Selección y “head-hunting”

Con toda seguridad, si hay un tipo de selección que ocupe al tope de gama dentro de la actividad es el llamado head-hunting, búsqueda de directivos, Executive Search, cazatalentos y de otras diversas formas; en algún momento, se ha llegado incluso a hablar de cazadores de cabezas, denominación con connotaciones siniestras que, después de todo, no es otra cosa que la traducción literal de head-hunting.

Sobre el papel, la aportación de estos consultores va más allá de un dominio de la técnica de selección e implica un conocimiento profundo de su cliente y de las necesidades de su negocio; sólo de esta forma podrá prestarle el mejor asesoramiento posible.

Muchos de ellos, sin embargo, se ven aquejados por problemas típicos del seleccionador de otros segmentos con menos glamour; alguien que manifiesta de forma orgullosa –como algunos han hecho en entrevistas o libros- que ha tomado una decisión sobre el grado de brillo de unos zapatos o sobre la soltura para emitir un latinajo en un momento oportuno o sobre el hecho de añadir sal a la comida antes de probarla o sobre el dudoso gusto del candidato al combinar los colores de la corbata y la camisa no muestra, como cree, una gran capacidad de discriminación sino que prueba que no sabía qué tenía que buscar.

En todo tipo de selección, es necesario establecer un filtro sobre aspectos básicos y, a partir de ahí, no se debe buscar una excusa para eliminar a un candidato sino, muy al contrario, tratar de determinar qué aportaría ese candidato preciso a un puesto.

Si esto es relevante para cualquier puesto, cuando se trata de puestos importantes en la organización lo es mucho más; la conducta –habitual en muchas selecciones- de continuar con un proceso de eliminación buscando motivos cada vez más esotéricos y de interpretación más dudosa conduce a encontrar al candidato que menos desentone, no necesariamente al mejor.

Si la selección de directivos es un servicio de alto nivel y con un pago de alto nivel, es también exigible una calidad de alto nivel y eso pasa por la necesidad de abandonar divismos y presuntas genialidades y centrarse en el valor añadido del candidato.

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