Productividad y tiempo pasado en el trabajo

Hace un tiempo, alguien se molestó en sacar datos sobre cuáles eran los países donde la gente pasaba más horas en el trabajo. Los resultados fueron sorprendentes porque los dos países con mayor cantidad de tiempo pasado en la oficina no estaban precisamente en primera línea de productividad: Brasil y España.

Parkinson contaba, como una característica fundamental del trabajo, que ocupa todo el tiempo disponible para su desarrollo, es decir, que a más tiempo disponible no se hacen más cosas sino las mismas en más tiempo o, dicho de otro modo, disminuyendo la productividad.

¿Por qué ocurre esto? Empecemos por la existencia de un equívoco en el lenguaje. Cuando alguien habla de “dedicación” e incluso utiliza este factor en evaluaciones de rendimiento, no nos engañemos: El uso de la palabra dedicación es perverso y suele referirse, ni más ni menos, al tiempo que alguien pasa en el trabajo y a su disponibilidad para pasar más horas de las marcadas por la jornada laboral.

Si esto se prima, no tiene nada extraño que acaba dándose una especie de competencia donde salir antes que el jefe es anatema. Sin embargo, es posible que haya algo más: Parkinson, en su ley, vio bastante claramente que la productividad no es directamente proporcional al tiempo consumido en el trabajo pero su medición fue de tipo cuantitativo dejando escapar una dimensión cualitativa de gran interés.

En un experimento clásico en psicología, se consiguió inducir estrés en monos con sus enfermedades asociadas como, por ejemplo, úlceras. En el experimento, tenían dos monos; a uno de ellos le podían dar una descarga eléctrica sin que éste tuviera posibilidad de evitarlo mientras que al otro le daban una posibilidad que unas veces funcionaba y otras, haciendo lo mismo, recibía igualmente la descarga.

¿Se adivina cuál desarrolló estrés y sus consecuencias fisiológicas? Premio; el segundo. El mono que estaba en una posición que podríamos denominar “semicontrol” era el que desarrollaba estrés y, por cierto, esa situación de “semicontrol” es muy semejante a la que se sufre en muchos tipos de trabajo.

La comparación puede ser molesta para algunos pero eso es exactamente lo que hace a muchas personas desarrollar también estrés pero hay una forma de disminuirlo. Si nuestro tipo de trabajo está sujeto a contingencias fuera de nuestro control pero no fuera de nuestra responsabilidad -cosa frecuente en posiciones altas o en otras que, no siéndolo tanto, están en organizaciones que funcionan mal- una forma de escape es la “dedicación”.

Si las cosas salen bien, se atribuirán a la “dedicación”; si salen mal, se le quitará hierro al asunto porque la “dedicación” mostrada deja en evidencia que se ha hecho todo lo posible para que las cosas funcionasen bien.

Se dice que un directivo puede estar en su despacho el tiempo que le dé la gana porque lo que importa es que consiga resultados. Falso. El directivo sabe muy bien que en su trabajo hay numerosas contingencias que pueden hacer que las cosas salgan bien o mal con independencia de su acción (y, si no lo sabe y cree que todo lo bueno o malo que pase es cosa suya, es que es tonto y no debía estar ahí) y tenderá a proveerse de “dedicación” como una especie de póliza de seguro por si las cosas salen mal.

Hay aún otro tocomocho relacionado con la “dedicación” y es cuando ésta se considera uno de los elementos componentes de la “profesionalidad”. Como somos muy profesionales, dedicamos el tiempo que haga falta para que salgan las cosas y, de esta manera, permitimos que caigan sobre nuestras costillas situaciones donde hay una carencia deliberada de personal con el consiguiente ahorro de costes. 

No creo que sea para enorgullecerse el tiempo pasado en el puesto de trabajo, especialmente, si ese tiempo acaba siendo la auténtica unidad por la que alguien es medido muy por encima de los resultados que se consiguen.

La “dedicación”, entendida como tiempo de permanencia en el puesto, es una trampa de la que deben huir tanto empresarios como trabajadores. Valórese lo que importa, es decir, los resultados porque, si lo que se valora es la “dedicación”, o la empresa está mal organizada o está funcionando con menos plantilla de la que necesita.

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