Psicología e intrusismo profesional: Una vieja batalla

Desde antes de salir de la Facultad, y hace ahora 25 años de eso, vengo escuchando que hay personas que no tienen la titulación adecuada, es decir, una Licenciatura en Psicología, y asumen funciones que deberían corresponder a un psicólogo. La lista de funciones que deberían corresponder a un psicólogo puede ser de lo más diversa en función de quién haga esta demanda pero puede ir desde echar a los psiquiatras del ámbito de la salud mental teniéndolos como meros auxiliares para recetar medicamentos hasta exigir que todas las posiciones de Recursos Humanos de cualquier organización sean cubiertas por psicólogos y mil cosas más.

25 años después, parece que el tiempo se ha detenido porque sigo escuchando las mismas cosas y creo que sería interesante reflexionar sobre ellas, más allá de una demanda que nadie parece muy dispuesto a escuchar.

Tenemos que partir de un hecho inicial: Los estudios de Psicología pertenecen a ese tipo de conocimientos en que, cuando se sale de una Facultad, no se ha aprendido un oficio. Dicho de otro modo, no se tiene una formación profesional inmediatamente utilizable sino que se tienen las bases para muchas cosas distintas pero ninguna definida.

Con ocasión de los desastrosos resultados del sistema educativo en España, comentaba un sociólogo que hay una clara correlación entre la capacidad de comprensión lectora de los ciudadanos de un país y la productividad de éste pero que, en cambio, esa misma correlación no aparece referida al número de títulos universitarios por cada mil habitantes y productividad. Puede parecer sorprendente pero éste era un asunto que ya había sido denunciado por otros.

La más elaborada de estas denuncias era la de Thomas Sowell cuando comentaba el caso de la India: En el momento en que alguien tenía un título universitario, aunque fueran estudios etnográficos o antropológicos diversos, es decir, le capacitasen o no profesionalmente sus estudios, se veía investido de un derecho a no trabajar en campos ajenos a su título, aunque esos campos tuvieran una gran demanda y su título ninguna. Prefería permanecer desempleado antes que “mancharse las manos” con trabajos que no estaban acordes con su dignidad adquirida con el título académico.

Jean François Revel hace algo parecido en su autobiografía cuando se refiere a su esposa quien, como “era” pintora, consideraba como de pleno derecho ser pagada por pintar con independencia de la demanda de sus cuadros. Contraponía esa actitud a la del escritor que, con mucha frecuencia, se dedica a hacer otras cosas además de su tarea de escritor, en función de sus necesidades.

Estoy seguro de que a muchos psicólogos no les gustará leer esto pero también lo estoy de que, incluso aquéllos a quienes no les guste leerlo, conocen a licenciados en psicología que funcionan con esos mismos principios y esperan que el trabajo “les venga” porque tienen un título en lugar de salir activamente a buscarlo.

Vuelvo al punto inicial: Los estudios de psicología enseñan muchas cosas en embrión pero prácticamente ninguna que se pueda aplicar directamente a la salida de la Facultad, salvo temas tan puramente mecánicos como la corrección de tests o similares. Ese hecho nos obliga a buscar terrenos donde puedan ser aplicables nuestros conocimientos pero, para ello, siempre tenemos que adquirir otros nuevos y complementarios que nos especialicen en un área determinada.

Cuando llegamos ahí, nos surge una pregunta: ¿Qué vale más, el conocimiento genérico adquirido en la Facultad o el conocimiento complementario especializado?

La pregunta es especialmente relevante porque, si lo que añade valor es el conocimiento genérico adquirido en la Facultad, podremos hablar con justicia de intrusismo y exigir que, para habilitarse para determinado ejercicio profesional, se exija la titulación correspondiente en Psicología. Por el contrario, si lo que vale más es el conocimiento complementario, no tendremos ningún derecho a cerrarle el paso a otros profesionales que no procedan del ámbito de la Psicología.

Para poner un ejemplo sencillo, después de mucho tiempo trabajando en el área de Recursos Humanos, puedo decir sin la menor duda que el jefe más competente que he tenido no era psicólogo sino…¡¡ingeniero de caminos!! ¿Sería justo decirle a este personaje que no podía ejercer como Director de Recursos Humanos porque no era psicólogo? No sólo no sería justo sino que sería una forma de hacer un ridículo al que algunos de nuestros colegas gustan de exponerse.

Hay veces que, además de su importancia cuantitativa, el conocimiento específico no puede adquirirse si no se tiene una base determinada y ahí volvemos a la necesidad de que se tengan estudios de determinado tipo. Por ejemplo, es dudoso que en una escuela de ingeniería se enseñen conceptos avanzados de ingeniería nuclear pero, para adquirirlos, es necesario disponer de un sustrato de conocimientos que así lo permita y eso nos lleva de vuelta a la escuela de ingeniería. ¿Cuántas veces ocurre eso en psicología?

La enorme amplitud de los temas en los que se forma un psicólogo es un arma de doble filo: Por un lado, nos capacita para entrar en una gran diversidad de terrenos una vez adquirida la formación complementaria pero, por otro lado, son muy pocos los terrenos que podemos reclamar legítimamente como propios.

Hace poco, escuchaba las quejas de algunos pilotos en el sentido de que había psicólogos impartiendo cursos de CRM (Crew Resource Management) y jamás habían estado ni habían querido estar en una cabina de vuelo. Lo único que puedo decir es que, si eso es cierto, la queja me parece plenamente justificada. Si pretendemos enseñarle a alguien cuál es el comportamiento correcto en un entorno, nos es EXIGIBLE conocer ese entorno y no podemos alegar que, como tenemos un título que nos acredita como psicólogos, eso nos excusa de adquirir el conocimiento complementario y, a la vez, nos autoriza a alegar intrusismo profesional si hay otros que adquieren y utilizan ese conocimiento.

Las alegaciones de intrusismo están plenamente justificadas en aquellos casos en que el conocimiento complementario no se pueda adquirir si no se tiene una base amplia y, a su vez, la adquisición de esa base amplia exige una titulación en psicología, por ejemplo, para trabajar en el área clínica o para la confección e interpretación de pruebas.

En muchos otros casos, no creo que sea el camino adecuado. Decía Pinillos que el ser humano ha sido arrojado de la naturaleza de forma que lo mismo que le permite mayor flexibilidad y mayor potencial es lo que hace que su desarrollo sea más largo que el de cualquier otro animal y su indefensión al nacimiento o en las etapas tempranas de la vida mucho mayor.

Algo parecido ocurre con la psicología; salimos con mucho potencial pero, si no los más indefensos profesionalmente, estamos entre los que más. Empeñarse en vallar el campo y reclamarlo como propio sirve de muy poco excepto en los casos ya mencionados que así lo justifiquen. Adquirir conocimientos complementarios en los terrenos en que queramos trabajar y usar nuestra base de conocimientos como un elemento diferencial es el auténtico camino.

Más que intentar acotar un terreno como propio, el secreto está en demostrar qué cosas podemos hacer en ese terreno que otros no pueden. Si lo conseguimos, no hará falta alegar intrusismo profesional porque seremos demandados y, si no lo conseguimos, esa alegación no nos va a llevar a ninguna parte. A lo mejor tenemos que plantearnos también si los programas y los profesores universitarios son los más adecuados pero ésta es otra guerra que daría para mucho.

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