Crisis financiera: ¿Podría tener una explicación más sencilla?

A estas alturas, a todos nos salen por las orejas las explicaciones sobre titulizaciones, hipotecas sub-prime rebautizadas como “ninja” y no sé cuantas cosas más.

Quizás, más que analizar cómo los instrumentos concretos han podido producir estos resultados, sería conveniente ir a los factores dinámicos que están tras de esos instrumentos. Se me ocurren dos:

  • Huida del capital de todo lo que represente inversión directamente productiva (fábricas o ladrillos) en favor de la inversión financiera.  La razón es muy sencilla: La inversión financiera tiene los pies mucho más ágiles que los títulos de propiedad o los activos físicos para salir corriendo cuando vienen mal las cosas. Este movimiento ha sido facilitado por los reguladores creando instrumentos, como los que ahora se critican, porque facilitaban la inversión aunque, al mismo tiempo, también facilitaban la huida.

La lógica no puede ser más sencilla: Cuanto más fácil sea la huida, menos problemas habrá en invertir pero algunos instrumentos han hecho que la inversión se parezca más a un juego de Monopoly que a otra cosa.

  • Auditoría: Las situaciones de riesgo podrían haber sido detectadas por las auditorías pero, como los casos Enron y Worldcomm y muchos otros antes pusieron de manifiesto, las auditorías tienen un problema básico: El auditor informa acerca de la conducta de aquél que elige quién le va a auditar.

En España hemos tenido, además, un asunto chusco: Cuando Standard & Poors amenazó con rebajar la calificación de la deuda española, el presidente no tuvo mejor salida que decir que eso no iba a suceder y, además, las agencias están en entredicho precisamente por la situación de crisis y cómo ésta no fue avisada por tales agencias.

En cuanto al primer punto, remitámonos a los hechos: Ya ha sucedido esa rebaja de la calificación de la deuda española. En cuanto al segundo punto, un matiz de gran importancia: Las agencias han sido acusadas de no alertar y dar por buenas inversiones que los hechos han mostrado que no lo eran en absoluto; nunca por lo contrario. Matar al mensajero que trae las malas noticias siempre ha sido una práctica inútil; intentar hacerlo con una pistola de agua es, además, ridículo.

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