Banderas de conveniencia

El secuestro del atunero “Alakrana” y antes del esto el “Playa de Bakio” tiene muchas derivadas pero, por la razón que sea, parece que nadie ha querido entrar en una de ellas: El uso de las banderas de conveniencia.

Éste es un uso muy extendido y parece que el primero o uno de los primeros innovadores en este terreno fue el griego Onassis. Al parecer, la práctica común de los petroleros era la de llevar bandera de Estados Unidos porque, de esta forma, consideraban que su situación estaba más protegida aunque, eso sí, suponía estar sujetos al fisco -y a la protección- de Estados Unidos. Onassis pensó que el coste de la protección no le compensaba y empezó a buscar países en los que matricular sus barcos donde el pago de impuestos fuera escaso o nulo. Tradicionalmente, estos países han sido Panamá y Liberia aunque parece que más adelante se unieron al club de las banderas de conveniencia otros lugares como Seychelles.

Así, cuando se habla de “el atunero vasco”, habría que matizar que la empresa puede ser vasca pero, si la bandera no es española, cualquier petición de protección debería de realizarse al país del que lleva la bandera el barco. Por añadidura, sólo un tercio de la tripulación es de origen español. ¿Por qué, entonces, es España quien tiene que afrontar un problema que no parece más suyo que de cualquiera de los países de origen de los tripulantes o del país de abanderamiento del barco?

En estos días se han oído argumentos absolutamente peregrinos, incluyendo el de que el ayuntamiento de donde proceden la mayoría de los tripulantes españoles es abertzale y que sus familiares también y que, por tanto, no les correspondería protección de un Estado que rechazan. Es difícil encontrar un argumento más miserable que ése. Lo mismo si son de Batasuna que si son hinchas del Rayo Vallecano, son acreedores a la protección del Estado que le correspondería a cualquier otro español. Cosa distinta es si le corresponde la protección del Estado español a un barco matriculado en otro país.

Habría que ver en qué medida la situación actual no procede de la conducta seguida con el anterior secuestro con el “Playa de Bakio” al haber transmitido el mensaje claro de que el secuestro de barcos que puedan ser utilizados para presionar al gobierno español es rentable. Al parecer, en aquel caso hubo una oportunidad disponible, después de haber pagado el rescate,  de haber echado a pique la barca de los piratas que abandonaban el barco con el dinero a bordo. Si se hubiera hecho y se hubiera actuado en una línea similar a la seguida por los franceses ¿tendríamos ahora otro caso similar o se lo habrían pensado mejor?

Inevitablemente, el uso de la fuerza tiene que ser una posibilidad a plantear por mucho que uno quiera que, por méritos similares al último, le regalen el Nobel de la Paz. La protección de los propios barcos implica la disposición a, si es necesario, utilizar la fuerza y hacer valer el viejo principio de que en democracia es el Estado quien tiene el monopolio de la violencia. Cosa distinta, y que no parece estarse planteando en el nivel que se debiera, es si un barco con bandera no española es acreedor o no a esa protección y si, en su caso, la preocupación debería limitarse exclusivamente a los ciudadanos españoles sea cual sea el medio que los transporte o hacerse extensiva a los demás tripulantes y al propio barco.

Si no se está en disposición de usar la fuerza, como parece dejar claro la actuación seguida con el caso anterior, el “Playa de Bakio”, nos encontraremos en una situación que describe espléndidamente José Antonio Marina en “Anatomía del miedo” con estas palabras:

En caso de guerra ¿querría alguien un ejército dubitativo, asambleario, crítico, democrático, donde cada soldado mantuviera su libertad de juicio, evaluación y decisión? No, porque sería un ejército parecido al que popularizó Gila, que pedía al enemigo que no atacara muy temprano porque querían dormir o le pedía prestado el cañón. Parece que este asunto no tiene solución posible. O tener unos ejércitos inútiles o tener unos ejércitos salvajes…seguirá habiendo guerras, porque basta con que alguien desee hacerlas para que las haya; será necesario ir a la guerra para defender valores importantes o la supervivencia y entonces harán falta ejércitos eficaces.

Se habla de autorizar a los barcos a llevar vigilantes civiles armados pero, en realidad, eso lo único que hace es invitar a los piratas a que vayan mejor armados porque cabe esperar que ningún atunero vaya a llevar ningún ejército dentro para protegerlo. Las preguntas más sencillas son las que parece que nadie quiere plantear:

  1. ¿Es sujeto de protección del Estado español un barco con una matrícula no española y con un tercio de su tripulación compuesta por españoles?
  2. En caso afirmativo ¿se está dispuesto a utilizar la fuerza como medio de garantizar esa protección? Si no es así, ya pueden contar con que esta situación con componentes de drama  por lo que toca a los afectados y sus familiares y de ópera bufa por el papelón de los politicos y del ejército  se repetirá bastantes veces por mucho “segurata” que quieran poner a bordo de los atuneros.
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s