Los herederos de políticos y de empresarios

Son muchas, una mayoría, las empresas donde el heredero del fundador no da la misma talla que éste como empresario y los resultados lo acaban acusando. Algunas son mundialmente conocidas como es el caso de Fiat; otras, aunque menos conocidas en el exterior, nos hacen albergar serias dudas sobre la capacidad del heredero como son los casos de Prisa o Globalia y hay otras, la excepción, donde ha habido auténticas dinastías que se han ido perpetuando y han ido aumentando la herencia recibida, como pueden ser los casos de Ford o de Banco Santander.

No estoy seguro de dónde está el secreto pero sospecho que, como me decía una persona que había vivido en Suiza muchos años, puede estar en un detalle simple y que expresaba así: “En Suiza, los hijos de los ricos no son ricos”; tal vez habría que poner como excepción el hijo adoptivo del barón Thyssen y así va.

En España los hijos de los ricos sí son ricos; en el momento en que el padre ha salido de una situación de precariedad económica,  entiende que su primera obligación es que su hijo tenga todo aquello que él no tuvo y le introduce en una vida de lujos que eliminan toda posibilidad real de aprendizaje. ¿Para qué van a esforzarse si papá ya ha conseguido todo lo que va a necesitar en toda su vida?

Ésta es una de las posibilidades pero tal vez no sea la única ni la peor ya que, al menos, se identifican rápidamente la falta de opciones como, por ejemplo, ocurrió en Fiat con el caso Agnelli donde el “hijísimo” dejó de ser una alternativa de sucesión cuando se vio claro que sus intereses no iban por ahí.

En otros casos es más difícil de identificar. El heredero adopta una pose de gravedad asumiendo los elementos externos del padre pero sin que haya nada más debajo; hace años, conocí a una presunta heredera de un imperio empresarial y me llamó la atención el hecho de que jamás la vi reirse y, cuando intentaba sonreir, lo que le salía era una especie de mueca sardónica…claro, era muy seria y no se podía permitir ese tipo de lujos.

Éste es un tipo más peligroso de heredero ya que los elementos externos pueden engañar al que toma la decisión para encontrar que, una vez desaparecida la muleta de papá, no es capaz de funcionar autónomamente; funcionan mientras están conectados a la corriente “papi” pero no tienen autonomía para funcionar por sí solos.

En el terreno de la política, se nos reproducen punto por punto estos mismos fenómenos. Quizás el primer caso a poner bajo la lupa es el del heredero de la Corona que, obviamente, ha pasado por unos avatares muy distintos a los de su padre.

Cuando se nos dice que ha recibido una formación espléndida porque toda ella iba encaminada al hecho de que un día sería el Rey, surge una pregunta elemental: ¿Cuál es el concepto de igualdad que puede tener una persona que haya recibido ese modelo de educación? Podrá hablar diecisiete idiomas y conocer los elementos básicos de todas las disciplinas militares, de economía, de derecho y de no sé cuántas cosas más. ¿Podrá alguna vez mirar como un igual a otro ciudadano? 

De Fernando VII, el más imbécil y el más nefasto de los Borbones que hasta ahora han reinado en España, se decía que en un momento le preguntó a su padre cómo una mujer iba a preferir a otro hombre antes que al Rey en referencia a la relación entre María Luisa de Parma -véanse los cuadros de Goya para apreciar el bellezón http://www.espanolsinfronteras.com/imágenes/Índice%20de%20Biografías%20-%20Francisco%20de%20Goya%20-%20La%20Reina%20María%20Luisa.jpg– y Godoy. Su padre, al parecer, se limitó a contestarle: “Hijo mío, qué tonto eres”.

Lo era, ciertamente, pero ¿era tan extraño que pensase así siendo que sabía que iba a reinar aunque, como mostró más tarde, no tuviera ningún mérito para ello? La formación militar, económica, jurídica, etc. ¿es suficiente o es un barniz que no hace más que reflejar el hecho de que uno es diferente -y superior- por razón de nacimiento? Con esto vuelvo a la pregunta inicial: ¿Qué concepto de igualdad puede tener alguien que ha sido criado como heredero?

En otros niveles de la política también se nos presentan las dificultades de tener un heredero adecuado. Cuando Fraga era el líder de la derecha en España, tuvo como su particular factótum a Jorge Verstrynge, miembro de su partido reconvertido desde la extrema derecha y que, tras un periodo como personaje de las revistas del corazón gracias a las aventuras de su mujer, empezó a derivar hacia la izquierda consiguiendo el padrinazgo de Alfonso Guerra, quien le intentó introducir en el PSOE y, tras unos cuantos tumbos, ha acabado ejerciendo como asesor militar de Hugo Chávez.¡No está mal!

Su sucesor a título de escudero de Fraga no fue otro que Alberto Ruiz-Gallardón llevado a la política por obra y gracia de su papá, José María Ruiz-Gallardón, y cuya profesión actual en la política podría definirse como “sus conspiraciones”. Gallardón recuerda a un personaje de los tebeos, Iznogud el infame, que constantemente repetía su mantra “quiero ser califa en lugar del califa”, se pasaba la vida conspirando y todo le salía mal. ¿Otro heredero malogrado?

Quizás muchos presuntos herederos harían bien actuando como Francisco Álvarez Cascos, nuestro Sarkozy particular tanto por su hiperactividad por debajo de la cintura como porque nunca tuvo miedo de decir las cosas como las pensaba. Cuando Aznar se retiró de la política, él hizo lo mismo y lo justificó señalando que él entró en la política en un equipo y, cuando ese equipo desapareció, entendía que lo correcto era que él, como miembro del equipo, también lo hiciera. ¿Habría sido un buen heredero? Capacidad de gestión no le faltaba pero no puede saberse.

Cuando vamos a lo que ocurrió en los dos grandes partidos al designar candidatos a la presidencia, nos encontramos con dos modelos tan malos que es difícil decidir cuál de los dos es peor:

Supuestamente, el modelo del PSOE basado en unas primarias era más democrático pero, en realidad, nos dieron una exhibición de todo lo que no debe ser la democracia. Cuando apareció Borrell como candidato y no les gustó al grupo entonces en el control, simplemente se lo quitaron de encima. Habría que repasar muy a fondo las hemerotecas para encontrar una sola ocasión en la que el periódico hoy gubernamental, El País, sea el que desvele una corruptela que afecte al Partido Socialista. Pues bien, en este caso ¡oh, sorpresa! ocurrió así y la corruptela afectaba directamente, como no, a Borrell.

Cuando el candidato dimitió y tuvieron que buscar otro, se presentó Bono quien fue visto por muchos como un claro continuador del grupo que estaba alrededor de Felipe González, motivo suficiente para muchos en el PSOE de entonces para el rechazo. Para asegurarse de que salía, procuraron colocarle como oponente a un personaje absolutamente desconocido y gris pero hubo algunos, fundamentalmente Maragall, que vieron en esa situación una oportunidad para hacerse con el poder real en el partido. ¿Consecuencia? El rechazo de muchos a Bono hizo que, aunque sólo fuera por nueve votos, se hiciera con el poder en el partido el personaje gris…no es, desde luego, un modelo de cómo debe funcionar una democracia en un partido.

En el PP, la cosa fue peor si cabe. La decisión se tomó por el dedo justiciero del entonces presidente Aznar. ¿Democracia interna? Ninguna. ¿Criterio? Tal vez menos.

De los entonces tres candidatos a ser designados por el dedo todopoderoso, había dos perfiles mucho más acusados que el tercero. Rodrigo Rato, además de su trayectoria en el área económica del gobierno, tenía una actividad empresarial fuera de la política y un nivel de confianza con Aznar del que, como anécdota, se decía que era el único en el gobierno que le llamaba “Jose”. Tal vez se engañó al creer que esa confianza era suficiente para criticar a Aznar por su apoyo sin fisuras a Estados Unidos en relación con la guerra de Irak y eso pudo costarle el alejamiento del dedo en otra dirección.

Mayor Oreja tenía un perfil muy claro en todo lo referente a la lucha contra el terrorismo que, ciertamente, es un problema importante pero no puede basarse en él toda la política de un país. Probablemente, en este caso el rechazo estaba bastante fundado por ese motivo.

¿Y Rajoy? Claramente, Rajoy era el que tenía un perfil más plano. Bueno como gestor, brillante como parlamentario pero ¿tiene energía propia una vez que le falte el “enchufe papi”? De los otros dos casos no había ninguna duda pero de Rajoy podía haber dudas razonables. ¿Fue elegido porque los elementos externos podían señalarle al poseedor del dedo que era una buena opción o lo fue precisamente porque, si se pensaba que carecía de energía propia, era una buena opción para mantenerse manejando los hilos del poder? En otros términos ¿Rajoy era el Bono o el Zapatero del PP? Para saberlo, habría que estar en la cabeza de Aznar.

En suma, es muy difícil que un gran político o un gran empresario aparezcan como resultado de la crianza. Además de los errores que pueden cometerse en las decisiones, el proceso mismo de crianza introduce a la persona en un ambiente que le dificulta mucho el aprendizaje. El realmente bueno aparece casi por generación espontánea y, cuando desaparece y hay que buscar a otro, sin duda, la mejor solución -al menos en el ámbito de la política- es la democracia pero, sin olvidar nunca lo que dijo Galbraith sobre ella: “La mayor amenaza de la democracia es la ignorancia”. En España, estamos viendo a diario que es así.

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