Leyes electorales y lugares comunes

Creo que nos hemos acostumbrado todos a la idea de minorías sobrerrepresentadas por efecto de la ley D’Hont y esa costumbre nos ha privado de plantearnos algunas cosas que no son exactamente como parecen o como nos las cuentan.

Ayer leía un blog que hacía un análisis sumamente simple; siento haber perdido la referencia pero he recuperado este otro http://www.readyfortomorrow.com/2007/09/03/el-sistema-electoral-en-espana-y-la-exclusion-de-las-minorias/ que permite reproducir el mismo tipo de cálculos.

Si sumamos los votos emitidos y los dividimos por 350 escaños, obtendríamos algo que podríamos llamar “valor teórico del escaño” y cuando dividamos el número de votos obtenidos por un partido concreto por ese “valor teórico del escaño” podremos ver si el partido ha salido favorecido o perjudicado comparando la cifra de la división con los escaños que realmente tiene.

Pues bien, si se hace esa operación encontraremos que los grandes beneficiados respecto del “valor teórico del escaño” son el PP, el PSOE y en menor medida el PNV y, al mismo tiempo, el gran perjudicado es IU mientras las minorías nacionalistas salen más o menos cercanas al “valor teórico”.

Cuando se dice que las minorías nacionalistas salen muy favorecidas por la concentración de su voto se dice una verdad a medias. Podríamos decir, y eso sí sería cierto, que si el número de votos obtenidos se hubiera repartido por toda España en lugar de estar concentrados geográficamente, probablemente no habrían obtenido ni un solo escaño pero no hay una sobrerrepresentación real en relación con el valor teórico, es decir, con la idea sencilla de “cuántos votos cuesta un escaño”.

Ésta es la situación pero hay otra parte no analizada por los meros números: La representación política nacionalista es un fraude de ley y lo es porque se supone que TODOS los diputados representan a TODOS los españoles y no sólo a los que los han votado. En el momento en que un partido nace con voluntad de conseguir privilegios para unos a costa de otros, está incurriendo en un claro fraude de ley.

Si un partido representa a un colectivo concreto y hace dejación, o está claramente en contra, de su obligación de representar a todos los españoles, incluidos aquéllos que no lo han votado, estará utilizando en su favor una ley electoral para conformar un lobby en contra de los intereses generales. Si ese partido se presenta sólo en una zona y renuncia a presentarse en otras porque no conseguiría un solo voto, como mostró la famosa “operación Roca”, está jugando sucio y eso es lo que explica que países con una credencial democrática como la alemana simplemente los prohíban.

Lo uno no quita lo otro; una simple operación aritmética muestra que los principales beneficiados del sistema electoral son precisamente los grandes partidos y no las minorías concentradas. Dicho esto, la legitimidad de minorías que no ejercen su papel de representación de todo el cuerpo electoral es, como mínimo, cuestionable y ahí es donde habría que entrar y no hacer juegos malabares con los números ni difundir ideas como la cacareada “sobrerrepresentación”. 

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