Air Comet y representatividad sindical

Nada más lógico que el hecho de que el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, lo siga siendo aunque haya dejado de ejercer como empresario gracias a la quiebra de Air Comet. Al fin y al cabo, buena parte de los dirigentes de los sindicatos autodenominados de clase no han conocido otro trabajo que ése. De esta forma, las otrora llamadas parte social y económica del sindicato vertical quedan equiparadas en cuanto a la identificación entre representantes y representados, es decir, ninguna.

El paralelismo con los sindicatos verticales no se da sólo en el hecho de que el sindicalismo en cualquiera de sus vertientes es una carrera política que, como tal, vive de maniobras en la cercanía del poder más que de la defensa de los intereses de sus teóricos representados. Gracias a la “devolución del patrimonio sindical”, devuelto en buena parte a organizaciones que no existían cuando tal patrimonio fue incautado, en muchas ciudades españolas sindicatos “de clase” y sindicato patronal comparten edificios y sus funcionarios se encuentran todos los días en el ascensor. ¡Qué mayor exponente de la verticalidad sindical!…pero vayamos al caso de Air Comet.

Que Air Comet iba mal era de dominio público en el sector y fueron muchos los que se preguntaron por qué se le asignaron a dedo precisamente a Air Comet los slots libres como consecuencia del cierre de Air Madrid cuando, además, en ese momento ya había indicios ciertos de que esto podía llegar a ocurrir.

No ha habido respuesta a eso pero, en cambio, sí ha habido una interpretación según la cual los pasajeros tendrían razón para evitar Air Comet porque en esa compañía se habían hecho huelgas. Lo más curioso es que esa interpretación venga de su presidente y también presidente de la CEOE. Veamos:

La propia OACI señala que la situación de tensión en la organización por motivos laborales puede ser un motivo de disminución de los niveles de seguridad y hubo algunos medios que se apresuraron a sacar este tema con motivo del accidente de Spanair. No pretendo enmendarle la plana a la OACI pero creo que, en este tema, se puede aplicar la célebre frase que Torrente Ballester atribuía a un funcionario portugués: “Tiene usted razón pero no la tiene toda y la poca que tiene no le sirve para nada”.

Hace tiempo sostengo la teoría del piloto o controlador o técnico de mantenimiento “moderadamente felices” ya que, si  son muy infelices, sea por motivos personales o profesionales, hay un factor de riesgo y, si son muy felices, pueden evadirse del mundo y constituir también un factor de riesgo. Dicho más seriamente, es cierto que una situación de tensión laboral puede afectar a la seguridad pero son múltiples las situaciones de tipo personal y de una gravedad que puede ser en ocasiones muy superior que no afectan menos pero se encuentran totalmente fuera del control por parte de la organización.

No toda huelga es justificable y se puede citar como ejemplo el caso de una huelga ocurrida hace años en la empresa  Alúmina-Aluminio donde, al dejar un proceso de fundición a la mitad, se destruyó toda la maquinaria lo que representó la quiebra inmediata de la empresa. El gobierno del entonces presidente Felipe González, a pesar de su cercanía a alguno de los sindicatos que estuvieron detrás de tal salvajada, no dudó lo más mínimo en dejar que se ejecutase el cierre y que toda la plantilla se quedase sin trabajo y, en mi opinión, tuvo toda la razón al actuar así.

Sin embargo, se trata de una situación excepcional. Utilizar una situación de huelgas por motivos tan “insignificantes” como no cobrar la nómina durante varios meses para justificar que la empresa podía estar transmitiendo mala imagen a los consumidores es fácilmente calificable pero no voy a hacerlo porque lo difícil es utilizar el calificativo adecuado para tal conducta sin incurrir en unos cuantos apartados del Código Penal. Puestos a utilizar la doctrina de la OACI ¿qué es más dañino para la imagen de seguridad ante el pasajero? ¿El hecho de la huelga o el hecho de no cobrar la nómina? Cabe pensar que si alguien no tiene dinero siquiera para pagar la nómina habrá otros apartados como mantenimiento y utilización de aviones y tripulaciones que podrían también resentirse. No es la primera vez que se juega con cosas de este tipo y muchos recordarán como hace varios años la propia Iberia, como consecuencia de una situación de conflictividad, llegó a hacer público un mensaje de sentido parecido siendo inmediatamente corregida tanto por el Ministerio como por los propios pilotos de la compañía.

El papel de Díaz Ferrán como dirigente del sindicato de empresarios puede ser visto con gran simpatía en sectores no precisamente cercanos a los empresarios. Un dirigente debilitado es siempre apreciado por la parte contraria y, si es preciso apuntalarlo, se hace. Por supuesto, este principio se aplica tanto en ámbitos políticos como  sindicales, valga la redundancia, y hemos podido escuchar al actual ministro de Fomento José Blanco como, entre bromas y veras, manifestaba su deseo de que Mariano Rajoy permaneciese mucho tiempo al frente de la oposición. La estructura del sistema de representatividad sindical en España es sencillamente absurda. En primer lugar, utiliza como criterio básico en lugar de la afiliación los resultados de las urnas, urnas a las que sólo tienen acceso –atención al detalle- los trabajadores en activo, no los desempleados.

Por añadidura, el invento de los “sindicatos más representativos” es, desde su inicio, la concesión de un auténtico derecho de pernada a sindicatos a los que se otorga capacidad negociadora incluso en sectores donde su representación sea insuficiente para otorgárselo. Esto ha hecho que sindicatos profesionales como, por ejemplo, el CSIF vean cómo en la Administración Pública se sientan en la mesa representantes de sindicatos absolutamente minoritarios en la que es muy de lejos la mayor “empresa” de España siendo su representatividad real marginal. No hablemos ya de casos directamente relacionados con la aviación como la presencia de los “sindicatos más representativos” entre colectivos como el de pilotos o el de técnicos de mantenimiento. ¿A quién representan cuando se sientan a una mesa en la que están en juego los derechos de trabajadores de esos colectivos?

Es posible que alguien, incluso sin ser parte interesada, vea correcto el invento de los “sindicatos más representativos”. Veamos su lógica con un sencillo supuesto: El sindicato mayoritario en la Administración Pública es el CSIF que, como su nombre indica, es un sindicato específico de funcionarios. Supongamos que, en unas elecciones sindicales, los funcionarios se vuelcan en las urnas y el CSIF consigue un 80% de los votos, obtenidos además con un grado de participación del 90%. El número de votos obtenidos, dado el número de trabajadores que hay en la Administración Pública, inmediatamente cualificaría al CSIF como “sindicato más representativo” y, como tal, podría estar sentado a la mesa de negociaciones de, por ejemplo, el sector del metal. ¿Cómo verían los “compañeros del metal” ser representados en sus negociaciones por el sindicato de funcionarios? Absurdo, sin duda…no más absurdo que la solución que ahora mismo está vigente.

Demasiadas disfunciones para que pueda decirse que existe una representatividad real y el apuntalamiento de figuras débiles, como ahora la de Díaz Ferrán,  abunda en el mismo sentido. Probablemente, los dirigentes de algunos sindicatos “de clase” piensen que les están haciendo un favor con el mantenimiento de esa situación pero no es así. Si la situación actual se prolonga, podrían caer víctimas de una disfunción llevada al extremo y que lleve a una ruptura completa. Un ejemplo reciente: Aunque no es esto muy habitual, como consecuencia del proyecto de ley “ómnibus”, las protestas de los taxistas, principales afectados, se dirigieron a uno de los sindicatos “más representativos” al que le llenaron de pintadas su fachada. Este tipo de fenómenos podría extenderse a medida que aumentan las cifras de desempleo y cada vez más colectivos, incluyendo entre ellos el macrocolectivo de los desempleados, se ven abandonados a su suerte y dejan de aceptar una situación que se está llevando al límite, es decir, el cada vez mayor distanciamiento entre la representatividad nominal otorgada graciosamente y la real.

Con más de cuatro millones de parados, la insistencia en centrarse en proteger a los “clientes” propios, es decir, a los trabajadores en activo que son los que votan en las elecciones sindicales, y olvidarse del resto recuerda mucho a la frase atribuida a la denominada en España con el alegre nombre de María Antonieta, reina de Francia y esposa de Luis XVI que, cuando alguien le comentó que las masas protestaban porque no tenían pan, replicó “Que coman pasteles”.

Para los desempleados que protestan por el pan, la defensa a ultranza del coste del despido, intentos como que sea el trabajador quien decida en caso de despido improcedente y, en general todos aquellos intentos destinados a blindar la situación de los hoy más afortunados, blindaje que dificulta su propia posibilidad de acceder a un empleo, sonarán sin duda al “que coman pasteles” de María Antonieta. 

Que una estructura de representación sindical que hace agua por todas partes concluyese como la infortunada María Antonieta no sería buena noticia porque, si no se anticipa la reacción a esa posible ruptura, pasaríamos de una situación de una más que dudosa representatividad a otra situación de vacío total, es decir, de ausencia de interlocutores para tratar temas muy importantes y que no son necesariamente los que gobiernos y sindicatos verticales se empeñan en imponer.

Para evitar que esto ocurra, no se debe perseverar en el error sino evitar el divorcio entre la representación nominal y la real y, por supuesto, evitar las trampas en el solitario que significan forzar la permanencia de una figura debilitada como la de Díaz Ferrán a la cabeza del “enemigo”. Motivos ha dado para el relevo y afirmar que no volaría en su propia empresa porque ha habido huelgas no es el menor de ellos.

 

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Un Comentario

  1. miralarima

    Barajas está plagado,
    y no por los muchos vuelos
    que salen y van llegando,
    sino por algunos de ellos
    que se han quedado atascados
    provocando el desenfreno
    de los cientos de afectados
    que llevan días de encierro
    y conviven ‘barajados’
    en el maldito aeropuerto.

    Todo viene originado
    por la quiebra de una empresa
    liderada por Gerardo,
    que la CEOE lidera
    a-Ferrán-dose a su cargo;
    al tiempo que desde AENA,
    compañía del estado,
    se comen la papeleta
    de ubicar los afectados
    y solucionarle a la empresa
    el marrón que se han creado.

    A mí mal no me parece
    que el estado soluciones
    el problema de la gente
    que se quedó sin aviones;
    aunque sí que me resulta,
    al menos, algo chocante
    que luego no repercuta
    al que genera el desastre.

    Fijo que Díaz Ferrán,
    el pasado veinticuatro,
    no se quedó sin cenar
    con su cordero o su pavo;
    mientras los que allí están,
    en Barajas atrapados,
    no pudieron ni volar
    junto a sus padres y hermanos.

    “Les hemos puesto un hotel
    para que pasen la noche…”
    “Se lo va a meter usted
    por ‘adonde’ el sol se pone”
    Que la gente en Navidad
    por encima de banquetes
    gustamos de disfrutar
    de estar junto a nuestra gente…
    Como tú, Díaz Ferrán,
    que en este mes de Diciembre
    has osado disfrutar,
    a pesar de este ‘incidente’…

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