Mundo sin fin (Segunda parte de “Los pilares de la tierra” de Ken Follett)

Han anunciado que lo van a traducir próximamente pero no podía esperar. Al igual que me ocurrió con el último de Harry Potter, me metí entre pecho y espalda las 1.100 páginas del libro en un tiempo-record y es que el libro engancha.

Follett nos vuelve a obsequiar con otro espléndido relato sobre cómo era la vida en la Inglaterra medieval aunque, en este caso, nos haga algunas escapadas breves a Francia y a Florencia. La historia sigue transcurriendo en Kingsbridge donde los protagonistas iniciales han muerto hace dos generaciones y se trata de los continuadores.

Lo primero que hay que decir es que, sin duda, vale la pena leerlo y que no desmerecería del original si no existiera el original. Esto último puede ser un poco más difícil de explicar pero lo intentaré:

Follett ha jugado sobre seguro. Ha pensado en cuáles fueron los factores de éxito de “Los pilares de la tierra” y ha tratado de reproducirlos punto por punto en la segunda parte. Si no se ha leído la primera parte, esto no se nota y no hay nada que reprocharle al libro. Si, como probablemente ocurrirá a la mayoría de los que lean la segunda parte, han leído la primera, van a encontrar algunas notas repetidas:

El lector de la primera parte recordará a los dos hermanos, uno malvado y brutal y el otro más delicado y genial…pues bien, en la segunda parte, también se repiten los perfiles de los personajes y también son hermanos. Recordará también a la mujer que vivía en el bosque y a la que acusaban de bruja…pues también aparece el tipo. También recordará al personaje de Aliena como noble, esforzado y poco convencional…y también aparece el mismo perfil aunque le cambie el nombre a Caris.

En cuanto a los clérigos de Kingsbridge, los perfiles que aparecen recuerdan bastante a “La araña negra” de Blasco Ibáñez donde se reparten los papeles entre el malvado, ambicioso y con encanto y el manipulador crudo y capaz de detectar y explotar las debilidades de cada uno.

El otro asunto a reprocharle al nuevo libro es su tendencia a descubrir las cartas antes de tiempo. Una información fuera de contexto puede desconcertar pero, cuando unas páginas más adelante, se encuentra utilizada, la cosa se explica. Cuando esta pauta se repite, la información descontextualizada le indica al lector por dónde van a atacar los malos. Un ejemplo: En un juicio por brujería, se busca en el cuerpo de una mujer la marca del diablo y se la encuentran; más tarde, cuando dos de los actores principales del libro se encuentran en pleno juego amoroso, él le dice a ella que si descubrieran determinada marca, podría ser acusada de bruja. En ese momento, después de que esa pauta ya se ha repetido varias veces, el lector SABE que en algún momento la van a acusar de bruja, como así sucede en efecto. 

En suma, vale la pena a pesar de estas pequeñas pegas, la primera de las cuales no podrá percibir alguien que no haya leído la primera parte.

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