia o Islandia.

La otra opción ya la daba Serrat: “Escapad, gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer”. Sin embargo, hay esperanza pero ésta pasa por tirar por la ventana a los demagogos de cualquier signo que se han acostumbrado a vivir -muy bien- a costa nuestra y no darle vacaciones ni al pensamiento ni a los principios comenzando por la meritocracia y sus parientes, la ética del esfuerzo y la igualdad en la línea de salida pero haciendo que la llegada se la gane cada uno.

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