¿Se puede ser hoy antinuclear y razonable al mismo tiempo?

Alguna pista debería darnos el hecho de que uno de los fundadores de Greenpeace y un ex-presidente socialista, el mismo que firmó la moratoria nuclear en España, critiquen abiertamente la decisión de Zapatero acerca del cierre de la central nuclear de Garoña.

El pasado domingo tuve oportunidad de ver un reportaje de TVE donde difícilmente podían colocarse más falsedades juntas incluyendo un supuesto superavit energético español que, al parecer, había olvidado que importamos energía de Francia y unos supuestos problemas de la central de Garoña en los que, al parecer, habían olvidado que los tales problemas procedían del diseño original y habían sido resueltos tan satisfactoriamente que la solución producida y patentada en España había sido vendida a otros países para centrales del mismo tipo.

Es cierto que hay quien dice que las nucleares de hoy son mucho más seguras que las de hace unos años. Me voy a permitir dudarlo; los hechos muestran que la energía nuclear ha sido siempre una tecnología segura y quien afirma esa supuesta evolución lo que está haciendo es, sobre todo, tratar de vestir de alguna forma su cambio de opinión del “Nucleares no, gracias” al “Nucleares ¿por qué no?”. Del mismo modo, ahora se amenaza con proyectos de ley sobre la energía nuclear en España con los que, simplemente, se trata de vestir el simple hecho de que la decisión de cierre en 2013 de una central cuya vida útil, a juicio del Consejo de Seguridad Nuclear, podía permanecer sin problemas hasta 2019, procede del capricho de un iluminado.

Que el coste energético es clave para la posibilidad de cualquier país para competir es algo tan elemental que no vale la pena argumentarlo; que hoy por hoy la energía nuclear es la forma más barata de producir energía e infinitamente más barata que los “molinillos” o los huertos solares que sólo se sostienen gracias a unas subvenciones masivas…o sea, a un aumento del déficit o a un aumento de la factura de la electricidad es también una evidencia. Que la energía nuclear no es de izquierdas ni de derechas como ha mostrado el hecho de que destacados dirigentes socialistas y ecologistas hayan cambiado su posición al respecto es otro hecho. Entonces ¿qué queda? Dos cosas: Seguridad y residuos.

En cuanto a la seguridad, después de estar bastante tiempo vinculado a la aviación, hay dos asuntos que echo de menos en la aviación y que la industria nuclear sí tiene:

  1. Me gustaría que, ante una situación que pudiera poner en riesgo la seguridad de un avión, éste se parase en el aire y pidiese tiempo muerto mientras se busca la solución al problema y que, durante todo ese tiempo, permaneciese la situación de congelación del avión.
  2. Me gustaría que, ante una situación de riesgo, la decisión no tuviera que ser tomada sin tener todos los datos y con una fuerte presión de tiempo sino que, al contrario, se le pudiera decir al piloto que no tomase ninguna iniciativa porque siempre iba a tener a mano a alguien que, ante cualquier situación no prevista, sabe más que él.

Chernobil, en su momento, se convirtió en una especie de icono del movimiento antinuclear y, al hacerlo, olvidaron varias cosas:

  • El diseño de Chernobil era intrínsecamente inestable, es decir, era un diseño en que la temperatura aumentaba la reactividad y viceversa. La práctica totalidad de las centrales occidentales son intrínsecamente estables teniendo un rango de temperaturas muy estrecho y fuera del cual, por arriba o por abajo, la reactividad disminuye hasta que el reactor se para.
  • Aún contando con ese diseño, el caso de Chernobil no se habría producido si, conscientemente, no hubieran ido eliminando una serie de mecanismos de seguridad de la planta.
  • Los reactores ex-soviéticos no contaban con el edificio de contención secundaria que, posiblemente, hubiera podido contener una explosión que no fue nuclear sino convencional derivada de la presión que se introdujo y que acabó haciendo saltar la tapa. Para entendernos, una olla a presión que estaba cocinando material nuclear y, al explotar, liberó ese material.

En el caso español, es fácil obtener un mapa de radiaciones del país y puede apreciarse que algunas zonas que no tienen centrales nucleares a su alrededor soportan una cantidad mucho mayor de radiación de origen natural -no por ello menos perjudicial- que el entorno más inmediato de algunas de las centrales.

En cuanto a los residuos, desde hace años hay programas destinados a disminuir de forma drástica la vida activa de los residuos mientras llega la tecnología nuclear del futuro, es decir, la tecnología de fusión en la que desaparecen todos y cada uno de los problemas reales o ficticios que han sido utilizados siempre en contra de la energía nuclear.

Las necesidades energéticas y la necesidad de obtener energía barata invitan a usar la energía nuclear. El historial es hoy suficientemente largo como para poder afirmar que la seguridad es adecuada y el asunto aún no resuelto que es el de los residuos está en vías de solución, por un lado, a través de su procesamiento y por otro lado a través de su mera desaparición una vez que aparezcan en producción las instalaciones de fusión.

A pesar de todo esto, el capricho de un personaje hace que una central nuclear se quiera cerrar con todos los efectos locales y generales, a corto y a largo plazo que eso va a generar. Ahora algunos quieren vestir ese capricho de adolescente de “estrategia de estadista”  aunque, para ello, tengan que andar produciendo leyes que no llevan a ningún sitio salvo a poner un marco a ese capricho.

Me gustaría concluir con una frase tomada del libro “Planeta azul, no verde” de Vaclav Havel que puede representar una adecuada respuesta a los que nos venden, como excusa para suprimir un tipo de energía necesaria y que no emite CO2, la alternativa de las energías renovables. Léase porque no tiene desperdicio:

Imaginen que levantan dos torres, una al lado de la otra, de una altura de 60 metros aproximadamente. En una de ellas colocan un ventilador, en la otra, la hélice de una turbina eólica. El ventilador será propulsado por energía eléctrica producida por una central eléctrica nuclear o de carbón. El viento del ventilador hará girar la hélice de la turbina eólica. Dado que el precio del suministro de la electricidad producida por la hélice eólica es tres veces más alto que el que hace girar el ventilador, un proyecto de estas características es económicamente sensato. Se sufragaría en once años y después empezaría a generar ganancias.

Anuncios

Un Comentario

  1. Trackback: Bitacoras.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s