Libertad de mercado o intervención: To be or not to be

Parece que casi todos están de enhorabuena por el plan Bush para salvar el sistema financiero norteamericano y, de rebote, el mundial. Para muchos, la intervención es la prueba de que el libre mercado no funciona y señala el ocaso del imperio norteamericano.

Ambas cosas podrían estar equivocadas. El libre mercado sólo se puede dar en un entorno donde el Estado también haga su trabajo como regulador y no permita que se desarrolle una opacidad como la que se ha dado en el sistema financiero y, de alguna forma, el plan de Bush significa el pago -con cargo a los contribuyentes- del error cometido por los reguladores y los políticos que los controlan.

Llevamos años en que se está avisando desde diversos foros de que el gran tocomocho del mercado se llama China. China está mostrando unos crecimientos espectaculares pero, en buena parte, no hay forma de comprobar su veracidad ya que en una economía centralmente planificada y sin posibilidad de auditoría, las cifras de producción y crecimiento pueden ser las que el dirigente de turno quiera poner. Cuando estalle esa burbuja, es muy probable que deje muy pequeña a la actual crisis.

La situación china es, como comentaba ayer mismo con unos amigos, parecida a la de Rusia con respecto a Kyoto. Como nadie puede demostrar cuanto contaminan realmente por la opacidad de su sistema, venden derechos de emisión de CO2 a otros países aunque tienen en su haber y en su historia un incomparable record como contaminadores.

Sin necesidad de ser muy exhaustivo, la extinta Unión Soviética se cargó el que era conocido como mar Aral y sus dos ríos principales gracias a unos niveles de contaminación que el sistema fue incapaz de soportar.

Algo parecido podemos decir de los efectos de Chernobil, el mayor accidente nuclear de la historia, producido gracias a un diseño inestable y poco seguro y a un manejo imprudente. Si hablamos de lo que ocurría en la base de submarinos nucleares de Murmansk y las extrañas muertes que se producían por doquier en mitad de un auténtico cementerio nuclear, poco queda por decir…y éstos son los que, gracias al panfilismo europeo, todavía están sacándose dinero de Kyoto por venderles derechos de emisión de CO2 a otros que, con seguridad, emiten mucho menos que ellos.

Soros hablaba de fundamentalismo de mercado, es decir, de la invasión de la lógica del mercado de terrenos que no le corresponden y tiene razón si cuando se habla de mercado lo traducimos directamente a finanzas. Algunos autores como Sowell, Levitt o Harford han mostrado como la lógica de mercado es muy difícil de evitar en muy distintos ámbitos sin que ello implique su traducción a finanzas y, en contra de lo que algunos creen ahora, la intervención norteamericana no es el certificado de defunción del mercado libre.

Eso sí, es el reconocimiento de que ese mercado libre sólo se puede dar en un entorno donde el Estado y los políticos hagan su trabajo como reguladores y garanticen la transparencia de ese mercado. Las sub-prime o hipotecas ninja y su impacto no han sido un ejemplo, China tampoco lo es y Rusia tampoco. ¿No es hora de que los políticos de cualquier color se pongan a trabajar un poco en serio y dejen de echarle la culpa de sus tropezones al empedrado?

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