Juegos Paralímpicos ¿camino de integración o profundización en la exclusión?

 Éste es un “post” políticamente incorrecto. No lo es por el placer de llevar la contraria a la mayoría que impone un pensamiento único “políticamente correcto” en los medios de comunicación sino porque nace de una reflexión que intenta compartir.

Estamos en un sistema de pensamiento icónico, es decir, un sistema que pretende imponer una imagen más o menos hábilmente construida sobre la capacidad de reflexión y las conclusiones a que ésta nos pueda llevar. En España, el uso de imágenes sin nada detrás es algo llevado a sus últimas consecuencias desde el advenimiento de Zapatero pero no es, ni mucho menos, un caso único.

Una vez construida la imagen, ésta se convierte en incuestionable y cualquier argumento que se le quiera oponer es descalificado con nuevas imágenes.

El viejo dicho de que una imagen vale más que mil palabras es hábilmente utilizado por algunos políticos que anulan las palabras que componen cualquier argumento mediante una imagen.

Hago este preámbulo para prevenir a cualquiera que esté afectado por el pensamiento icónico e invitarle a que se deshaga de él y reflexione. Respetaré cualquier desacuerdo que venga de un razonamiento y de unos argumentos pero sí pediré que no se sustituyan los argumentos por un conjunto de imágenes como se hace desde la onda de lo políticamente correcto. Voy al asunto:

Tras la finalización de los Juegos Olímpicos han comenzado en el mismo lugar los Juegos Paralímpicos muy alabados como muestra de espíritu de superación, etc. ¿es así?

Éste ha sido un terreno siempre difícil. Hubo un tiempo, aún no muy lejano donde se hablaba de “inválidos” para referirse a los que iban en silla de ruedas. El carácter insultante de la denominación hizo que se cambiara al estúpido “minusválido”, estúpido porque seguía manteniendo el carácter insultante y, por tanto, no conseguía el objetivo perseguido.

Imagínese a un Stephen Hawking y llámesele minusválido. ¿Minus-válido que quién? ¿Se atreverá cualquier imbécil a mirarle por encima del hombro por el hecho de estar en perfecto uso de sus brazos y sus piernas? Si es así ¿a quién tendríamos que denominar minusválido?

Ni siquiera es necesario recurrir a casos tan excepcionales como el de Hawking. En la Facultad tuve un compañero ciego que, entre otras cosas, era capaz de hacer el cubo de Rubik en un tiempo record. Todo lo que necesitaba era que le acompañasen la mano señalándole donde estaba cada color en la configuración inicial. A partir de ahí, lo hacía él solo entero. ¿Otro minusválido? Por cierto, la expresión que utilizaba más frecuentemente era “no lo veo claro”. Al principio, esto causaba cierta violencia entre sus acompañantes; una vez adquirida confianza, siempre habría alguien que le dijera “¿Qué c… vas a ver si eres ciego?” a lo que su respuesta más habitual solía ser “Pues es verdad”.

La expresión “disminuido físico” resulta más acertada por eliminar ese carácter insultante y, al mismo tiempo, reflejar la realidad de que una persona tiene carencias físicas que la mayoría de la gente no tiene.

Es de derecho en cualquier sociedad civilizada que se intente facilitar la vida a sus miembros y, puesto que nadie ha elegido nacer o convertirse en disminuido, que se intente construir una sociedad que pueda acoger a la mayor cantidad posible de personas permitiendo que los medios de esa sociedad se utilicen en conseguir una vida lo más normalizada posible.

Sin embargo ¿entra dentro de ese concepto de vida normalizada la imitación de unos Juegos Olímpicos para personas con deficiencias físicas? Permítaseme ilustrar la pregunta con unos ejemplos:

Un apasionado del baloncesto mide 1,50 y, por tanto, podemos concluir que no va a poder asistir a unos Juegos Olímpicos en su equipo nacional. ¿Debemos crear una competición para jugadores por debajo de 1,50 con unas canastas más bajas?

Llevemos idéntica situación a la edad. ¿Debemos organizar unos juegos Gerontolímpicos para mayores de 75 años? O al peso ¿Juegos Obesolímpicos o Anorexilímpicos?

No es una broma. Se trata simplemente de la reducción al absurdo para mostrar un hecho sencillo: Todos, absolutamente todos, tenemos carencias y tenemos que elegir entre vivir girando alrededor de ellas o tratar de superarlas lo mejor posible.

Me pregunto en cuál de las dos direcciones van grandes fastos del estilo de los Juegos Paralímpicos aunque me sospecho que se acercan más a la primera. Se supone que la normalización persigue que nadie tenga que vivir en una especie de “gettho” donde su vida se organice alrededor de la carencia física pero, cuando comenzamos a hacer competiciones ajustadas a esas carencias físicas ¿estamos contribuyendo a la normalización o estamos generando “microgetthos” en función de las carencias?

Una persona con prótesis en las piernas o con una silla de ruedas puede correr y otra invidente también pero ¿deben correr en la misma carrera o deben ser carreras distintas? Cuanto más vayamos fragmentando más vamos cayendo en aquello de lo que se huía que era precisamente la exclusión.

Me parece perfectamente legítimo, por poner un mero ejemplo, que alguien que vaya en silla de ruedas quiera jugar al baloncesto y encuentre otros con igual situación y puedan formar equipos y campeonatos. Sin embargo, cuando se organizan grandes eventos mimetizando hasta el último detalle otros realizados donde los protagonistas no tenían carencias físicas relevantes para su actividad deportiva, es muy fácil caer en la parodia.

La onda políticamente correcta alabará el espíritu de superación y demás pero, con mucha frecuencia, al hacerlo estarán haciendo gala del pensamiento icónico al que me refería y que les impide plantearse si estos eventos van en la dirección correcta o no, entendiendo como correcta aquélla que facilita la máxima integración. En otros casos, simplemente estarán mostrando una buena dosis de hipocresía.

 

 

Anuncios

  1. juananruiz

    Hola José, hace tiempo que no pasaba por tu blog y me alegra volver a leerte. Me he leído el artículo del tirón mientras iba diciendo “sí” a todo con la cabeza. Pero al acabar he pensado: bueno, y una vez montado este “pifostio” ¿merece la pena intentar desmontarlo o lo dejamos así? Imagino que todos esos atletas “disminuidos” deben estar encantados con participar en un evento tan grandioso que supongo les reportará motivación, algo de dinero y menos de fama.
    Un saludo, seguiré pensando más despacio y si se me ocurre algo te cuento. Aprovecho para “menear” el artículo, me ha gustado mucho y merece la pena hacer reflexionar a más gente

  2. Pingback: Juegos Paralímpicos ¿camino de integración o profundización en la exclusión?

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s