“Planeta azul (no verde)” de Václav Klaus

Puede definirse como un libro contra los ecologistas sin que esto, de ningún modo, pueda definirse como sinónimo de libro contra la ecología o contra la naturaleza.

Trae a colación el ya famoso calentamiento global y las consecuencias del activismo político ecologista en torno a esta supuesta o real amenaza. Hay que decir, en primer lugar, que en el aspecto científico no hay aportaciones que no hayan sido hechas ya antes. Por ejemplo, si se quiere analizar con cierto rigor las dudas que existen sobre el calentamiento global y su origen, puede ser mejor leer la “Guía políticamente incorrecta del cambio climático” o la novela de Crichton “Estado de miedo”. Sí es cierto que, como buen político, sabe encontrar el argumento o la frase de impacto y, como muestra, ahí van dos:

  • Según el protocolo de Kyoto, debemos limitar el uso de la energía en una tercera parte, cuya consecuencia será -hasta el año 2050- ¡un descenso de la temperatura en 0,05 grados centígrados.
  • Imaginen que levantan dos torres, una al lado de la otra, de una altura de 60 metros aproximadamente. En una de ellas colocan un ventilador, en la otra, la hélice de una turbina eólica. El ventilador será propulsado por energía eléctrica producida por una central eléctrica nuclear o de carbón. El viento del ventilador hará girar la hélice de la turbina eólica. Dado que el precio del suministro de la electricidad producida por la hélice eólica es tres veces más alto que el que hace girar el ventilador, un proyecto de estas características es económicamente sensato. Se sufragaría en once años y después empezaría a generar ganancias.

No son éstos, sin embargo, los argumentos que hacen distinto al libro sino el tratamiento del activismo ecologista como una amenaza directa a la libertad en nombre de unos principios absolutos e incuestionables. Señala a este respecto que la actitud de los ecologistas ante la naturaleza es análoga a la actitud marxista respecto a las leyes económicas; también los ecologistas intentan sustituir la libre espontaneidad del desarrollo del mundo (y de la humanidad) por una planificación óptima, central o, como está de moda decir hoy, global del desarrollo mundial…como las demás utopías, ésta solamente se puede alcanzar (¡pero es inalcanzable!) gracias a la restricción de la libertad y al dictado de una minoría de elegidos sobre la mayoría aplastante del resto de las personas.

Un claro ejemplo de esa pérdida de libertad está en el ejemplo del ministro británico de Medio Ambiente quien declaró que, al igual que a los terroristas no puede concedérseles espacio en los medios de comunicación, tampoco deberían tener derecho a ello aquéllos que son escépticos respecto al calentamiento global.

No vamos a entrar en esta reseña en el nivel de duda razonable pero políticamente silenciada que existe sobre el fenómeno del calentamiento global y, sobre todo, acerca de si ese fenómeno es o no un derivado de la actividad humana. Para eso, ya están aquí mismo las reseñas de los dos libros citados más arriba. Sin embargo, sí parece más relevante la calificación del ecologismo como una ideología populista y no como algo de carácter científico. A este respecto Klaus apunta lo siguiente: Aunque el ecologismo presume de tener carácter científico, en realidad es una ideología metafísica que en el fondo rechaza ver el mundo, la naturaleza y la humanidad tal y como son realmente, rechaza ver su desarrollo evolutivo natural y venera el estado actual de la naturaleza y del mundo convirtiéndolo en una especie de norma intocable, cuya modificación de cualquier índole presenta como una amenaza nefasta.

Ésta es la línea argumental más interesante y original del libro: La del activismo ecologista como una amenaza a la libertad frente a la cual la ortodoxia de lo “políticamente correcto” impone el silencio y es por esta parte, no por sus razonamientos científicos mejor desarrollados en otras obras como las mencionadas, por lo que vale la pena leerlo. Al final del libro, como síntesis, presenta un conjunto de principios de acción del mayor interés y que son los siguientes:

  • En vez del medio ambiente, promovamos la libertad.
  • No antepongamos cualquier cambio del clima a cuestiones fundamentales de la libertad y la democracia.
  • En vez de organizar a la gente desde arriba, propiciemos que cada uno viva según su propio criterio.
  • No sucumbamos a temas de moda.
  • No permitamos la politización de la ciencia y no sucumbamos a la ilusión del consenso científico que, de todos modos, siempre se está intentando conseguir pero solamente por parte de una minoría ruidosa y no por la mayoría silenciosa.
  • Seamos sensibles y cuidadosos con la naturaleza y exijámoslo en su vida personal también de aquéllos que tanto hablan del medio ambiente.
  • Seamos humildes frente a la evolución espontánea de la sociedad humana, creamos en su racionalidad implícita y no intentemos frenarla y desviarla en cualquier otra dirección.
  • No nos asustemos a nosotros mismos con previsiones catastróficas y no abusemos de ellas para la defensa e implantación de intervenciones irracionales en las vidas humanas.

En suma, vale la pena leerlo para todo aquél que no acepte dogmas incuestionables y pretenda utilizar un sentido crítico. Se esté de acuerdo o no con la totalidad, es cierto que toca temas que la “onda verde” ha conseguido que sean impopulares sin que ello les quite la más mínima validez.

Por cierto, puesto que la energía nuclear ha sido uno de los iconos más tradicionales de la onda verde, animo a la lectura de este blog para tener una perspectiva distinta:

http://weblogs.madrimasd.org/ciencianuclear/category/454.aspx

y de este otro para mostrar otra perspectiva sobre el calentamiento global:

http://tu.tv/videos/el-gran-timo-del-calientamiento-global_2#

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