Basic Economics: A Common Sense Guide to the Economy (Thomas Sowell)

Magistral. Este libro podría, con justicia, considerarse el credo de la economía liberal.

Sowell tiene otros libros sobre distintos temas pero puede decirse que todos ellos tienen aquí su raíz, lo mismo si hablan de conocimiento y de decisiones, de raza o de la izquierda “progre”.

Cuando Sowell habla de economía, no está hablando de finanzas sino que trata de responder a la pregunta de qué se está primando con una determinada acción y qué consecuencias se siguen de ello. Por eso, va mucho más allá de lo que habitualmente se considera que entra dentro de la macro o microeconomía. Es otra cosa.

Por supuesto, Sowell es partidario de la libertad de precios siempre que esta libertad no se produzca en un entorno de monopolio, bendecido por las normas o de carácter fáctico. En ese entorno, los precios representarían el papel del mensajero que está informando a todos acerca de la escasez relativa de algo y animando o no a nuevos entrantes.

Un ejemplo muy bien utilizado es el del petróleo. Para Sowell, una de las grandes falacias es considerar que hay una cantidad fija de algo prescindiendo del precio. Así, comenta el caso de pozos de petróleo especialmente difíciles o caros de explotar que no son rentables por debajo de un precio pero que, cuando el precio sube, se ponen en explotación haciendo variar las reservas cuantificadas.

Hay dos falacias a las que dedica especial atención: La de la composición y la de la suma-cero. La de la composición se refiere a extender algo, generalmente muy visible, a todo el entorno.

El ejemplo que utiliza es el caso de una gran empresa que despide a personal y cómo esto puede ser visto como “aumento del desempleo” mientras que, paralelamente, un Gobierno podría verse tentado a intervenir para salvar esos puestos de trabajo y con su acción evitar la entrada de nuevas inversiones. En el caso español, tenemos recientes situaciones como la de Delphi o empresas que han cerrado en la zona de Cataluña con gran escándalo de los políticos que han pensado penalizar a los que huyen. Es posible que puedan hacerlo pero, en tal caso, esa penalización podría llevar a otros potenciales inversores a llevarse su inversión para otro sitio.

La falacia de la suma-cero se refiere a la teórica existencia de un volumen específico de algo que hay que repartir de la manera más justa posible. En estos repartos, utilizando mecanismos como precios controlados, etc. se acaban creando incentivos y desincentivos que pueden provocar un efecto de rebote y conseguir justamente lo contrario de lo que pretendían.

Vinculado con esto, Sowell trata de diferenciar cuidadosamente entre las intenciones y los efectos. Una buena intención que lleva detrás un conocimiento deficiente sobre cómo funcionan realmente las cosas puede dar lugar a una situación peor que la que trata de arreglar.

Cuando trata el funcionamiento de las economías socialistas, Sowell no recurre a conceptos más o menos manidos en la línea de la búsqueda de una mejor distribución o de la sustitución de élites económicas por otras políticas. Simplemente, razona el asunto en términos de carencia de conocimiento: Alguien que tiene que coordinar millones de precios no puede tener ni el conocimiento específico ni la rapidez de respuesta necesarias; si ese alguien no existe y se deja que los precios se controlen por medio de un mecanismo de oferta y demanda, cada uno elige lo que compra de acuerdo con lo que sabe que necesita y las reacciones son muy rápidas.

Sobre la productividad, la idea de Sowell no resulta original y puede leerse en un clásico como la Introducción al estudio del trabajo de la OIT. La productividad es la resultante del trabajo aplicado sobre unos recursos (tecnológicos, organizativos y financieros) y, por ello, un país puede tener trabajadores muy productivos y muy bien pagados si esos recursos están presentes. Naturalmente, lo contrario también es cierto.

Utiliza Sowell como ejemplo el uso de vagones de tren. Un tren de carga que llega de madrugada a una estación queda simplemente apartado para ser descargado al día siguiente si…la mano de obra es cara y hay vagones -es decir, capital- suficiente mientras que, si la mano de obra es barata y hay pocos vagones, se tiene gente para descargarlo de madrugada y poder utilizar nuevamente el tren.

En cuanto a los inventarios, los define simplemente como sustitutos del conocimiento. Cuanta mayor seguridad se tenga en cuanto a las entregas, menos inventario -con el dinero inmovilizado asociado al mismo- hay que tener.

Otro aspecto interesante es el de los mecanismos de decisión y la consideración, cuando la política entra en juego, de algunas valoraciones como absolutas. El ejemplo que utiliza, bastante expresivo, compara a la comida con la música. Normalmente, todos consideraríamos la comida como un valor absoluto frente a la música pero, si así fuera, todos seríamos obesos y a Beethoven le habrían puesto a cultivar patatas. Naturalmente, cuando hay hambre, la música pasa a un lugar secundario pero, una vez que el hambre está saciado y hay un nivel de comida, los términos pueden pasar a invertirse. Estos cambios de posición relativa entre variables son los que a menudo son ignorados en los mecanismos de decisión política.

Otro concepto interesante es el de “coste externo”, es decir, el coste que puede asumir alguien no participante en el juego de oferta y demanda y cómo éste es el terreno en el que se deberían mover los gobiernos. En cuanto al papel del gobierno en una economía liberal, no me resisto a hacer algunas transcripciones literales:

La función más básica del gobierno es proporcionar un marco de ley y orden, dentro del cual la gente puede dedicarse a cualquier actividad que elija, económica o del tipo que sea a través de ajustes y acuerdos mutuos. Hay también algunas actividades que generan costes o beneficios significativos y que no sólo afectan a los individuos que se dedican a ellas. Aquí, el gobierno tiene que tomar nota de esos costes y beneficios donde el mercado no lo haga.

Cuando se refiere al coste de la corrupción, dice lo siguiente:

El coste de la corrupción no se limita a los sobornos recaudados, puesto que éstos representan transferencias internas más que reducciones netas de la riqueza nacional en sí mismas. Puesto que los recursos escasos pueden tener usos alternativos, el coste real son las alternativas perdidas -actividades económicas retrasadas o abortadas, empresas que no se inician, inversiones que no se hacen, el crecimiento de la riqueza y del empleo que no se produce en una sociedad corrupta así como la pérdida de la gente más hábil, mejor formada y más emprendedora que abandona el país.

Sobre la ley y la seguridad jurídica, una simple frase:

Para promover la actividad económica y la prosperidad resultante, las leyes tienen que ser, sobre cualquier otra cosa, confiables.

Sin duda, todos estos conceptos se van a encontrar en el resto de los libros de Sowell que vienen a ser aplicaciones a situaciones específicas.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s