La herencia de Aznar y la España de Zapatero: Dos caras de una misma moneda

En estos días en que el desempleo crece por momentos, son muchos los que se acuerdan de la herencia de Aznar y de la creación de cinco millones de puestos de trabajo. Esa herencia ha sido dilapidada tanto por sus sucesores, incapaces de hacerla valer ante el electorado, como por sus adversarios.

Llama la atención el silencio de los sindicatos y queda a la vista la subordinación de éstos a la política y, si alguien tenía alguna duda, queda claro para todos que no representan a nadie salvo a sí mismos y a sus prebendas.

Por añadidura, hay un cada vez más extendido hartazgo de los nacionalistas, como deja en evidencia el ascenso en vertical del partido de Rosa Díez, abanderado del antinacionalismo, mientras Zapatero va dejando clara su incompetencia a cualquiera que hubiera albergado dudas sobre la misma en el pasado.

Una situación económica en caída libre, caída que se negaba hasta hace muy poco, un desempleo creciendo a marchas forzadas, una insignificancia en la escena internacional a la que se añade el ridículo, unos nacionalistas crecidos y, como consecuencia de esto último, un parecido cada vez mayor de España a los reinos de taifas…y Zapatero dedicándose a prioridades nacionales como la SGAE, las subvenciones al cine y la protección o complicidad con cualquier grupo minoritario con tal de que sea vocinglero y pueda resultarles molesto a los sectores más tradicionales de nuestra sociedad…no hablemos ya de cuestiones como remover la guerra civil a través de su brazo judicial, Garzón, como ejemplo de cosa que molesta a muchos y no solo a los más tradicionalistas.

No creo en modo alguno que este breve resumen sea exagerado pero antes de cargar las tintas sobre Zapatero, habría que preguntarse por qué alguien que, incluso antes de llegar al Gobierno, era visiblemente incompetente no sólo gana unas elecciones sino que repite…no quiero entrar en cuestiones de mala educación como la escenita de permanecer sentado frente a la bandera norteamericana, cosa que por supuesto no hizo su compañero de partido Felipe González, y que le va a salir muy cara también con Obama.

La respuesta no puede ser más simple: A Zapatero le trajo de la mano, por supuesto sin pretenderlo, Aznar.

Aznar comenzó incumpliendo una promesa electoral de gran importancia: Recobrar la independencia del poder judicial, desaparecida con la iniciativa del “enterrador de Montesquieu”, Alfonso Guerra, y con la connivencia del partido de Aznar. Una vez instalados en el poder, debieron creer que serían para siempre y entendieron que era preferible tener un poder judicial “apañado” entre los partidos políticos. La consecuencia de ese incumplimiento se ve ahora.

Aznar no puso el menor empeño en que fueran cumplidas sentencias judiciales importantes que curiosamente afectaban a gente que no le tenía la menor simpatía: Los Albertos, amigos de alguna testa coronada que, a su vez, no era muy amiga de Aznar y la devolución de Antena-3. Naturalmente, tras la pérdida de las elecciones se encontró con un virtual monopolio de medios de comunicación contrarios a su partido.

Aznar señaló con el dedo todopoderoso como sucesor al menos díscolo de los potenciales. La consecuencia es una oposición acomplejada y sin ningún tipo de tirón hasta el punto de que la situación hace que la valoración de Zapatero baje pero ¡oh, sorpresa! la de Rajoy baja mucho más. Una oposición sin un mensaje alternativo es ridícula; una oposición entregada es más ridícula todavía.

Aznar nunca quiso resolver temas como el de las parejas homosexuales, no se sabe si por no considerarlo una urgencia o por presiones del ala más conservadora de su partido. Al hacerlo así, abrió la puerta a que Zapatero hiciera una bandera de un asunto que una gran mayoría de militantes y más aún de votantes del partido de Aznar habría podido aceptar sin ningún problema.

Aznar no se atrevió a dar por terminada la moratoria nuclear ni a suprimir el PER y mucho menos a acordar con el PSOE el cierre definitivo del modelo de Estado. La consecuencia es que el chantaje nacionalista no sólo no ha disminuido sino que ha aumentado hasta extremos que sus artífices nunca habrían soñado hace unos años -los de Aznar- ni hace más años aún -los de Felipe González- pero hoy han encontrado su presidente ideal.

Aznar criticó mucho la LOGSE pero, al parecer, no tuvo tiempo en ocho años de cambiar el sistema educativo y lo intentó hacer precipitadamente y al final con lo que, aunque parecía difícil, se ha conseguido empeorar la situación.

Aznar y Rato potenciaron la entonces llamada correctamente desde el PSOE “burbuja inmobiliaria”, burbuja que se olvidó en el momento en que llegaron al poder pero que, de acuerdo con lo que ellos mismos vaticinaban cuando estaban en la oposición, les estalló a ellos sin que hubiesen tomado ninguna medida para prevenirla. La prosperidad de la época de Aznar tiene mucho que ver con el ladrillo pero, inevitablemente, el ladrillo se acaba y ni él ni los que vinieron detrás hicieron nada para prevenirlo.

Al igual que el PSOE tenía razón al hablar de burbuja inmobiliaria, son muchos los que piensan que Aznar tenía razón al calificar a Zapatero de insolvente. Sin embargo, a ese insolvente al que siempre ha despreciado -al igual que él ha sido despreciado por Felipe González- le ha traído él mismo por sus miedos y sus incumplimientos. Aznar se recreó en la situación económica y despreció la política nacional; Zapatero desprecia la situación económica y se recrea en una política de gestos y ambas cosas, aunque a ninguno de los dos les guste, van juntas.

En estos días de modo especial es fácil sentir envidia de los americanos…y no por la victoria de Obama. Creo que si hubiera ganado McCain igualmente tendríamos que sentir envidia. La política por allí es otra cosa y hay algunos puntos que todos tienen muy claros…y eso es, por cierto, lo que Zapatero no valoró al cometer su payasada con la bandera americana. El ridículo internacional de ir mendigando apoyos de países de tercera división para estar en una reunión en Washington sólo es comparable al realizado por la “leal oposición” y su demostración de firmeza rayojesca en el caso de Navarra.

Éstos son nuestros políticos pasados y presentes.

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