La discusión de la jubilación: Un breve repaso

Como era de esperar, se ha montado el número con la propuesta de la edad de jubilación a los 67 años. Sin embargo, seguramente conviene una vuelta atrás y ver cuál ha sido el tortuoso camino que nos ha llevado a la insostenible situación actual. El sistema español de pensiones tiene dos problemas básicos:

  1. En un momento donde el paro había alcanzado unos niveles sólo comparables con los actuales, la inestimable contribución de los sindicatos llevó a convertir un derecho -la jubilación- en una obligación como forma de dejar hueco mediante las sustituciones. Naturalmente, esta conversión de derecho en obligación implicó una carga añadida para el sistema de pensiones ya que eran bastantes las personas que no tenían intención de jubilarse y que eran forzadas a hacerlo.
  2. El sistema de pensiones español está basado en el principio de solidaridad intergeneracional. Lo que cada uno cotiza a la Seguridad Social no es una cantidad que capitaliza para el pago de su propia pensión. Ese dinero sirve para el pago de las pensiones actuales y -se supone- la pensión propia será pagada en el futuro por los contribuyentes a la Seguridad Social de ese momento.

Sobre el primer fallo, poco hay que decir. La conversión de un derecho en una obligación no es de recibo ni aquí ni en ningún sitio y, si se quiere, ha tenido además el efecto añadido de sobrecargar al sistema mediante el retiro obligatorio de gente que habría preferido continuar en activo.

Sobre el segundo fallo hay más discusión: Si la población está en crecimiento o, como mínimo, estacionaria, el sistema es sostenible asumiendo un nivel de desempleo normal. Si el nivel de supervivencia tras la jubilación aumenta, hay menos nacimientos y un fuerte desempleo…la situación es insostenible: Cuando se dice que el sistema de pensiones no es sostenible para el año X, conviene tener en cuenta que no se habla de previsiones sino de una pirámide de población que cuenta con personas que YA han nacido -no proyecciones de datos actuales- y con estadísticas sobre los niveles de supervivencia esperados.

La única variable que podría alterar esta sencilla regla es la inmigración y, para que haya inmigración y además que ésta sea del tipo necesario, se necesita una economía que funcione y que atraiga talento. Si no es así, el futuro esperable es una población envejecida y empobrecida y, por ello, es posible que la primera reforma sea tomarse en serio la inmigración y regularla correctamente. Estupideces como que las leyes se contradigan entre sí y un ayuntamiento esté obligado a empadronar a un inmigrante al que, a la salida, la policía pueda detener para expulsarlo del país no tienen cabida.

¿Habría que cambiar el sistema? En principio, parece que sí. Un sistema en el que cada uno capitalice para sí mismo en lugar de depender de que otro no nacido o aún en la escuela primaria pague su jubilación parece más sólido frente a contingencias como las actuales. Sin embargo, el sistema basado en la capitalización tampoco es perfecto y tiene fallos propios y otros compartidos y, además, implica un proceso de cambio muy costoso:

  1. La crisis financiera y la caída de instituciones tan teóricamente sólidas como Lehmann Brothers sin duda ha salpicado a fondos de pensiones y, tal vez, más de uno haya perdido todo o parte del ahorro de muchos años para su jubilación.
  2. El fallo anterior, con ser grave, no es exclusivo de los sistemas de capitalización. En este momento, es de conocimiento público que la “hucha” de las pensiones de la Seguridad Social ha sido utilizada para comprar deuda española. Los índices de riesgo-país relativos a España se están disparando y, por tanto, si para un particular o para un tercero, es considerada como una inversión de cierto riesgo, no hay razón alguna para que idéntico criterio no fuera aplicable a las reservas de la Seguridad Social. El riesgo asociado es que la consecuencia de una quiebra del Estado, al estilo griego, podría hacer que desaparecieran los recursos para el pago de las pensiones.
  3. El cambio de sistema deja a una generación en el vacío: Inevitablemente, una generación tendrá que contribuir para pagar las pensiones actuales y, además, tendrá que capitalizar para poder tener su propia pensión que no va a ser sostenible con el sistema actual. Visto de otra forma, la contribución a la Seguridad Social de esa generación tendría un carácter de impuesto -aunque se llame de otra forma- y se va a soportar una carga fiscal real difícilmente sostenible.

El gobierno, con su propuesta de jubilación a los 67 años, puede estar pagando el precio de la demagogia y de los años que han estado diciendo que esto nunca ocurriría y, además, acusando a los demás de querer hacer lo que ahora proponen ellos. No les está mal empleada, por ello, la contestación social. Por otra parte, lo cierto es que el sistema no es sostenible y, si no se modifica por completo, tampoco lo va a ser con una jubilación a los 67 años. Hace muy poco, escuchaba a alguien comparar el sistema de pensiones español con un sistema piramidal y lo cierto es que no está mal traída la comparación: Si ocurre algo que limita el crecimiento y los ingresos actuales no producen lo suficiente para realizar los pagos, el sistema se cae (véanse los casos Afinsa o Forum Filatélico: http://wp.me/p2htU-3z ) y ésa es exactamente la situación actual.

La propuesta, al margen de otras consideraciones, puede dar un balón de oxígeno temporal puesto que significa dos años más de cotización y dos años menos de pago pero no resuelve el problema básico que se ha intentado explicar en unas pocas líneas y que sigue ahí.

¿Por qué no empezar por recuperar el derecho, que no la obligación, de la jubilación y por regular adecuadamente la inmigración? Si cada uno se jubila cuando le de la gana a partir de una edad mínima, seguro que podría conseguirse, como mínimo, lo mismo que se pretende conseguir con una jubilación obligatoria a los 67 años. Si, además, se consigue que más gente entre en un sistema que la falta de crecimiento de población puede hacer quebrar, mejor todavía y si, además, el paso de un sistema de solidaridad intergeneracional a un sistema de capitalización se hace progresivamente, sin verse forzado a un cambio brusco porque el sistema haya quebrado, todavía mejor.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s