Punto sin retorno

La política española actual está viviendo una época de gran interés aunque, al mismo tiempo, tiene una parte triste y es el hecho de que muchos vemos cada vez más cercano el final de una de las naciones más antiguas de Europa.

La derecha y la izquierda se han equivocado de adversario. Al fin y al cabo, aunque cualquier extremista de cualquiera de los dos lados lo negaría, una derecha liberal tiene unos planteamientos perfectamente aceptables -y a menudo asimilados- desde la izquierda y viceversa. No es ése el principal problema.

Zapatero no se ha aplicado el viejo dicho de “los experimentos con gaseosa” y ha abierto de par en par una puerta que Suárez, en un error histórico, había dejado entreabierta y se trata de las concesiones a los nacionalistas como una forma de mantenerse en el poder. Sus predecesores habían hecho también bastantes equilibrios en ese terreno pero ninguno había llevado las cosas al nivel de Zapatero.

Con un estatuto catalán que, siendo claramente inconstitucional desde su preámbulo, va a ser aceptado por el Tribunal Constitucional gracias al sistema de “voto por ganaderías” de los jueces, con un referendum de autodeterminación convocado en el País Vasco y con situaciones como una persecución abierta de la lengua común en Baleares y, en menor medida, en Galicia ¿qué es lo que queda de común en la vieja España?

La verdad es que muy poco. Es cierto que la soberanía sobre todo el territorio corresponde a todos los españoles y no sólo a los habitantes de una parte específica que se quiera independizar. Sin embargo, paradójicamente, ése ha pasado a ser un tema menor.

Muchos años de cesiones ante los nacionalistas de distinto tipo, cesiones llevadas al extremo con el Gobierno actual, están produciendo un efecto: Los no nacionalistas están aceptando el órdago y cada vez se oyen con más frecuencia comentarios del tipo “¿Quieren irse? Que se vayan”.

Las balanzas fiscales reclamadas desde algunos partidos nacionalistas son ahora, después de que se les ha dado todo lo que pidieron poniendo en seria cuestión la idea de igualdad entre todos los ciudadanos, una amenaza en su contra.

El referendum con que se ha amenazado desde el País Vasco es ilegal por el simple hecho de que la decisión sobre el País Vasco como sobre cualquier otra zona española no les corresponde en exclusiva a sus habitantes sino a todos. Sin embargo, podría muy bien sustituirse por un referendum legal, dirigido a todos los españoles. A estas alturas del partido, es muy probable que consiguieran el objetivo que proclaman y además de modo legal, es decir, que una mayoría de españoles votase por una segregación del País Vasco.

Hace unos días, Albert Boadella decía que se había cansado de pelear con los nacionalistas catalanes, parecidos a los vascos aunque con la salvedad importante de no apoyarse en una banda de asesinos, y que se había roto un vínculo muy difícil de rehacer. Creo que Boadella tenía razón en su análisis. El vínculo está roto y, cuando eso ocurre, se rompe desde las dos partes. Los que han estirado de la cuerda hasta más allá del límite se acaban quedando con su trozo roto. Que les aproveche.

En cuanto a su maestro de ceremonias, Zapatero, si en algún momento tiene un funeral de Estado como tuvo ayer su predecesor en el puesto Calvo-Sotelo, con seguridad, lo que tendrá es un “funeral de Estadito” ya que será otro Estado más pequeño y en cuya disolución él habrá tenido mucho que ver, creo que más por torpeza o, si se prefiere, por haberse encasillado en una perpetua adolescencia, que por mala voluntad.

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Un Comentario

  1. jlmz

    Creo que el profesor Sanchez Alarcos tiene razón.

    Sin embargo, quiza estoy equivocado, España es España desde mucho antes de que se unieran todos los Reinos de España y, estoy seguro, de que antes o después, eso sí, con enormes sacrificios, aunque los gallegos hablen la lengua de las Cantigas, los catalanes la lengua del Reino de Aragón y los pocos vascos que queden en sus montañas apenas hablen, todos volverán a ser esta madre o madrastra que es España.

    Bien es verdad que no me gustaría vivir y procuraría no hacerlo, en lo que, si se produce lo peor por culpa de todos, quedase de España.

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