Jubilación a los 67 años y la doble vara de medir

Me encuentro en el grupo de los que, ante una convocatoria electoral, suelen contabilizarse entre los indecisos. Lo malo es que la decisión final pueda tomarse en razón de quién repugne menos y no de quién ilusione más y, peor todavía, a veces es tal el grado de repugnancia a todas las partes que la mejor opción puede ser quedarse en casa. No voy a descubrir que no me gusta el comportamiento de los partidos políticos y que me asquea el de sus dirigentes pero, una vez más, me acabo de tropezar con lo que más me revienta de la izquierda española. De la derecha hay otras cosas aunque creo que es más variada: Tiene poco que ver una derecha clerical con una derecha de la defensa del privilegio del rico de familia o con una derecha liberal. A veces, es bastante difícil encontrar puntos comunes entre ellas; sin embargo en la izquierda hay uno; siempre el mismo:

La izquierda en España siempre se ha distinguido por un mesianismo y por un sentido de hiperlegitimidad que, aunque la historia se empeña en desmentir, da igual. Lo mantienen intacto. En último caso, basta con no estudiar la historia o inventársela. Su última manifestación es la idea de ampliar en dos años la edad para la jubilación y que esa idea nazca de un partido de izquierdas. Es fácil de imaginar qué habría ocurrido si la propuesta hubiera nacido de un partido de derechas, esté o no justificada o esté o no en riesgo el sistema público de pensiones. Sin duda, se habría considerado que era un episodio más de explotación y habrían sacado a la calle a todos sus liberados pero, si la idea nace de un partido que se dice de izquierdas…silencio o, todo lo más, alguna tímida protesta.

La historia no es nueva: La más dura de las reformas laborales realizadas en España es, de lejos, la de 1994 que, de nuevo, fue realizada por un gobierno socialista y, aunque en esa ocasión sí les costó una huelga, siguieron adelante con ello.

Apoyándose en ese complejo de hiperlegitimidad que siempre ha tenido la izquierda española y que se acerca más de lo que les gustaría reconocer a conductas que, cuando las realizan otros, etiquetan con el nombre de “fascistas”, el PSOE en sus etapas en el gobierno ha gozado siempre de una libertad que no le ha permitido a nadie más:

Cuando toman alguna iniciativa que nadie les pide o que genera una importante contestación social, como la ley antitabaco o la modificación de la ley del aborto o la ley de memoria histórica o la negociación con ETA o tantas otras…formaba parte de su programa, aunque en algunos casos ni siquiera sea cierto.

Cuando toman iniciativas que están en contra de sus programas declarados, llámese entrada en la OTAN o reforma laboral o reducción efectiva de pensiones por vía subida de impuestos o el primoroso tratamiento fiscal de las SICAV mientras se suben los impuestos a todos los demás o el aumento de la edad de jubilación…parece que el pesar tan profundo que se supone sienten por hacer algo que va en contra de sus esencias ha de ser suficiente castigo para que, además, el despiadado populacho les critique por ello.

¿No estamos ante una brutal carencia de democracia, tanto interna de los partidos, como de carácter general? Si en Sudáfrica Mandela fue capaz de reconducir al país utilizando un partido de rugby, en España se podrían conseguir importantes efectos cambiando una ley: La electoral.

Conseguir que todos los votos valgan lo mismo y que los elegidos respondan ante los que les han votado pueden ser condiciones suficientes para salir de este estado de náusea. Una vez que eso se consiga, las condiciones del país serán las que digan si nos podemos jubilar a los 67, a los 35 o a los 118 pero cosas así no pueden dejarse pasar sólo porque a alguien se le haya ocurrido que electoralmente le va a salir gratis y, dado el sistema que tenemos, es muy probable que incluso tenga razón.

Para concluir, una apostilla, en esta ocasión del otro lado: Con ocasión de las manifestaciones de Manuel Cobo, el segundo de a bordo de Gallardón en el ayuntamiento de Madrid en contra de Esperanza Aguirre, el segundo de Aguirre (Ignacio González) decía que habrá que ver quién va en las listas electorales, lanzando una clara amenaza en contra de Cobo. Lo más indignante de la amenaza es que se haga desde la posición del encargado de realizar las listas, es decir, cero en democracia interna; el mismo cero que mereció el PSOE cuando Alfonso Guerra decía que “el que se mueva no sale en la foto” y, que se sepa, las cosas tampoco han cambiado ahí desde entonces: Pusieron en marcha las primarias pero, como no les gustó el resultado, barrieron al elegido -José Borrell- desde dentro.

Le sugiero una cosa a Ignacio González para que consiga sus objetivos y a la vez no deje tan en evidencia la falta de democracia interna de su partido: Promuevan las listas abiertas; me jugaría algo gordo a que consigue su objetivo y que su archiodiado Manuel Cobo no va en las listas electorales y su jefe, el catalogado por Esperanza Aguirre como “el hijoputa” aunque después lo haya negado, tampoco.

Ahora, después de la idea de la jubilación a los 67 años, sólo nos queda un elemento para que termine la función de circo: Ver qué excusa ponen los sindicatos para seguir manteniendo idéntica posición a la mostrada hasta ahora.

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