El valor de la resistencia a la presión (Alonso .vs. Hamilton)

Aún recuerdo un partido de tenis, una final de Roland-Garros, entre McEnroe y Lendl donde McEnroe ganó los dos primeros sets y, a pesar de ello, Lendl se impuso ganando tres sets y el partido.

Los entendidos del tenis hablaban de la capacidad física y de la resistencia de Lendl pero había algo mucho más asombroso que todo eso: La capacidad de funcionar bajo presión.

Más recientemente, hemos tenido varios recitales de funcionamiento bajo presión en la Fórmula-1. A estas alturas, no se sabe quién ganará finalmente el campeonato pero sus protagonistas destacan por algo más que por conducir deprisa y es, precisamente, por su capacidad de resistencia a la presión.

Fernando Alonso demostró de lo que era capaz cuando aguantó varias vueltas pegado a su rueda al varias veces campeón del mundo Schumacher sin descentrarse y haciéndose con la carrera. No hace mucho, él mismo actuó como Schumacher corriendo tras su compañero de equipo Hamilton que también le aguantó la embestida.

Las apuestas y las presiones han subido porque ya no solamente son las que se dan en el circuito sino alrededor de él. El feo asunto del espionaje de Ferrari, la preferencia descarada del patrón de McLaren por uno de los pilotos y el enfrentamiento abierto por ese motivo con el otro, dos pilotos rapidísimos con coches idénticos gracias, entre otras cosas, al espionaje en el interior del equipo merced a una negociación poco hábil por parte de Alonso…

¿La salida de pista de Hamilton hay que ponerla en la lista de las “cosas que pasan” o atribuirla a una mala decisión motivada por una presión creciente? ¿En qué situación se encuentra un Alonso que no se fía -con razón- del equipo en el que está que se inclina abiertamente hacia su contrincante? Incluso la propia FIA está ejerciendo como árbitro casero con sus diferencias en el trato a la hora de remolcar un coche según sea pilotado por uno u otro.

Sin duda, la suerte también va a jugar su papel en lo que queda de campeonato pero hay una absoluta igualdad en los vehículos y una virtual igualdad en la capacidad de los pilotos para conducirlos con rapidez.

La resistencia a la presión va a jugar un papel clave aunque es cierto que la presión que sufre uno y otro es de un tipo y de una intensidad distintas: Alonso se encuentra rodeado, no ya de adversarios sino de enemigos. Si, en ese contexto con todo contra él, consigue hacerse con el título, no habrá demostrado ser un gran piloto (eso ya sabemos todos que lo es, al igual que también lo es Hamilton) sino que demostrará ser capaz de sobreponerse a cualquier cosa.

Si es Hamilton quien se lleva el título, inevitablemente quedará ahí la idea de que “así se las ponían a Felipe II”, con su patrón y padrino ayudándole y con la FIA consintiéndole cosas que a otros no le admiten y permitiéndole marcharse de rositas tanto del espionaje de Ferrari como de una conducta cuestionable en la pista.

Sin embargo ¿qué ocurre si Hamilton no se lleva el título? Probablemente asistamos a un rápido desinflado del personaje porque si, con todo a su favor, no es capaz de hacerlo ¿será capaz de resistir en unas circunstancias más adversas, incluso aunque no sean siquiera comparables como las actuales de Alonso? Difícilmente nadie creería ya en Hamilton, ni siquiera el propio Hamilton.

Vale la pena seguir el desarrollo de los acontecimientos. Hace tiempo que esto ha dejado de ser un duelo de tecnología y de caballos en el motor para pasar a serlo de voluntad y, lamentablemente, también de navajazos.

En un libro de Asimov dedicado a divulgar temas científicos, contestaba a la pregunta de “¿Qué ocurre si una fuerza irresistible impacta con un objeto inconmovible?” contestaba, con gran sentido común, que en un universo que existiera una fuera irresistible no podía existir un objeto inconmovible y viceversa. Prácticamente, contestó más en términos del significado de las palabras que en términos científicos.

A todos nos gustaría, en un duelo como el de Alonso y Hamilton, contemplar un choque como el que planteaba el interrogador de Asimov; sin embargo, es de esperar que el final de temporada se cierre con un conjunto de escándalos y reclamaciones sobre asuntos que ya, estando el final más lejos, se han podido ver como, por ejemplo, manejar las paradas en carrera por parte del equipo McLaren-Mercedes de forma que Hamilton no pudiera ser adelantado.

El duelo de voluntades siempre es interesante, no sólo en la Fórmula-1 o en el tenis sino también en el mundo empresarial (véase el caso de Manuel Pizarro y su defensa numantina de Endesa, por ejemplo) pero es frecuente que ese hermoso espectáculo se diluya en la ciénaga del juego sucio, la trampa y el navajazo.

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