Detectores y avisadores de radar y su utilidad: Información para legos (Actualización a junio 2010)

No hay en este momento en España GPS o PDA que se precien que no anuncien la inclusión en su software de una base de datos con las posiciones de los radares. Este uso es perfectamente legal e incluso hay dispositivos específicos que, dotados de una antena GPS, avisan de la proximidad de radares fijos y permiten almacenar posiciones de usuario.

Naturalmente, estos dispositivos legales tienen tres problemas:

  1. Si la base de datos no está totalmente actualizada, cosa en la que pueden contribuir los usuarios subiendo a Internet los sitios que no están registrados, nos podemos “comer” un radar sin que el dispositivo nos avise.
  2. Cuando se trata de un radar situado en un vehículo, tanto si éste está parado como si está en movimiento, el dispositivo no avisará salvo que el vehículo radar se encuentre estacionado en un sitio donde está con mucha frecuencia y ese punto se haya registrado como lugar de posible radar.
  3. Si el radar está situado en un punto sin cobertura GPS, por ejemplo en un túnel o en una zona de ciudad que no tenga la necesaria cobertura, el dispositivo no avisará. Este último problema será evitado dentro de poco ya que algunos fabricantes empiezan a trabajar con dispositivos de navegación inercial que permiten, en ausencia de señal, calcular la posición del vehículo y actuar a todos los efectos como si realmente hubiera cobertura como, por ejemplo, las últimas generaciones de TomTom.

Estos son los puntos flacos de los avisadores que pueden invitar a algunos a optar por los detectores que se encuentran en una especie de limbo legal después de las últimas modificaciones, aunque con la voluntad expresada por Tráfico de prohibirlos. Éstos, aparte de su situación legal tras un olvido en su regulación, tienen además algunos puntos flacos a considerar:

  1. El primero y más obvio es el derivado de su propia situación de alegalidad y la posible sanción en caso de ser visto por los agentes de tráfico.
  2. El dispositivo puede dar una gran cantidad de falsas alarmas, especialmente en presencia de antenas de telefonía móvil o de puertas automáticas como las existentes en cualquier gasolinera y, a pesar de ello, salvo que se haya sido muy cuidadoso al escoger el modelo puede no captar algunos de los tipos de onda utilizados por los radares.
  3. Suponiendo que todo funcione bien, es decir, que el detector detecte los radares, su usuario encontrará que el tiempo de aviso es muy escaso porque la potencia de emisión de los radares en España es muy baja. Prácticamente está avisando en el mismo momento en que el radar está apuntando a su vehículo. Si esto lo unimos a las falsas alarmas, nos encontraremos con que una alarma requiere una respuesta inmediata pero, al mismo tiempo, la alarma podría ser falsa. Cuando se trata de una carretera concurrida, el dispositivo puede captar rebotes de ondas sobre otros vehículos o sobre guardarraíles, etc. minimizando ese efecto pero no se puede confiar en ello.
  4. Por último, existen algunos radares que no pueden ser detectados por un detector como, por ejemplo, los medidores de tramo. En rigor, ni siquiera deberíamos llamarlos radares porque son instrumentos pasivos, es decir, no emiten ondas que puedan ser captadas por ningún dispositivo y la única defensa frente a éstos es el avisador GPS.
  5. En sentido contrario, una magnífica solución frente a los dispositivos láser es la que constituyen algunos sensores de aparcamiento que son perfectamente legales y que, sin embargo, tienen el curioso efecto secundario de estorbar la actuación de los sistemas basados en láser.

Ésta es la situación; es una curiosa batalla tecnológica que los conductores tenemos perdida salvo que demostremos nuestro espíritu cívico subiendo a Internet las posiciones de radar observadas para que sean incluidas en las bases de datos de los dispositivos con GPS.

Muchos conductores llevan hoy  “contramedidas electrónicas” al estilo de los aviones de combate o de los inhibidores de frecuencias y donde los detectores no sean sólo eso sino que activamente perturben las emisiones dirigidas hacia el vehículo. Éstos son los que se han tomado más cuidado de prohibir con multas y pérdidas de puntos espectaculares y, por añadidura, son detectables puesto que, para actuar, no basta con que sean receptores sino que tienen que ser también emisores. En algunos lugares tienen controles específicos para detectar la emisión de la onda que perturbaría el radar y, una vez que se pasa por delante del vehículo con el detector, por bien escondido que esté el sistema, la patrulla que detiene al coche con la instalación sabe con seguridad que está ahí.

En cualquier caso, seguramente lo más razonable es presionar hacia el sentido común, sentido común que empezaría por exigir límites de velocidad acordes con las capacidades de las vías y de los vehículos actuales y señalizaciones correctas, incluyendo las correspondientes a las obras que sistemáticamente están mal señalizadas. Parece que, hoy por hoy, teniendo en cuenta que Tráfico ha pasado a ser a efectos prácticos una dependencia de Hacienda no se va en ese sentido sino justamente en el contrario: Eliminar las tolerancias que antes permitían que con un límite de 120 se pudiera circular hasta 131 kms./h. reales porque la desviación permitida de los velocímetros del vehículo y del radar se sumaban en favor del conductor. Ahora, a 121 kms./h. los dispositivos fijos pueden multar dejando la duda sobre cómo es posible que, estando dentro de la norma, un vehículo pueda circular con un velocímetro que marque hasta un 5% inferior a la velocidad real. Cierto que en la práctica totalidad de los fabricantes, los velocímetros marcan más velocidad de la real pero en algunos modelos -especialmente en los de origen alemán- la diferencia es tan mínima que una alteración en la presión de inflado de neumáticos podría ser suficiente para que empezase a marcar de menos yendo dentro de los límites legales. En otras palabras ¿cómo es posible que se pueda multar a un vehículo que circula a 121 kms./h. cuando el vehículo, conforme a la norma vigente, podría ir circulando a 126 kms./h. con su velocímetro marcando 120 kms./h.?

Cuando se consiga que Tráfico funcione con normas ajenas a las meramente recaudatorias, podremos decir que quien la haga, la pague incluido cuando sea el director general de Tráfico como ha ocurrido hace poco. Hasta que eso ocurra, lo que tenemos es, ante todo, un instrumento recaudador aplicado a aquéllos que son pillados rompiendo una norma absurda o, en algunos casos, incluso sin romperla.

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