Absurdos y envenenamientos diversos de la política

Hace ya tiempo, cuando saltó a los medios el tema de las sedaciones irregulares en el hospital Severo Ochoa, comenzó un conjunto de despropósitos y de utilización política.

El hecho comenzó, curiosamente, por una denuncia del Ministerio de Sanidad del que se hizo eco el entonces portavoz de la oposición, Rafael Simancas,  quien comenzó a pedir dimisiones por esta situación; en un plazo especialmente breve, cambió de bando, se puso del lado del médico implicado y comenzó a pedir dimisiones por supuestas o reales represalias contra él.

A partir de ese momento, el hecho de que había un sospechosamente alto número de fallecimientos tras una sedación en Urgencias, sedación no solicitada por el enfermo ni por sus familiares, empezó a ser pasado por alto excepto, por supuesto, por los familiares de los fallecidos.

El asunto vuelve hoy por una sentencia de un tribunal que no encuentra pruebas, puesto que no se hicieron autopsias en su momento, y se introduce en un terreno que no es el suyo al pretender eliminar toda referencia a mala praxis, referencia introducida por el Colegio de Médicos, que ha vuelto a avalar a los peritos que así lo hicieron.

Se pretende, por ello, convertir una situación de falta de pruebas concluyentes por falta de autopsias (no de las actuaciones, que sí las hay, sino de que las muertes fueran resultado directo de dichas actuaciones calificadas como mala praxis por otros médicos) en una situación de inocencia total y fuera de toda sospecha (Véanse por ejemplo las manifestaciones que aparecen en este blog: http://quemeatiendamontes.wordpress.com/ ).

El médico causante de todo este embrollo se encontraba en un puesto de los llamados “de confianza”, es decir, de aquéllos en los que los políticos pueden decidir sobre su nombramiento o cese con o sin causa justificada. Fue cesado en su momento y ahora nos lo tratan de presentar como un mártir pero lo sorprendente es el epígrafe bajo el cual vuelve y es el debate relativo a la eutanasia.

Pongamos las cosas muy claras: Una sedación terminal sin autorización de nadie no se llama eutanasia; se llama asesinato, esté afiliado al partido o sindicato que esté afiliado su artífice y no puede hacerse en nombre de la “humanidad”.

Personalmente, estoy de acuerdo en que cuando una vida deja de tener sentido pueda ser acortada pero nunca podría estar de acuerdo en que esa decisión la tomase un médico por mí o por un familiar mío. Ha habido ya unos cuantos casos de “ángeles de la muerte” procesados y condenados por ese hecho en países con menos complejos que el nuestro sobre lo que es democracia y lo que no lo es. 

 Abrir el debate de la eutanasia aprovechando este asunto, que nada tiene que ver con la eutanasia, es una de las formas más sucias de manipulación política que pueden producirse. Incluso los políticos deberían tener límites que la decencia les impidiera traspasar.

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