Elecciones en Portugal y en Alemania y lecciones para España

En un alarde de humor alguien dijo que “el futuro ya no es lo que era” y es posible que lo mismo ocurra con las elecciones. Antes, la pérdida de votos de un partido implicaba una ganancia más o menos equivalente del partido que se le oponía. Ahora no.

Lo ocurrido en Portugal podría fácilmente utilizarse como encuesta para las elecciones españolas previstas para 2012: Un partido socialista pierde votos ante el desánimo de un cuerpo electoral harto de una crisis que en nuestro país vecino se ha hecho ya crónica. Los especialistas hablan de crisis en “U” y crisis en “L” y la crisis portuguesa ha introducido como innovación la “L” lánguida como un fado, en la que la rama horizontal se cae.

Merkel y Sarkozy por un lado y Obama por el lado opuesto han sabido hacer discursos de principios. Esos discursos de principios son los que los han llevado al poder y, en el caso de Merkel, repitiendo con ventaja aumentada. Por ahí, el futuro tampoco es lo que era: Un partido conservador se alía con un partido liberal en Alemania pero, al mismo tiempo, como participante en el G-20 sostiene que hay que mantener el nivel de intervención en el sistema financiero. ¿Somos liberales o intervencionistas o somos una cosa en casa y otra fuera?

Obama, por otro lado, se encuentra con un tigre cogido por el rabo. Ha querido darle la vuelta a la política de Bush pero todavía recuerdan muchos en Estados Unidos el desastre de la etapa Carter y cómo los iraníes se burlaron de la superpotencia. ¿Cómo ir aflojando la presión sobre el rabo de un tigre que, como decía Balú en “El libro de la selva” tiene dientes al otro lado? Sencillo: Sacando a relucir la posibilidad de utilizar la fuerza y, como en el caso anterior, se plantea la pregunta de si somos pacifistas o belicosos.

Aunque en el escenario global las elecciones portuguesas tengan menor importancia, sus resultados pueden ser los más relevantes para España en el sentido de poder servir de reflejo del próximo futuro. Los políticos de los grandes países que hoy están en el poder lo están porque, aunque con algunas contradicciones como las señaladas, han sabido vender unos principios con los que la gente se ha identificado.

En España, la oposición parece nacida en la ventanilla de un ministerio: Esperan a que les lleguen los papeles y, cada vez que encuentran una equivocación, los rechazan y sacan el altavoz para decir que los han rechazado. No hay un discurso ni liberal ni conservador ni mediopensionista. Algo parecido puede decirse del partido del gobierno y sus estiras y aflojas en función de la aritmética parlamentaria. La conducta de ambos la han reflejado tanto Groucho Marx como Forges; el primero con su éstos son mis principios y, si no le gustan…tengo otros y el segundo con su juro mi más inquebrantable lealtad a lo que haga falta.

En ese entorno, tiene poco de extraño que ambos pierdan, como ha ocurrido en Portugal. Al final, parece que, como Rousseau y Voltaire, uno necesita al otro para tener a quién oponerse y darle sentido a su existencia. Mientras tanto, cada vez hay más gente que piensa que no necesita a ninguno de los dos.

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