La guerra de Cajamadrid

Cualquier lector que no siga minuto a minuto las noticias relativas a Cajamadrid, sin duda se va a perder algunas cosas. Por ejemplo, en estos días se ha presentado como el gran triunfo en clave interna de Rajoy el que finalmente Rodrigo Rato vaya a ser el nuevo presidente de Cajamadrid. Esos mismos palmeros no explican que en marzo http://www.soitu.es/participacion/2009/03/18/u/basiliopozoduran_1237383024.html fue la propia Esperanza Aguirre quien propuso a Rato como presidente y que fue Rajoy quien lo rechazó, cabe suponer que porque no le gustaba tener de vuelta tan cercano a la política nacional a quién en su día fue su oponente y, dada su propia ejecutoria, hoy podría ser el Terminator de las ambiciones políticas de Rajoy. ¿Qué ha cambiado desde entonces para que, al parecer, las posiciones se hayan invertido?

Las malas lenguas aseguran que lo que ha cambiado es la situación actualmente crítica del grupo PRISA, con una importante deuda con Cajamadrid cuya renovación, de producirse, debería ser inmediata y que al citado grupo le interesa tener un amigo en la presidencia de Cajamadrid y Rato lo es…y tal vez por eso ahora Esperanza Aguirre prefiriese alguien que contribuyese a apuntillar a un grupo de comunicación que nunca se ha distinguido por su amistad hacia el PP aunque sí hacia alguno de sus miembros, fundamentalmente Ruiz-Gallardón y Rodrigo Rato. ¿Busca Rajoy convertirse en el salvador de PRISA para disfrutar del mismo trato favorable que sus compañeros de partido?

El PP lleva mucho tiempo bajo los focos como consecuencia de sus temas relacionados con la corrupción. No cabe duda de que los medios de comunicación no tratan igual a todos los partidos cuando alguien mete la mano en la caja pero ese hecho, con ser cierto, de ninguna forma justifica la inacción de que ha hecho gala Rajoy en el asunto de la corrupción. De repente, salta otra corruptela en Cataluña que, en este caso, afecta directamente a ex-altos cargos de Pujol y dirigentes de Convergencia y del PSOE y, justo en ese momento, se descuelga Manuel Cobo en El País con unas declaraciones en contra de Esperanza Aguirre en relación con Cajamadrid que hacen que los focos que, por un momento, se habían desviado vuelvan inmediatamente a enfocar al PP y pase el otro asunto a segundo plano.

¿Casualidad o ejercen Cobo y Gallardón o viceversa como caballos de Troya del PSOE en el PP con el intermedio de PRISA?

El caso es que Rajoy no parece necesidad de ayuda externa o interna para enredarse él solo. La diferencia entre el trato recibido por el ex-secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, y el primer teniente de alcalde de Madrid, Manuel Cobo, a quien su jefe apoya y mantiene en el puesto a pesar de una suspensión cautelar de militancia muestra que el anunciado puñetazo en la mesa lo ha dado flojito para no hacerse daño. No hay que extrañarse de que el ministro de Fomento, José Blanco, manifestase su alegría porque la figura de Rajoy pudiera salir reforzada de todo este enredo. Como Josep Piqué dijo de él cuando le preguntaron cómo lo estaba haciendo, es difícil no hacerlo mejor.

Cajamadrid ha resultado ser un campo de batalla donde se aludía a grandes principios y a respeto a la legalidad pero lo que se estaba cociendo era la pura y simple lucha por el poder entre dos bandos enfrentados del PP. No se sabe si por la importancia de la entidad o por ese distinto tratamiento que los medios de información dan a la porquería dependiendo del lado del que viene, el tema ha gozado de bastantes titulares pero está muy lejos de ser el único enjuague con cajas de ahorros de por medio.

Los políticos de todo signo han entrado al asalto en las cajas de ahorros y las han convertido en el brazo financiero del partido en el poder en cada sitio y, al final, es el Estado -o sea, todos nosotros- quien tiene que pagar la fiesta que se han corrido y se siguen corriendo nuestros honorabilísimos padres de la patria repartiendo dinero entre sus amigos. No resulta extraño que la conducta de los políticos haya pasado a estar, según el último sondeo del CIS, entre las preocupaciones de los ciudadanos por encima incluso del terrorismo. Lo que no nos dicen es que es una preocupación relacionada con la salud como la relativa a la gripe A, sólo que en este caso más que a la gripe se refiere a las ganas de vomitar que producen unos y otros.

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