El modelo del cono

Cuando en España existía el servicio militar, se decía que era mejor tener un enchufe con un cabo primero cercano que con un general que estuviera muy lejos. Quien decía esto, sin saberlo, estaba aludiendo a algo que fue formalizado después expresándolo en forma de cono.

A la hora de calibrar la relevancia real de alguien en una organización, había dos maneras de medirla: O bien por su altura dentro del cono o bien por la cercanía al eje del mismo cono; así, podían darse situaciones engañosas. La propia forma hace que alguien que esté muy alto tenga que estar cerca del centro pero, a medida que vamos bajando, podemos ver que hay personas que, teniendo una posición formalmente más baja, son más relevantes que otras.

Este mismo fenómeno lo podemos observar a propósito de lo que está ocurriendo hoy en el principal partido de la oposición en España. Tras la derrota electoral, su máximo dirigente, Rajoy, decidió que tenía que renovar el partido y, ante la línea que llevaban esas renovaciones, sus dos principales apoyos en la pasada legislatura, Acebes y Zaplana, decidieron abandonar. Parece que Rajoy aplicó la doctrina de a enemigo que huye, puente de plata y, a pesar del indudable peso de los dos fugados en la organización, no parece que su abandono le representase descalabro alguno.

Sin embargo, después han venido otros dos abandonos que, organizativamente, parecen ser mucho menos importantes: Una dirigente regional que nunca ganó una elección y un militante de base y, sin embargo, si quien esto escribe no está muy equivocado, son precisamente esos abandonos los que van a cobrarse la cabeza del líder del partido.

La dirigente regional, María San Gil, se había convertido en un valor simbólico al suceder en su posición en el partido a su jefe, quien fue asesinado por un pistolero de ETA delante de sus ojos. Todo el que fuera partidario de una política de dureza frente al terrorismo, fuera cual fuera su adscripción política, encontraba que había varias referencias -no siempre del mismo partido- y ésta era una de ellas. Ese valor simbólico (la centralidad en el cono) le daba mucha más relevancia que los votos que pudiera estar arrastrando y su abandono ha sido una señal para muchos votantes y simpatizantes. Primer tropezón importante.

Uno de los que recogieron esa señal fue un militante de base, Ortega Lara, quien tiene en su haber el record de tiempo secuestrado por ETA en unas condiciones absolutamente infrahumanas. Nuevamente, alguien que, desde un punto de vista formal, tiene una mínima representatividad en la organización pero es el valor simbólico el que le sitúa en el eje mismo del cono. Segundo tropezón o prolongación del primero, según se mire.

Suárez, el primer presidente democrático tras la dictadura franquista, reflejó la situación que se encontró con una bonita metáfora: Hemos tenido que cambiar las cañerías sin cortar el agua. Parece que aquí no se ha tenido esa habilidad.

Los números de las encuestas, al parecer, les decían que, si cambiaban de línea, podían perder algunos votantes pero ganar muchos más y, haciendo gala de una extrema mala memoria sobre lo que otras veces les han dicho sus encuestas y sus encuestadores y lo que ha pasado después, se han lanzado por ese camino pero, al hacerlo, han olvidado que además tienen que gestionar una organización interna, organización en la que el modelo del cono se ha puesto de manifiesto de una forma clarísima.

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